Comentarios políticos de este fin de semana

Política

(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)

MARIANO GRONDONA.
«La Nación».

Prescindible. El columnista hace un ensayo de politología deductiva que tiene la utilidad pero también las falencias de ese género. Sirve para alumbrar la política real pero como se trata de un ensayo, se formulan hipótesis sin dar las pruebas de lo dicho. Con mentalidad silogística Grondona dice que está probado (sic) por la politología que toda autocracia económicamente exitosa termina en una apertura a la democracia. Los modelos son España, Chile, Corea del Sur y Taiwán. ¿Por qué ocurre eso? Porque la mejoría económica hace que el público reclame el correlato de la calidad institucional.

Esta hipótesis, dice Grondona, tiende a perder vigencia a partir de las observaciones de dos estudiosos de la Universidad de Nueva York que, según él, intentan demostrar que existen autocracias «sustentables», es decir que logran ser exitosas en cuanto tales y que obturan la salida a la democracia. Los ejemplos son China y Rusia.

El provecho de esta exposición es examinar a los gobiernos de
Hugo Chávez y Néstor Kirchner como atraídos por una tentación hegemónica en países que tienen crecimiento económico.

La pregunta de Grondona es: ¿se
convertirán Venezuela y la Argentina en autocracias sustentables? Para que eso ocurra debe producirse el fenómeno que los estudiosos Bruce Bueno de Mezquita y George W. Downs describen en su artículo de la revista «Foreign Affairs»: que la oposición a esos gobiernos no logre unirse y caiga en la trampa de los oficialismos que intentan desbaratar la coordinación estratégica de sus adversarios. Eso ocurre, según Grondona, hoy en la Argentina, donde los dirigentes opositores a Kirchner no han hecho un intento plausible de unirse en contra de él. ¿Lo harán? Final abierto.


FERNANDO LABORDA.
«La Nación».

Prescindible.
Ausente de las páginas Joaquín Morales Solá, Laborda hace un repaso de los hechos de la semana con énfasis dominante en la pelea con la que la Iglesia que, afirma, logró silenciar el bochorno de Borocotó y la anterior derrota de Rafael Bielsa en las elecciones porteñas. No prueba esta afirmación pero es plausible que así fuera por la manía presidencial de usar el Salón Blanco y los actos de gestión para intentar recuperar el manejo de la agenda pública, algo que ha perdido desde la campaña electoral. Laborda hace un ensayo, a lo Grondona, de interpretación de intenciones, algo que en política tiene una utilidad más que relativa:

Kirchner, dice, ataca a las instituciones que no puede controlar, es decir la cúpula de la Iglesia Católica y la prensa independiente. Ese argumento habría que contrastarlo con otras hipótesis, como ésta: ¿acaso Kirchner no busca halagar con sus discursos iracundos a un sector del público que quiere verlo pelearse con la Iglesia y con un sector de la prensa?

Como
Van der Kooy -cuyas fuentes parece haber consultado Laborda para elaborar su panorama-, el columnista atribuye la defensa que hizo de Borocotó a que quiso respaldar con eso a Alberto Fernández, hostigado por los entornistas del Presidente por haber perdido las elecciones en la Capital. Laborda agrega otra hipótesis entretenida (aunque de consecuencias catastróficas para el gobierno): la compra en público de Borocotó fue un señuelo lanzado a duhaldistas y radicales para que sigan el mismo camino.

HORACIO VERBITSKY.
«Página/ 12».

Prescindible.
El periodista-asesor le dedica dos páginas del periódico a la educación del Presidente, esta vez para decirle que debe denunciar el tratado con el Vaticano por el cual se creó el Vicariato Castrense. La razón es que los sacerdotes que responden a esa dependencia están haciendo críticas al gobierno por su pelea con la Iglesia ante oficiales jóvenes de las Fuerzas Armadas. Esta prédica la califica este hombre que se mueve como un experto en internas eclesiásticas como algo «inadmisible» (?) y como parte de una «ofensiva espiritualista» (sic). Tan retrógrada es la idea como el lenguaje que usa para transmitirla: esos capellanes «malforman la mente» de esos oficiales. Ese léxico lo usaron siempre los totalitarios para justificar la censura. Aterrado por este fantasma, Verbitsky afirma que el proyecto más ambicioso que tiene el Vaticano para la Argentina es poner una estación de TV de baja frecuencia para transmitir entretenimientos.

Para esa misión, casi una broma que descalifica a su autor como autoridad sobre estos temas, el cardenal
Jorge Bergoglio se vale de funcionarios del gobierno como Julio Bárbaro (a quien lo uniría una amistad acuñada en la agrupación Guardia de Hierro en la que habrían militado en el siglo pasado), siempre con el propósito de poner este canal de TV.

De paso,
Verbitsky fustiga la tenencia de radios por parte de la Iglesia y señala la necesidad de revisarle esas concesiones porque, afirma, se hace asesorar por personas como la esposa del «Chino» Valenzuela (sic), Raúl Moneta y Daniel Hadad.

La torpeza al encarar este tema, sujeto a debate como otros tantos de la vida pública, le hace malversar también la utilidad que tendría discutir el estatus de las capellanías militares. Es cierto que puede abrirse el abanico de las confesiones que atienen a otras iglesias no católicas; es cierto que es plausible revisar el tratado con el Vaticano. Pero decir que los uniformados deben recibir el mismo trato que escribanos, manicuras y cartoneros, y concurrir a la parroquia del barrio es simplificar odiosamente cualquier debate. De paso, revela con qué gremios el Sr. Verbitsky tiene cuestiones personales y serán atendidos seguramente en sus columnas futuras los profesionales de esos oficios tan antiguos como el sacerdocio.

Una perla: según Verbitsky, el empresario
Sergio Taselli, de larga trayectoria en Santa Cruz en la era Kirchner, sería un inversor de dineros de la Iglesia en negocios particulares. ¿Se enteró de ello en su frecuentación de los dorados techos del poder?

EDUARDO VAN DER KOOY.
«Clarín».

Prescindible.
El columnista hace el repaso tópico de todos sus colegas por los acontecimientos de la semana sin aportar mucha información nueva, salvo la frase de Néstor Kirchner sobre el método que va a usar con Hugo Moyano: «Tengo que frenarlo como hice con los piqueteros», que abre un abanico de inquietantes posibilidades. ¿Le dará más fondos o cargos públicos a sus acólitos, que es lo que ha hecho el gobierno con los piqueteros?

Otro dato proviene del Ministerio de Economía: que
Roberto Lavagna va a enviar esta semana un informe al FMI exponiendo necesidades y virtudes.

Insistirá en que no le impongan «condicionalidades» que muestren a la Argentina obedeciendo órdenes y exhibirá los números azules de la economía que, dirá, permiten llegar a un acuerdo razonable con el organismo.

El resto de la columna es un repaso a las peleas del Presidente con la Iglesia y la defensa que hizo del pase de
Eduardo Lorenzo Borocotó al oficialismo. En esos casos, Van Der Kooy censura al Presidente. La pelea con los obispos, se anima a decir, está entre el error y el pecado de injusticia. Igual reproduce los argumentos de funcionarios del gobierno que les reprocharon a los prelados usar los peores números de la economía para criticar al gobierno y que debieron consignar la profundidad de la crisis de la cual arrancó el actual proceso.

En cuanto al viaje iniciado ayer a
Venezuela, sostiene el columnista que no tiene por qué arruinar más las relaciones con EE.UU. y recuerda que cuando Chile negociaba el tratado de libre comercio con ese país, votaba en la ONU en contra de la invasión a Irak.

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