12 de junio 2006 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Roberto Lavagna y Cristina Kirchner
Roberto Lavagna y Cristina Kirchner
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


El columnista insistió ayer en varios argumentos ya publicados en las últimas dos semanas. El primero de todos expone que ya existe una polarización entre Néstor Kirchner y Roberto Lavagna. Ese diseño de la pelea electoral todavía no se verifica en las encuestas, pero sí en las notas de Morales Solá, donde Lavagna va «sintiendo el frío del bronce», como decía Sarmiento, de sí mismo. Este domingo, por ejemplo, sostuvo que en el ex ministro de Economía la candidatura presidencial es asumida por deber, no por deseo. Admite el periodista que también Elisa Carrió y Mauricio Macri (todavía muy encima de Lavagna en las encuestas, sobre todo en el interior) podrían terciar. El columnista sostiene algo que ya se escribió: hasta ahora, la candidatura de Lavagna sirve casi exclusivamente para que el peronismo le suba el precio a Néstor Kirchner. Con esta estrategia comenzó el pampeano Rubén Marín.

Morales Solá dice que también José Manuel de la Sota y Felipe Solá le harán sentir al Presidente la posibilidad de un acuerdo con Lavagna para mejorar sus posibilidades de negociación con la Casa Rosada. Informa que Solá ya se comunicó con Lavagna para aclararle que no había querido agredirlo cuando dijo que «le irá como a Cavallo, es decir, para el culo» (Morales Solá no cita esta frase). El papel de Solá o de De la Sota les cabe, en la Capital Federal, según el columnista, a Jorge Telerman o a Daniel Scioli.

En definitiva, la nota imagina a Lavagna como una enorme ambulancia capaz de recoger a todo aquel a quien Kirchner no contenga. Algo similar escribían en 1995 los que imaginaban que con José Octavio Bordón -con quien coquetearon todos los que hoy coquetean con Lavagna- le llegaría el final a Carlos Menem. El entusiasmo en el caso actuales tal que hasta se mencionan en la columna sectores lavagnistas del peronismo bonaerense. En la ambulancia, sigue Morales Solá, podrían entrar también Ricardo López Murphy. Lo cita diciendo que, con tal de que pierda Kirchner, estaría dispuesto a escribir un programa económico socialdemócrata. Es decir, el que no se animó a escribir para sí mismo cuando debió congeniar con Federico Storani y Leopoldo Moreau, quienes pasarían a ser ahora superiores de López Murphy en el nuevo proyecto (como en la milicia, también en la política «la antigüedad es un grado»).

El periodista se queja de Mauricio Macri, ya que, en principio, es un estorbo para esta geometría. Le reprocha haber lanzado su candidatura e irse al Mundial de Alemania. «El es así nomás», concluye. Habría que recordarles a los lectores que Macri es presidente de Boca Juniors y que el Mundial es la máxima reunión de los que se desempeñan en esa disciplina. Es cierto que Macri «es así nomás», pero recriminarle al presidente de Boca que asista al Mundial suena a exageración. El final de la nota de Morales Solá desmerece al columnista, sobre todo si se lo compara con la página que escribió el viernes, referida a hacer «política de prontuario». En esa columna, había castigado con razón a la prensa amiga del gobierno que se sirve de vehículo de mensajes mafiosos, amenazando con supuestas «carpetas». Ayer fue este periodista quien cayó en lo que reprochaba 48 horas antes: «Dirigentes políticos cercanos a Lavagna anunciaron que hablarán de cosas graves sobreun banquero cercano al gobierno. '¿Quierenhablar de corrupción? Entonces vamos a hablar en serio', advierten».

Ya al promediar el panorama de ayer, el periodista aventura que Ricardo Jaime, el controvertido secretario de Transporte, podría terminar en tribunales por la administración de subsidios en su área. También desde el gobierno, a través del monopolio «Clarín», le adelantaron a Lavagna que podría recorrer los tribunales. Morales Solá terminó su nota diciendo que «la prematura campaña parece prepararse sólo para hurgar entre los desechos». Ayer dejó la sensación de haber prestado su pluma para aquello que, con tanta sensatez, condena.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


El ensayista sostuvo ayer una tesis polémica. Escribió que «La democracia no ha resuelto la cuestión militar». Su argumento, sintéticamente expuesto, es el siguiente: entre el golpe del 30 y la restauración democrática del 83, el gobierno estuvo en distintas manos, pero el poder siempre fue militar (muy interesante insinuación sobre la naturaleza del peronismo, en la que Grondona no se detiene). Entre 1983 y 2003 se tendió la continuidad de una política de Estado consistente en subordinar a los militares al poder civil mediante el recurso de quitarles cualquier hipótesis de conflicto externo o interno. ¿Por qué fue posible esta operación? El autor no se deja tentar por la hipótesis de un giro moral o cívico de la sociedad argentina. Prosaico, sostiene que el cambio se debió a la derrota que padeció el Ejército en Malvinas. A partir de entonces, los soldados perdieron definitivamente el poder. La interpretación se roza con aquella de Jacobo Timerman, según la cual la diferencia principal entre la democracia argentina y la chilena fue que una surgió de la caída de una dictadura fallida, mientras la otra heredó a una dictadura exitosa («Chile, el galope muerto»).

