19 de febrero 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Domingo Cavallo y Hipólito Yrigoyen
Domingo Cavallo y Hipólito Yrigoyen
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


El título de su columna en «La Nación» es atrayente y promete una nota entretenida: «Si hacen las cosas mal, ¿por qué les va bien?». La conclusión decepciona, porque Grondona dice que el gobierno tiene una gran cintura política para demorar los costos de las medidas que toma.

El columnista ignora los datos que favorecieron a Kirchner para no tener que pagar las malas medidas que toma.

Casi todos los gobiernos, democráticos y militares, antes de la década del 90 tenían, con matices de diferencia, el mismo modelo de subsidios y control de precios que rige ahora.

Pero ninguno de aquellos gobiernos tuvo a favor el país ni el momento económico del mundo que encontró Néstor Kirchner.

El gobierno de Carlos Menem le quitó un millón de empleados públicos a la nómina de salarios del Estado, abatió la inflación, privatizó las empresas estatales para que no carguen de déficit al país y atrajo las suficientes inversiones como para tener una moderna red de comunicaciones, caminos y energía.

A esta herencia se sumó un mundo donde ningún país dejó de crecer por la aparición de China y la India, que casi triplicaron los precios de las materias primas. Los crecimientos en países emergentes se produjeron al margen del modelo económico elegido.

Tal vez el único logro sea el canje de la deuda, que le permitió sacarse 70% de las acreencias de encima y aliviar los pagos al exterior.

Estas son las auténticas razones que demoran el castigo, que ya se insinúa en forma de inflación.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Ha dejado la trinchera: no más -por ahora, al menos- los enfoques furibundos contra los modos y las acciones de Néstor Kirchner. Desde ese lugar se enfoca, con acierto, en una mirada más racional sobre por qué el patagónico hará lo imposible para que sea su esposa Cristina la próxima presidenta.

Argumenta, con lógica peronista, que si él repitiese en octubre, al avanzar su segundo mandato su poder se licuaría al no tener chance de continuidad. Supone Morales Solá que con la senadora como presidenta, Kirchner podrá estar al acecho amenazando con su regreso.

Interpreta que con eso lograráordenar al peronismo díscolo que aceptasu conducción más por rigor que por empatía. «Kirchner vence pero no convence» es la frase que usan, en rondas intimistas, los dirigentes del PJ para justificar la sumisión al Presidente.

Como argumento hace una afirmación -dice que el peronismo es más de derecha que de izquierda- quizá apresurada, terminante y superficial sobre un aspecto, que en medio siglo de vida del PJ, no se pudo responder con certeza.

En ese esquema, observa en este caso correctamente Morales Solá, que Kirchner podría controlar posibles rebeldías en su contra. Claro, en la medida que, el otro factor, la economía -y sobre todo la inflación- no se desmadren y su éxito se diluya. Contra ese fenómeno no hay receta.

El dato adicional que filtra refiere a que, en la historia argentina, son pocos los dirigentes que lograron regresar: cita a Yrigoyen, Roca y Juan Perón. Desde esa mirada, lo que pretende el Presidente es gobernar sin ser «pato rengo» y no tanto proyectar una larga temporada familiar en el gobierno como sostienen los que, para festejar o para alertar, dicen que habrá rotación del matrimonio en el cargo para retener, al menos 16 años, el poder.

Vuelve, luego, una vez más a referir la debilidad más palpable del gobierno: su capacidad para generar crisis donde no las hay ( INDEC) y, como si lo anterior fuese poco, su enorme incapacidad para resolver problemas de fondo, como ocurre con las pasteras.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».


Traza un panorama electoral el columnista de «Clarín» donde especula más que aportar datos. No es nuevo que las alternativas que debe atravesar Néstor Kirchner están lejos de las dificultades que debieron soportar anteriores mandatarios como Carlos Menem o Eduardo Duhalde, tanto desde el exterior como en la interna. Mucho más con una oposición aún desdibujada. En ese razonamiento repite además otro argumento archiconocido: Menem debió afrontar al peronismo convenciendo a dirigentes provinciales con autoridad, fondos y carisma propio, algo que el actual presidente debe reemplazar con el miedo de los peronistas a sacar los pies del plato y la bonanza económica que vive el país. Una prueba es el mensaje que Van der Kooy le envía al cordobés Luis Juez sobre el malestar que produjo en la Casa Rosada su reunión con Domingo Cavallo, comentario donde no se diferencia la especulación de la realidad.

Pone duda también sobre las críticas del exterior a la política económica, que aparecen cada vez con más frecuencia en el horizonte local. Quizá comete el error de considerar que Kirchner sólo se ofusca con esos retos de organismos internacionales -hoy con menor peso en el universo de las finanzas mundiales-, cuando en realidad en la Casa Rosada son tomados como formidables herramientas de campaña.

Ni el repaso de las recientes alianzas entre opositores ni los consejos del asesor ecuatoriano Jaime Duran Barbas a Mauricio Macri -que, en realidad, le recomendó claramente que debía presentarse como candidato a la Jefatura de Gobierno porteña- aportan demasiadadiferencia a un análisis ya conocido. Acierta a medias el columnista en su análisis sobre el fin de las re-reelecciones en el país. La de La Rioja terminó por un episodio de traiciones en la alternancia entre gobernador y vice, pero falta aún un trecho para ratificar esa tendencia en todas las provincias. Menos relativo, parece que al final de la campaña aparecerá el país real que el gobierno deberá atender. En algunos casos, como la crisis por las papeleras en Fray Bentos, los tiempos parecen ganarle al Presidente exigiendo definiciones que hoy no aporta. Ni siquiera cuando la tranquilidad en los cortes se le está yendo de las manos y tanto los comerciantes uruguayos como el gobierno de Tabaré Vázquez pueden obligarlo a tomar una decisión antes.

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