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El columnista hace referencia a algo conocido: la sorpresiva fuerte recuperación en imagen pública del gobernador Felipe Solá al vetar el Presupuesto y oponerse abiertamente al caudillismo trasnochado de Eduardo Duhalde en la provincia. Menciona la hábil estrategia de deducir Solá que el radicalismo bonaerense (pese a ser duhaldista en sus cúpulas vía Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani) no lo apoyaría, esta vez, para lograr los dos tercios para imponerse al veto del gobernador. Debió agregar que ese radicalismo vio ahora que aceptar las partidas de clientelismo político incluidas en el Presupuesto atentaba contra sus propias chances electorales en la elección de octubre próximo.
El comentario refleja algo incuestionable: Eduardo Duhalde tiene imagen agotada, ya cansó hasta a los periodistas y viéndolo en fotos deambular por el mundo escudado para sus gastos de viajes en una ingravitante y dibujada «secretaría del Mercosur» le agrega la idea de estar malgastando dinero público. «Noticias» esta semana hizo una buena acotación sobre el veterano caudillo. Dijo que si en la disputa hay gente gana Solá, pero sólo si se centra la lucha en « aparatos» gana Duhalde.
Hasta que no se conozca el resultado de la próxima elección de octubre, por si surgiera otra figura de peso, el único y pequeño atractivo que puede ofrecer Duhalde para el sector de ciudadanos moderados del país es poder ponerle un límite a las desmesuradas ansias de poder e inclinación al hegemonismo del matrimonio Kirchner. Duhalde sin dinero estatal -que es lo que procuró su gente extraer vía el Presupuesto provincial ahora vetadoqueda borrado de la política porque cansaron sus trapisondas. Si se diluye políticamente le habrá hecho un solo aporte a la historia de la política en la Argentina: trampear las candidaturas, aparte de que tradicionalmente se trampearon los votos, se paga caro. Duhalde trampeó internas para darle la candidatura a Néstor Kirchner, pero eso lo devaluó ante el propio beneficiado. Pero el columnista Blank agrega otro aspecto interesante de la nueva «fortaleza» de Felipe Solá. Es el contraste circunstancial de la «debilidad» de imagen de Néstor Kirchner en estos días «que -dice-encuentra problemas donde no los hay». Reitera un concepto ya expresado en Ambito Financiero como es tornarse inconcebible que el Presidente haya retado a Roberto Lavagna y Guillermo Nielsen -presentador de la magra oferta de canje para salir del default-por haber pronunciado un discurso -uno solo-no agresivo en Italia hacia los bonistas de ese país. ¿Cuando se les aplica a los bonistas una quita de alrededor de 60% -dice el analistaacaso además habría que insultarlos?
Dice del Presidente que «en su afán de mantener dominio absoluto sobre los hechos y las personas le faltó sentido de la oportunidad. El Presidente encuentra problemas donde no los hay». Es lógica la crítica. ¿Acaso un discurso amable de un funcionario hacia quienes les va a pagar menos de la mitad de lo que poseen por derecho va a restarle aceptantes de la oferta de canje? Al contrario con que le agregara 10 ya se justificaría Nielsen. Esa «debilidad» que le atribuye-Blanck al Presidente debe venir desde la niñez y ya se dijo que la disimularía con la agresividad.
FERNANDEZ DIAZ JORGE «La Nación» BUENO.
Este periodista, que cada 15 días suple las vacaciones de Mariano Grondona los domingos, tiene una rara cualidad entre los analistas políticos de diarios (y nula en los televisivos, por ejemplo): hace filosofía política al comentar con buen grado de cultura general. Toma hechos políticos reales (un poco a la manera de Mariano Grondona, pero con menos griegos) y desde allí filosofa, tornándose interesante. De esta semana que pasó se refiere a una declaración periodística de la confusa Cristina Kirchner sobre que en el kirchnerismo «tenemos una visión común» con el socialismo español a la manera como lo modeló durante 14 años Felipe González. «Hay todavía mucha distancia entre Kirchner y González o Rodríguez Zapatero -analiza el columnista de «La Nación»-. Ellos son líderes no culposos del capitalismo mundial, generadores de riqueza, liberales auténticos, demócratas totales y lobbistas de sus empresas». El kirchnerismo hoy ciertamente es incongruente y sobre todo dista del moderno socialismo español (o el chileno por caso) en cuanto a « demócratas totales». Habla Fernández Díaz de «los sueños socialistas verbalizados por Cristina Kirchner en Madrid». Buena frase y luego otra definición contundente de Fernández Díaz: «Los intelectuales 'progresistas' argentinos que merodean la Casa Rosada y que confunden al PSOE español con las canciones de Serrat han escuchado sin entender a Kirchner confesar más de una vez que él es «un gradualista» y que su gran objetivo es demostrar que «el centroizquierda» puede gestionar en la Argentina. «Gestionar» es un verbo que las corrientes progresistas locales no están acostumbradas a conjugar y que les suena a «gerenciamiento», visión « reaccionaria» de la actividad política», concluye. Correcto análisis que el presidente del Banco Central de Brasil en la pujante era Lula, Henrique Meirelles, definió con menos palabras cuando dijo «el manejo de la racionalidad económica no es de derecha ni de izquierda». Y los brasileños la están usando a pleno. El progresismo criollo, efectivamente, nunca entiende que la forma de producción moderna que da bienestar a los pueblos, tanto sea con el socialismo español o el comunismo chino, difieren en matices de encarar la forma capitalista y que Cuba, aún marxista, es el antibienestar. En China hoy están aceptando capital extranjero en las empresas públicas y hasta en los medios de comunicación pero, eso sí, éstos seguirán publicando sólo información consensuada con el Estado, parte que agradaría hoy a la Casa Rosada, si se entera.