El argumento de Timerman incluía a la estabilidad económica como un factor adicional. La subordinación de los militares al poder político fue la progresiva consecuencia de una serie de medidas: Alfonsín juzgó a las Juntas, pero preservó a los subordinados; también pacificó los vínculos, siempre recelosos, con Chile y con Brasil; Menem indultó y eliminó el servicio militar obligatorio; Duhalde mantuvo al frente de las fuerzas a los jefes que había designado De la Rúa (y designó como ministro de Defensa al último ministro de Alfonsín en el área, Horacio Jaunarena: esto Grondona no lo menciona).

Parte de esta transición fue el arrepentimiento militar por lo ocurrido en los 70. La nota sostiene que Kirchner vino a romper con esta continuidad histórica: cambió a las conducciones enviando a muchos militares a su casa, hizo bajar los cuadros de ex jefes del Colegio Militar, organizó un museo de la «media memoria», enumera el periodista. Es, según él, la revancha de «montoneros desarmados» frente a los militares que los derrotaron cuando tomaron las armas. La designación de Garré se inscribe en ese contexto, al que se agrega un matiz: la admiración por el modelo venezolano.

Grondona concluye con que Kirchner, después de las turbulencias aparecidas en las últimas semanas, está ante una encrucijada. Podría «aniquilar» a las Fuerzas Armadas ( curioso verbo: el mismo que se empleó en el decreto peronista que ordenaba a los militares terminar con la subversión) o convertirlas. Si la opción fuera la segunda, el ensayista no se pregunta, sin embargo, ¿para qué? Es decir,¿cuál sería la hipótesis de conflicto de ese nuevo ejército, que Grondona imagina «kirchnerista»? Es una pregunta intranquila, hasta la que no llega la nota, pero que obedece a la dinámica de su argumentación. De su respuesta, la validez general del planteo de Grondona. ¿Reabrió la cuestión militar porque, en el seno de la sociedad, no estaba aún cerrada? ¿O el país está ante un proyecto político que se concibe a sí mismo con un brazo militar, es decir, con un brazo armado sin que se sepa todavía cuál es el conflicto para el que eso se requiere?

VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».


El columnista agota su compromiso de todos los domingos con un repaso de hechos conocidos, pero que enanca en algún ensayo de hipótesis: 1) el gusto de Néstor Kirchner por la confrontación terminó despertando la respuesta de la oposición, que se le anima con gestos como la adhesión al lanzamiento de Roberto Lavagna o las protestas de los militares que se sienten agraviados por reivindicaciones setentistas y reapertura de juicios; 2) el gobierno vuelve a errar cuando sale a capturar aliados y repite con Héctor Polino la astracanada de Eduardo Borocotó. El tiempo dirá si estas hipótesis se demuestran.

El resto de la columna lo dedica a hacer aclaraciones sobre el brote lavagnista, pero en torno a hechos también conocidos: que el ex ministro rechazó ofertas del gobierno de ser candidato a jefe del Gobierno porteño, que Lavagna cree que puede haber nubarrones en la marcha de la economía si se cruzan los cables de la inflación, la falta de inversión y la crisis energética. Cumple, como algún otro colega, en aclarar en beneficio de Lavagna que nunca se vio con Thomas Shannon en

Estados Unidos y que se limitó a participar en actividades a las que estaban invitados Martín Redrado y Alejandro MacLaughlin. Todo para frenar el demonio de una conspiración imperial detrás de la candidatura del ex ministro.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


Arrastrado por el ventarrón del lanzamiento de Roberto Lavagna, el columnista cumple con su función de tranquilizar al Príncipe. Califica esa salida preelectoral del ex ministro como una «eyaculación precoz» y el apoyo que recibió de varias tribus opositoras como fruto de la « desorientación». Este primer diagnóstico sirve a una nueva profecía del columnista-asesor acerca de la candidatura de Cristina de Kirchner. Hace un año y medio la jugó como candidata a diputada nacional por Capital negando que lo sería a una senaduría por Buenos Aires. Se cumplió esto último. Ahora dice que Kirchner analiza lanzarla a candidata a presidenta, pero no a gobernadora de la provincia. A la luz de los aciertos de Verbitsky, habría que jugar ya alguna ficha a Cristina gobernadora.

Se entusiasma el columnista en cómo el frente de nuevos aliados de Lavagna produce el regocijo del Presidente, animado por lo que llama el «decisionismo nestoriano», porque le prepara uno de los escenarios de confrontación que le gustan tanto.

El resto es una pulcra descalificación de Lavagna, uno de los objetivos de siempre de Verbitsky desde que era ministro de Economía. Usa el mismo dato del desmentido de la conspiración washingtoniana en ese lanzamiento, pero lo toma en sorna y duda de su veracidad. También reproduce el viejo informe de Claudio Lozano (de la central sindical CTA) elaborado hace un año que describe una presunta concentración de los subsidios en empresas clientes de la consultora Ecolatina que fue del ex ministro. Su contenido lo empleó Verbitsky hace meses en su columna y lo recogieron la semana anterior medios amigos del gobierno que, como este columnista, no tienen oídos para las explicaciones en contrario de esa consultora.

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