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Néstor Kirchner y Cristina F. de Kirchner
«La Nación».
La cuestionable actuación de Néstor Kirchner en un sketch cómico le sirve a Morales Solá para recordar que ha redundado contra la institución presidencial que el actual mandatario ha dicho quiere reivindicar tras una larga crisis política.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
La columna la dedica a describir cuál es el lugar que ocupa Néstor Kirchner en la geografía política que ha diseñado el historiador mexicano Enrique Krause para describir al populismo. Esta ideología se nutre, recuerda Grondona, de una mezcla de personalismo con la propuesta de metas incumplibles.
Lector de los clásicos, el columnista hace una relectura de Aristóteles para concluir que el populista que describe Krause no es otra cosa que el «demagogo» que describió el Estagirita en «La Política».
Como en muchos de sus artículos Grondona usa un método deductivo: plantea cuestiones generales de las cuales intenta extraer lecciones particulares. Esta vez usa el resultado electoral en Bolivia, y trata de ubicar la ideología de Evo Morales, con quien cree sólo puede comparárselo con Tabaré Vázquez, es decir un político que, como Lula, hizo una campaña de centroizquierda pero gobierna con una tendencia de centro, es decir, de moderación.
Morales, sin embargo, puede sufrir la tentación de dejarse atraer por el modelo de Hugo Chávez, que ha perdido en las elecciones su condición democrática ya que no participó 75% de los venezolanos. Esa condición le cierra a Chávez, y le cerraría a Morales, el ingreso al Mercosur, que tiene en su estatuto una cláusula democrática que obliga todos sus miembros. El hecho de que en Bolivia intervenga, además del capitalismo y el socialismo, el populismo, le abre a Morales esa tentación de la que no puede huir, dice Grondona tácitamente, siguiendo los modelos de Lula y Tabaré.
¿Y Kirchner?, se pregunta Grondona como todos los domingos. Lo que ve le permite una sola conclusión: que hay dos Kirchner, uno populista que busca el culto de la personalidad y la suma del poder, el otro que se acerca a la ortodoxia económica y mantiene el superávit fiscal. Remata con ironía que hay otro desdoblamiento de Kirchner; uno masculino y otro femenino, en la huella de Perón, es decir, de Juan y de Eva.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
Forzado quizás a compensar cuando critica al gobierno, la nota del columnista del monopolio abre con un racimo de elogios al gobierno: tiene 40% de los votos, los traspiés que él mismo ocasiona (Borocotó, Bielsa) no dañan su capital y la oposición está desperdigada; las encuestas dicen que la gente cree que el futuro será mejor que el presente y el pasado.
Tras describir este activo, Van der Kooy se dedica al pasivo: el gobierno no ha ganado mucha autonomía adelantado pagos al FMI porque el organismo seguirá auditando las cuentas, la actualización de tarifas de los servicios privatizados llegará en poco tiempo (en realidad el Congreso las está aprobando sin casi publicidad y dependen ya menos de las conversaciones con España de lo que Van der Kooy afirma en su columna), y la inflación es una amenaza que obligará a más disciplina fiscal.
Se queja también de que el gobierno no hubiera dado el debate sobre la emergencia económica, algo en lo cual dice, colaboró la oposición radical. De todos los columnistas del domingo éste es el que parece tener más debilidad por Cristina de Kirchner: dice que su defensa de la reforma del Consejo de la
Magistratura fue «notable», cuando buena parte de ella estuvo dirigida a fustigar a la prensa -aunque se concentrase contra el diario «La Nación»- y describió la puja como una «batalla» contra la derecha (?).
Destaca, como lo hizo este diario, la argumentación del opositor Rodolfo Terragno. Sólo concede que el estilo de Cristina de Kirchner es «imperativo y altanero».
En la puja con Scioli repite la historia oficial de «la confusión» y que el episodio es apenas una « anécdota» aunque desnude la precariedad del sistema institucional. Toma partido por el matrimonio Kirchner y pone las responsabilidades del lado del vicepresidente que, dice, tiene un pleito permanente con aquéllos. Esto es lo que se piensa y dice en Casa de Gobierno con más bronca que argumentos.
Como todos los observadores, sea cual fuera su óptica -y con la sola excepción de los Fernández y de Marcelo Tinelli- este columnista también critica la jarana televisiva del Presidente por «Canal 9».




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