Comentarios políticos de este fin de semana

Política

(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».

Prescindible. El periodista basa su nota más en juicios de valor que en información específica. Sostiene que hay una pelea irresponsable entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, capaz de complicar la gobernabilidad de la Argentina. Y le echa la culpa de esa situación, aunque de manera indirecta, a la oposición por no articularse políticamente. Sobre todo en el caso del radicalismo, cuya diáspora alimenta a otras fuerzas políticas. Después, Van der Kooy acerca algunos datos: 1) Kirchner le echa la culpa a Duhalde de la ruptura por haber hecho una propuesta para él inaceptable a último momento; 2) el Presidente también le reprocha no irse de la política como prometió tantas veces (es un argumento casi pueril, pero favorecido por Duhalde, quien suele cebarse en sus representaciones teatrales); 3) Rafael Bielsa recibió la orden de reemplazar a Duhalde como secretario general del Mercosur (Ambito Financiero informó hace dos semanas que el ex presidente le pidió al canciller que no lo vuelva a postular para un nuevo período en ese cargo); 4) el Congreso no será para Kirchner lo que fue hasta ahora; 5) Lavagna no se irá porque se rompa la alianza política que lo viene sosteniendo (Van der Kooy cita palabras del ministro diciendo: «Me haré cargo de las consecuencias económicas que pueda traer ese conflicto»). Al final, la nota dedica un párrafo a un caso judicial: informa que la Corte rechazó -con la abstención de Carlos Fayt, Raúl Zaffaroni y Ricardo Lorenzetti- un reclamo para la indexación de los balances de las empresas que hubiera requerido dos mil millones de dólares de las arcas fiscales.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

Prescindible. Como ocurre a menudo, la nota de este columnista se parece mucho a la que publica el monopolio «Clarín». Hasta en el título: «¿Golpe a la alianza de gobierno?», dice Van der Kooy. «La ruptura de la coalición que gobierna», dice Morales Solá. El periodista de «La Nación» habla de una eventual crisis de gobernabilidad y hace contrastar la pelea entre Kirchner y Duhalde contra el fondode «un país donde todavía la mitad de la infancia oscila entre el hambre y la indigencia» (exagera Morales Solá: frente a ese dato, debería admitir, hasta la más mínima puja política es una frivolidad). La nota tampoco aporta demasiada información: 1) Consigna que las humillaciones del duhaldismo a Felipe Solá están en la raíz de este conflicto, aun cuando Solá solamente haya cambiado de jefe; 2) clasifica halcones (Solá y Aníbal Fernández, quien ya no tiene retorno con el duhaldismo después de descalificar personalmente a Chiche); 3) informa que Kirchner quiere ser el jefe de campaña de su esposa; 4) dice, igual que el colega de «Clarín», que Duhalde deberá dejar el cargo del Mercosur; 5) Morales Solá se pregunta con qué peronistas armará Kirchner una base de poder alternativa a la que obtuvo hasta ahora en el duhaldismo; 6) Lavagna está preocupado por la ruptura peronista, sobre todo por la parálisis que podría introducir en el Congreso. El columnista termina su nota refiriéndose a la negociación con el FMI. Consigna que el Fondo le pedirá a la Argentina un superávit primario de 4,5%, a pesar de que Kirchner no quiera exceder 3%. También dice que Rodrigo de Rato pedirá que se cumpla con el pago de u$s 2.700 millones de dólares de agosto, dinero que saldrá de las reservas del Central. Como de costumbre, Morales Solá es generoso con Lavagna. Dice que reclamarle eso a la Argentina es como pedirle a un perro que camine en cuatro patas, que es lo que hace naturalmente. La metáfora esconde una realidad evidente: casi todos los países del mundo negocian de tal manera que consiguen refinanciar sus deudas con el Fondo. En cambio, la estrategia de negociación de Lavagna obliga a la Argentina a ser uno de los pocos países que realiza pagos netos a ese organismo internacional.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Regular. Vuelve Grondona a sus ensayos del domingo, esta vez inspiradopor la prensa europea, que leyó durante una estadía en París. La nota se refiere a la crisis que atraviesa la construcción de un Estado europeo único. Esto le permite plantear a Grondona la duda sobre la conveniencia del proceso de integración sudamericano que, como es evidente a través de todos sus escritos, nunca le agradó. Según Grondona -quien cita una nota de Laurent Murawiec en «Le Figaro»-, el triunfo del No en Francia y Holanda reducirá el ciclo europeo a su dimensión económica y comercial. Pero no habrá una Europa política, en el sentido de un Estado federal que compita con los Estados Unidos. El ensayista identifica esta pretensión frustrada con dos figuras: Alexander Kojève en el plano intelectual y Charles De Gaulle en el político. Ellos favorecieron un proyecto europeo que convierta a ese mosaico de naciones en un Estado continental, como Estados Unidos, China o Rusia. Es la saga que vino a fracasar en los dos referendos citados, a cambio de otro modelo, el del estado de bienestar. La nota se apoya aquí en el norteamericano Robert Kagan, para quien los europeos cedieron el control del mundo a los Estados Unidos (quien ejerce el papel guerrero de Marte) para mantener un nivel de vida confortable, pero desentendido de los problemas de la defensa y la seguridad, es decir, «venusino». Grondona cree que el modelo «gaullista» será reemplazado por el de Tony Blair, que supone la convivencia de varios países integrados comercialmente entre sí y en un vínculo cordial con los Estados Unidos. La llegada de Blair a la presidencia del Consejo de Europa y la de los democratacristianos a la cancillería alemana supone para el columnista la adopción de un orden más competitivo, con consecuencias inmediatas para países como la Argentina: habría una reducción importante de los subsidios al agro, que derivan a 5% de la población 40% del presupuesto. Este sería el «plan B» (por Blair) que consigna Grondona. La nota no termina de esclarecer la contradicción que ella misma plantea: la Europa multiestatal que se deriva del rechazo francés y holandés a la nueva Constitución no sería tampoco la Europa del estado de bienestar que se conoció hasta ahora. Grondona sugiere, sin decirlo claramente, que los europeos se estarían despidiendo con Blair de dos de sus pretensiones de la posguerra: la constitución de un Estado único y de una sociedad integrada a partir del subsidio estatal (como anotó el mismo columnista hace un par de domingos, la integración sólo encuentra defensores entre españoles, griegos y portugueses, es decir, entre quienes se benefician con los subsidios). Toda la exposición le permite a Grondona sugerir una receta local, tal vez más coherente con su sueño personal que con el devenir de los hechos. Esa receta es el regreso a una Argentina que se relacione con independencia con todos los actores internacionales que sea conveniente, sin subsumirse en bloque alguno. De nuevo propone el ensayista el modelo chileno, por contraste con el de la integración en el Mercosur o en una todavía más dificultosa Comunidad Sudamericana de Naciones.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».