LABORDA, FERNANDO «La Nación» REGULAR.
Encara temas diversos pero reitera, lo mismo que el columnista de «Clarín» este domingo, la sorpresa que en nuestro país produjo el reto presidencial al funcionario Nielsen por haber pronunciado un discurso por la televisión italiana pidiendo disculpas lógica a los bonistas por no poder pagarles más por sus bonos en default.
También la amonestación presidencial a Roberto Lavagna, aunque aquí -no lo dice el columnistaestaría un poco más justificada. Habla Laborda del «ríspido estilo Kirchner y el más condescendiente estilo Lavagna». Incursiona en que Aguas Argentinas cambiará de actitud (se explica porque EDELAP, también francesa, de La Plata, consiguió un aumento tarifario, aunque no residencial) y bajaría la confrontación. En el «estilo Kirchner», dada la personalidad del Presidente, el que baja un poco la cabeza gana porque satisface sus tendencias. Y a las empresas les interesa ganar.
Toca Laborda, aunque sin profundizarlo, un tema donde Néstor Kirchner tiene tantos a favor: las empresas de servicios públicos que necesitan invertir ¿lo deben hacer con más dinero que recauden por aumento de tarifas que les autorice el gobierno o deben hacerlo con capital propio o créditos bancarios y luego tendrán aumento de tarifas para recuperarse? Es una cuestión crucial en política administrativa. En la actividad privada no hay duda: se pone capital o se endeuda la empresa en créditos para un negocio y buscará después recuperarse con los precios o variantes de producto. Pero en empresas públicas extranjeras -con apoyo de gobiernos también extranjeros-se suele querer invertir la ecuación: primero denme aumento de tarifas y luego invierto. El Presidente y Julio De Vido se oponen y esto no es «estilo Kirchner» sino militar en una teoría racional, aunque deba admitirse que este gobierno despierte muchas dudas, por sus actitudes permanentes, como para arriesgarse a invertir las privatizadas primero y luego permitir recuperación del mayor capital con tarifas elevadas que le facilitaría el gobierno.
Laborda incluye una noticia alarmante: si se cae en el garrafal error de estatizar la privatizada francesa Aguas Argentinas en su conducción intervendría también junto al gobierno el «sindicato de Obras Sanitarias». Ahí sí que nunca más habría inversiones recuperables con tarifas porque los gremialistas la destrozarían como hicieron con todas las empresas públicas hasta su privatización, destinando 90% o más de sus ingresos a sueldos. Otro dato del columnista Laborda: el Estado argentino no acatará fallos de tribunales internacionales a favor de bonistas que no entren en el canje. Es una utopía. Ningún país resistemuchos años vivir de embargo en embargo de fondos que salgan al exterior, no poder tener cuentas bancarias en las embajadas, no poder sacar de la frontera un avión presidencial, sin que se lo embarguen, no tener inversiones por estar todos los días en la prensa sus disputas financieras. Que lo diga aquel Perú de Alan García o Ecuador, que tuvieron que gastarse pagando juicios.
VERBITSKY, HORACIO «Página/12» PRESCINDIBLE.
Dedica este domingo su columna, de nuevo, a tratar el problema de las cárceles bonaerenses, quejándose de que se le aplicaron sanciones para él leves a quienes denunció el fin de semana pasado. En realidad, la columna se convirtió este domingo en una especie de boletín del Centro de Estudios Legales y Sociales, que preside el propio Verbitsky. Es bastante evidente que el CELS necesita notas de este tipo, que denuncien malos tratos y violaciones a las garantías individuales, si quiere seguir cobrando los caudalosos subsidios internacionales que recibe. Por eso se dedican estas notas de verano, basadas sobre todo en información de segunda mano, y se abandona la política en el comentario habitualmente oficialista de «Página/12».
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