La tensión dentro del radicalismo, hoy dividido en tres fracciones, explotó ayer con la renuncia de Roberto Iglesias, presidente del comité nacional. El mendocino se negó a convalidar la pretensión alfonsinista de consagrar a Roberto Lavagna como candidato a presidente. Es una postulación que ni el propio ex ministro termina de definir. Frente a esa postura, aparecen irreconciliables la presión de los gobernadores aliados a Néstor Kirchner y los bonaerenses que quieren llegar a 2007 con candidato propio. Ninguna opción garantiza hoy otra cosa más que rédito sólo para algunos dirigentes. La decisión de Iglesias fue tan sorpresiva que ni Alfonsín, reunido en ese momento con sus generales, estaba alertado. El partido quedó así al borde de su cisma definitivo.
Tan jaqueado dentro del partido que hasta peligraba su candidatura a gobernador de Mendoza, Roberto Iglesias renunció ayer a la presidencia del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical. El diputado no pudo contener la embestida lavagnista de la mesa directiva del radicalismo, la misma que lo había catapultado como el cacique máximo de la UCR, y dio un paso al costado.
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«El desarrollo del diálogo con otras fuerzas políticas se encuentra inconcluso, no así en relación con el licenciado (Roberto) Lavagna, con quien las conversaciones fueron más extensas, habiendo arribado -personalmente- a importantes conclusiones. Atento a ello oportunamente expresé tanto a la Mesa Directiva Federal del Comité Nacional, como a diversos dirigentes de nuestro partido los reparos que de acuerdo con mis convicciones tiene esa propuesta y el error en el cual incurrirá nuestro partido si se concreta dicha alianza», expresa el texto de renuncia presentado por Iglesias.
Para graficar brutalmente la falta de apoyo que sufría Iglesias en el Comité Nacional que sólo formalmente presidía, basta mencionar que en el momento en el que el mendocino difundió su carta de renuncia, los principales referentes de la mesa directiva del partido se encontraban reunidos con Roberto Lavagna.
El jefe del bloque de senadores, Ernesto Sanz, el titular de la bancada de la Cámara de Diputados, Fernando Chironi, el presidente de la Convención Nacional, Adolfo Stubrin, y el legislador chaqueño Angel Rozas tenían agendada ayer una reunión con el ex ministro de Economía de Néstor Kirchner para revitalizar una sociedad política que se encontraba paralizada por el rechazo de Iglesias a pactar con un candidato virtual parido por Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde. No sólo ese encuentro irritaba al ex jefe de los radicales: los emisarios radicales le llevaban a Lavagna la novedad de que aceptarían incluir a Mauricio Macri en el paquete electoral de 2007, siempre que su protagonismo no rebasara los límites de la Capital Federal.
Raúl Alfonsín recibió la noticia en su departamento de la avenida Santa Fe junto a Leopoldo Moreau y sus principales estrategas. Decididos también a incluir a Macri en el proyecto lavagnista, decidieron guardar silencio y se mostraron sorprendidos.
Ahora la conducción del Comité Nacional quedará a cargo del chaqueño Mario Jaraz, hasta ayer vicepresidente del radicalismo y aliado de Rozas. Desde el búnker radical de la calle Alsina definían al flamante conductor de la UCR como un soldado de Rozas que impulsa el diálogo con todos los sectores, incluido Lavagna. Y aseguraban que la entente radical-lavagnista ya no tendría marcha atrás.
«Asumo la presidencia de la UCR y la semana que viene convocaré al pleno del Comité Nacional para tratar la renuncia de Iglesias con la esperanza de poder convencerlo de que se quede», explicó ayer Jaraz a este diario. «Tuvimos una reunión con él donde nos explicó que no quería ser un obstáculo a lo decidido por la convención en Rosario. El tiene una posición tomada respecto a Lavagna y cree que se ha entrometido gente que no lo debería haber hecho», agregó el chaqueño.
Las palabras de Jaraz apuntaban directamente a Sanz, Morales y compañía, quienes se arrogaron el mandato que la convención le dio a Iglesias para negociar acuerdos programático-electorales con otras fuerzas y avanzaron unilateralmente en las conversaciones con Lavagna.
¿Iglesias no delegó el mandato de la convención en Sanz, Morales, Chironi y Stubrin?, le preguntó este diario al nuevo jefe de la UCR. «Iglesias sintió un avasallamiento. El no había delegado el mandato, pero nunca negó el peso específico de estos dirigentes que lo llevaron a presidir el Comité enfrentándose con el alfonsinismo», fue la respuesta de Jaraz. Según relataban en los pasillos del Comité, Iglesias no quiso desautorizar las negociaciones con Lavagna y por eso renunció. Su verdadera apuesta política es la gobernación de Mendoza, distrito -recientemente intervenido- donde mantiene una feroz interna con Julio Cobos. Y para conseguir su objetivo, razonaban, necesita el apoyo de la mesa directiva del partido.
Iglesias expresó por escrito que su rechazo a Lavagna «no ha sido compartido por algunos dirigentes partidarios, quienes decidieron proseguir con las conversaciones en forma paralela, hecho que implica una definida decisión y dirección, y que a mi entender resulta inaceptable».
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