Prescindible. Como otros visitantes frecuentes a la Casa de Gobierno, el columnista reproduce la frase de despido que le propinó Alberto Fernández a Eduardo Duhalde en nombre de Néstor Kirchner casi en los mismos términos que el diario «La Nación» (Duhalde: «Soy un profesional de la política, no me tomés por estúpido». Alberto F.: «Yo tampoco ni lo quiero ser», etc.). El mensaje sirve al propósito de describir lo obvio, que ni la doctrina ni el interés los separa al Presidente de Duhalde, sino el control del poder.

Verbitsky llama a eso «símbolos e identidades», algo por lo cual cree que sí vale pelear. Una pena porque el electorado, los votantes y contribuyentes, que se interesan en la política y subsidian con el dinero de su bolsillo a los políticos, creen que éstos disputan por doctrinas, proyectos o intereses.

En ese dibujo, Verbitsky toma partido: cree -como Felipe Solá, a quien de paso mortifica llamándolo «Felipe Solo» en referencia hiriente a su vida personal- que Kirchner hace bien en romper con Duhalde, y más si pone de segundo de Cristina Fernández en la lista de senadores a un intendente progresista y no peronista. Este dato es el único aporte informativo de la columna política de Verbitsky. Sobre un eventual acuerdo se juega todo: «Por suerte ya parece tarde».

Esta toma de partido la hace el columnistasobre la base de que Duhalde no tiene mucho que ofrecer, salvo capacidad de daño. Le vaticina una derrota y un final deshilachado después de las elecciones, reducido a un grupo de amigos y familiares como, dice, le ha ocurrido a Carlos Menem y a Adolfo Rodríguez Saá.

Un detalle curioso es el dardo que arroja sobre Cristina Fernández, a quien imagina haciendo campaña «con afectada neutralidad de etóloga». Nunca se había escuchado tamaña descalificación de la primera dama por parte de un hombre del gobierno -y Verbitsky lo es- desde aquella frase sobre la «alta peluquería», de
Aníbal Fernández.

Una segunda columna de Verbitsky la dedica ayer a glosar la pelea entre el gobierno y la revista «Noticias» a propósito de la nonata querella que le hizo a esa publicación el secretario de Medios, Enrique Albistur. El periodista hace un relato sin novedades sobre el armazón legal vigente y no vigente en la Argentina sobre delitos de opinión y, de paso, despacha sus peleas con Albistur, a quien también mortifica reproduciendo en la columna las acusaciones de la revista, que el funcionario considera infamantes y calumniosas. El único dato nuevo de esta segunda columna es que Albistur, antes de levantar la querella a los Fontevecchia, renunció al cargo de secretario de Medios, lo cual fue rechazado por el Presidente.

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