Comentarios políticos de este fin de semana

Política

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Se distrae de nuevo el profesor Grondona hojeando el diccionario, y descubre nuevos latinajos para explicar la realidad política. La renuncia de Néstor Kirchner a su reelección le parece algo muy parecido a lo que en una monarquía es una «abdicación», es decir resignar poder en un heredero. Como la Argentina no tiene (aún) un régimen monárquico, la sirve esto a Grondona para criticar al gobierno.

Sigue el silogismo periodístico del profesor con la reflexión sobre la eventualidad del advenimiento del « matrimonialismo» como nueva institución de gobierno. Con esto de Kirchner de cederle una candidatura a Cristina Fernández, el Presidente replica lo que antes hizo Carlos Juárez en Santiago del Estero en beneficio de Nina Aragonés, algo que ya observaron algunos senadores que llaman a la mujer del Presidente, a sus espaldas, con el cariñoso mote de «Nina».

Más dolorosa será para los Kirchner -lectores puntuales de «La Nación», diario para el que gobiernan- leer esta otra diferencia que hace el profesor entre mujeres que llegan al poder siendo « señoras de» (como Hillary Clinton o Cristina Fernández) y las que no lo son, como Margaret Thatcher, Michelle Bachelet o Angela Merkel, porque accedieron al gobierno de sus países por sus propios medios.

Estos extremos del nepotismo criollo horrorizan a Grondona, quien se lamenta de que Juan B. Alberdi no incluyera en la Constitución que inspiró un veto a los presidentes que, como Kirchner, quisieran prolongarse en el poder a través de sus esposas en ejerciciode la vieja costumbre papal del «nepotismo». Palabreja cuya etimología, claro, el profesor no se priva de explicar.

WAINFELD, MARIO.
«Página/12».


Con Horacio Verbitsky atascado en el túnel del tiempo (dedica la columna de ayer a otro capítulo de historia eclesiástica argentina, su nueva pasión), conviene retener lo que aporta este columnista, que suele tener información salida de los dorados despachos del gobierno. Por ejemplo, la mirada escéptica sobre las capacidades con las cuales la administración Kirchner se dispone a atravesar el peaje del 28 de octubre.

Wainfeld se ve forzado a minimizar la estatura de la oposición -no es un « challegner sólido», la califica- pero admite también que el oficialismo acumula desaciertos. Primero porque Néstor Kirchner maneja una agenda convencional en política: hacer lo obvio y no innovar, plegarseal prejuicio de que ningún segundo mandato fue exitoso para un presidente argentino.

Dejar la chance de una reelección le parece al columnista una «audacia», pero a la vez admite que la decisión contiene seguramente una autocrítica sobre lo actuado por el gobierno desde 2003. No admitiría nunca el kirchnerismo que haya nada de qué arrepentirse,pero que un medio tan cercano al gobiernocomo «Página/12» se atreva a sugerirlo es una radiografía del ánimo del oficialismo.

Complica el camino hacia la elección de octubre la flojera con la que Felisa Miceli explica el affaire del sobre con efectivo encontrado en su despacho. El gobierno, observa el columnista, está en el clásico brete: Kirchner la defendió a Miceli porque le cree las explicaciones que le dio en privado.

Pero cuando la ministra se entierra cada vez que argumenta en público, el Presidente empieza a pensar si no sería mejor sacarla del cargo que tiene antes de que el descrédito sea total.

También hace tambalear la solidez del gobierno la negativa a admitir lo evidente en materia energética, que el país está en medio de una crisis que no la motiva solamente la meteorología o la mala suerte, como se pretende desde la Casa de Gobierno.

Pese a que Guillermo Moreno, admite Wainfeld, se resiste a cumplir las reglas de la burocracia, la situación empeora y le da más argumentos a una oposición que parece tan oportuna como las bajas temperaturas a la hora de arrinconarlo al gobierno en sus pobres reacciones.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».


Con el mismo ánimo crítico de los últimos meses, el columnista se anima a vaticinarque los problemas que cercan al gobiernode Néstor Kirchner pueden terminar enredando en una trampa la candidatura de Cristina Fernández. Lo que pocos se animaban a presumir hace pocos meses, lo vocea el monopolio como una amenaza sobre lo que parecía el milenio kirchnerista.

Imagina el columnista, como es usual hoy en bares y billares, cómo sería un hipotético gobierno kirchnerista. Si mantendría o no a los elencos de su esposo. Si podrá superar el estilo vehemente que la hizo conocida desde su ingreso al gobierno. También especula sobre la suerte electoral de la primera dama en el público medio y medio-alto de las grandes ciudades, donde las encuestas le dan marcas menores de adhesión que en el resto del país.

Lo demás son pullas del columnista que parece tener piedra libre del monopolio para reírse de 0,4% de inflación que «cocinó» el gobierno en el INDEC, los estragos de la desatendida crisis energética, los problemas que causan las peleas entre funcionarios del área (Daniel Cameron, secretario de Energía, contra Guillermo Moreno, secretario de Comercio) que estallan con el relevo del titular de MetroGas, desplazado por Moreno luego de que cortase el gas a empresas por indicación de Cameron.

La tolerancia de Kirchner ante los desplantes de Hugo Chávez contra miembros del Mercosur tampoco ayudan mucho cuando la Argentina tiene que importar energía de los socios de la región. En suma, el peor de los panoramas para el gobierno que intenta arrancar la campaña para la esposa del Presidente.

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