Comentarios políticos de este fin de semana
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Sergio Berni no descarta ser candidato a gobernador: "Voy a estar donde el proyecto me necesite"
Roberto Lavagna y Cristina Kirchner
«La Nación».
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
El ensayista sostuvo ayer una tesis polémica. Escribió que «La democracia no ha resuelto la cuestión militar». Su argumento, sintéticamente expuesto, es el siguiente: entre el golpe del 30 y la restauración democrática del 83, el gobierno estuvo en distintas manos, pero el poder siempre fue militar (muy interesante insinuación sobre la naturaleza del peronismo, en la que Grondona no se detiene). Entre 1983 y 2003 se tendió la continuidad de una política de Estado consistente en subordinar a los militares al poder civil mediante el recurso de quitarles cualquier hipótesis de conflicto externo o interno. ¿Por qué fue posible esta operación? El autor no se deja tentar por la hipótesis de un giro moral o cívico de la sociedad argentina. Prosaico, sostiene que el cambio se debió a la derrota que padeció el Ejército en Malvinas. A partir de entonces, los soldados perdieron definitivamente el poder. La interpretación se roza con aquella de Jacobo Timerman, según la cual la diferencia principal entre la democracia argentina y la chilena fue que una surgió de la caída de una dictadura fallida, mientras la otra heredó a una dictadura exitosa («Chile, el galope muerto»).
El argumento de Timerman incluía a la estabilidad económica como un factor adicional. La subordinación de los militares al poder político fue la progresiva consecuencia de una serie de medidas: Alfonsín juzgó a las Juntas, pero preservó a los subordinados; también pacificó los vínculos, siempre recelosos, con Chile y con Brasil; Menem indultó y eliminó el servicio militar obligatorio; Duhalde mantuvo al frente de las fuerzas a los jefes que había designado De la Rúa (y designó como ministro de Defensa al último ministro de Alfonsín en el área, Horacio Jaunarena: esto Grondona no lo menciona).
Parte de esta transición fue el arrepentimiento militar por lo ocurrido en los 70. La nota sostiene que Kirchner vino a romper con esta continuidad histórica: cambió a las conducciones enviando a muchos militares a su casa, hizo bajar los cuadros de ex jefes del Colegio Militar, organizó un museo de la «media memoria», enumera el periodista. Es, según él, la revancha de «montoneros desarmados» frente a los militares que los derrotaron cuando tomaron las armas. La designación de Garré se inscribe en ese contexto, al que se agrega un matiz: la admiración por el modelo venezolano.
Grondona concluye con que Kirchner, después de las turbulencias aparecidas en las últimas semanas, está ante una encrucijada. Podría «aniquilar» a las Fuerzas Armadas ( curioso verbo: el mismo que se empleó en el decreto peronista que ordenaba a los militares terminar con la subversión) o convertirlas. Si la opción fuera la segunda, el ensayista no se pregunta, sin embargo, ¿para qué? Es decir,¿cuál sería la hipótesis de conflicto de ese nuevo ejército, que Grondona imagina «kirchnerista»? Es una pregunta intranquila, hasta la que no llega la nota, pero que obedece a la dinámica de su argumentación. De su respuesta, la validez general del planteo de Grondona. ¿Reabrió la cuestión militar porque, en el seno de la sociedad, no estaba aún cerrada? ¿O el país está ante un proyecto político que se concibe a sí mismo con un brazo militar, es decir, con un brazo armado sin que se sepa todavía cuál es el conflicto para el que eso se requiere?
VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».
El columnista agota su compromiso de todos los domingos con un repaso de hechos conocidos, pero que enanca en algún ensayo de hipótesis: 1) el gusto de Néstor Kirchner por la confrontación terminó despertando la respuesta de la oposición, que se le anima con gestos como la adhesión al lanzamiento de Roberto Lavagna o las protestas de los militares que se sienten agraviados por reivindicaciones setentistas y reapertura de juicios; 2) el gobierno vuelve a errar cuando sale a capturar aliados y repite con Héctor Polino la astracanada de Eduardo Borocotó. El tiempo dirá si estas hipótesis se demuestran.
El resto de la columna lo dedica a hacer aclaraciones sobre el brote lavagnista, pero en torno a hechos también conocidos: que el ex ministro rechazó ofertas del gobierno de ser candidato a jefe del Gobierno porteño, que Lavagna cree que puede haber nubarrones en la marcha de la economía si se cruzan los cables de la inflación, la falta de inversión y la crisis energética. Cumple, como algún otro colega, en aclarar en beneficio de Lavagna que nunca se vio con Thomas Shannon en
Estados Unidos y que se limitó a participar en actividades a las que estaban invitados Martín Redrado y Alejandro MacLaughlin. Todo para frenar el demonio de una conspiración imperial detrás de la candidatura del ex ministro.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».
Arrastrado por el ventarrón del lanzamiento de Roberto Lavagna, el columnista cumple con su función de tranquilizar al Príncipe. Califica esa salida preelectoral del ex ministro como una «eyaculación precoz» y el apoyo que recibió de varias tribus opositoras como fruto de la « desorientación». Este primer diagnóstico sirve a una nueva profecía del columnista-asesor acerca de la candidatura de Cristina de Kirchner. Hace un año y medio la jugó como candidata a diputada nacional por Capital negando que lo sería a una senaduría por Buenos Aires. Se cumplió esto último. Ahora dice que Kirchner analiza lanzarla a candidata a presidenta, pero no a gobernadora de la provincia. A la luz de los aciertos de Verbitsky, habría que jugar ya alguna ficha a Cristina gobernadora.
Se entusiasma el columnista en cómo el frente de nuevos aliados de Lavagna produce el regocijo del Presidente, animado por lo que llama el «decisionismo nestoriano», porque le prepara uno de los escenarios de confrontación que le gustan tanto.
El resto es una pulcra descalificación de Lavagna, uno de los objetivos de siempre de Verbitsky desde que era ministro de Economía. Usa el mismo dato del desmentido de la conspiración washingtoniana en ese lanzamiento, pero lo toma en sorna y duda de su veracidad. También reproduce el viejo informe de Claudio Lozano (de la central sindical CTA) elaborado hace un año que describe una presunta concentración de los subsidios en empresas clientes de la consultora Ecolatina que fue del ex ministro. Su contenido lo empleó Verbitsky hace meses en su columna y lo recogieron la semana anterior medios amigos del gobierno que, como este columnista, no tienen oídos para las explicaciones en contrario de esa consultora.



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