Comentarios políticos de este fin de semana
-
Adorni expone en Diputados y la oposición se prepara para acorralarlo
-
Milei participó en un debate sobre Keynes y aseguró que "sirvió para que políticos corruptos arruinen la vida de la gente"
Cristina F. de Kirchner y Hugo Chávez
«Página/12».
-Parecen libros -opinó el aduanero Jorge Lamastra.
-Quiero ver -insistió la mujer. (Aparece el dinero, «billetes todos de 50 dólares, nuevos y ajados, unidos con gomitas elásticas»).
-¿Cuánto hay? -preguntó Telpuk (agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria).
-Unos 60 mil dólares -respondió Antonini. (Uberti, Espinosa y Beresiuk ya se habían ido en los autos que los esperaban).
-Llamala a esa chica -dijo Antonini. -Dice que nos quedemos tranquilos, que está todo arreglado.
Durante el largo trámite, Antonini habló hasta por los codos con los funcionarios. Dijo que era empresario y que había viajado desde Miami hasta Venezuela y que tendría que haber venido el lunes a Buenos Aires en el vuelo de Chávez.
-Pero cuando llegué a Caracas me dijeron, no, tú te vas con este otro vuelo.
También habló de la relación del gobierno venezolano con las empresas.
-Les da trabajo -dijo. Al terminar el recuento, el personal aduanero dijo que el dinero quedaría retenido en sus dependencias, que se trataba de una infracción por la que debería pagar una multa.
-Yo soy un soldado y voy a morir con las botas puestas. No me pregunten de dónde viene ni para qué es ese dinero. Somos ocho, hagamos cien mil dólares cada uno -dijo el locuaz Antonini. Todos se rieron, pero Daniel Ingrosso (PSA) le contestó con sequedad:
-Venezolano, te está haciendo mal el sueño y hablás boludeces.
-Está todo bien -lo calmó Antonini.» ¿A qué sirve tanto detalle? A un consejo del columnista- asesor que es Verbitsky: que el gobierno se desprenda de todo el gabinete, especialmentede De Vido, con una sola excepción. Y que Cristina Fernández, si gana las elecciones, deje seguir sólo a Alberto Fernández para que le dé cierta continuidad.
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».
Pone el acento Morales Solá en un punto importante del escándalo de las valijas: lo mal que elige el gobierno a sus amigos. Es oprobioso que se pagase una suma tan alta como u$s 90 mil por un vuelo, que se llevase a un particular con dinero negro bajo la cobertura de la compañía de tres funcionarios del gobierno que gozaron de una terminal propia para se revisados. Pero es más oprobioso que, del lado venezolano, este personaje Guido Antonini pudiera sacar los dólares quebrando el control de cambios del gobierno de Hugo Chávez y que éste y sus ministros minimicen el problema o acusen de todo a un complot de los Estados Unidos. Con amigos así, percibe el columnista, es obvio que se produzcan estos hechos, que están más cerca de la norma que de la excepción. Contabiliza Morales Solá doce viajes del venezolano al país, gozando quizás de la misma protección oficial del gobierno argentino.
Frente a las cataratas de disculpas de Verbitsky, que sólo ve virtudes en la reacción represiva del gobierno Kirchner, Morales Solá señala que el oficialismo trató de parar la noticia cuanto pudo. Es decir, hasta que ganó las tapas de los diarios; recién entonces amagó con algunos gestos para rectificar algunas conductas. Sigue sin explicarse por qué no se reclamó la renuncia de Exequiel Espinosa, titular de ENARSA, que pagó el viaje.
Recoge también la hipótesis que distribuye el gobierno sobre que ese dinero serviría para financiar la actividad política de las organizaciones chavistas que funcionan en la Argentina. Pero agrega otra especulación, que también surge de los pasillos del poder: se trató de una «cama» tendida por sectores del propio gobierno para dañar a un ala del gabinete, la identificada con el Ministerio de Infraestructura.
La columna remata con la idea que intentó publicitar el gobierno en todo el fin de semana: que Cristina no es Kirchner ni tiene nada que ver con este gobierno, y que debería enojarse en público si no quiere dañar su primavera electoral. Toda una audacia para la senadoracónyuge que mira, oye y hasta ordena todo desde el vértice del poder.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».
Parece gozar el columnista con Cristina de Kirchner, a quien ve sentada en un volcán de denuncias de corrupción
en el gobierno que le quieren hacer heredar. Desde que se lanzó, afirma el columnista del monopolio, no ha dejado de sufrir los embates del caso Skanska, los sobres de Felisa Miceli y ahora las valijas que llegaron de madrugada desde Caracas.
Fiel al discurso oficial, sin embargo, dice que eso no alcanza para mellar las chances electorales de la senadora, no por mérito propio sino porque la oposición no ha logrado sindicarse en un candidato que le ofrezca a la sociedad una alternativa. Podría pensarse, frente a esta descripción, que hay tan poca oposición como hay tan poco gobierno. Como Morales Solá, Van der Kooy se lamenta de que el gobierno argentino muestre síntomas de contagio respecto de la enfermedad del autoritarismo chavista.
También especula con la hipótesis de la trampatendida a unos funcionarios por otros colegas del gabinete que han querido ver en la picota a los negociadores con Venezuela.
Util el dato que aporta de un diálogo ríspido de Néstor Kirchner con Hugo Chávez el viernes en Tarija: «Esto le hace mucho mal a mi gobierno», «Lo que ha pasado es intolerable», son frases que le atribuye al santacruceño. El extravagante bolivariano ignoraría esos reproches y no cree que el escándalo resienta las relaciones comerciales y políticas entre los dos países, que hasta ahora han rendido beneficios mutuos.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
El profesor es el columnista más enojado del fin de semana con el escándalo de la valija llena de dólares que trajo un casi polizón en el avión privado que contrató la estatal ENARSA. Merodea un rato por el diccionario etimológico como precalentando para el verdadero propósito de la columna: pedirle a Néstor Kirchner que así como echó a Fulvio Madaro, Néstor Ulloa, Felisa Miceli y Claudio Uberti por la sucesión de escándalos, siga con la serie de despidos.
La lista negra que publica el profesor incluye a Julio De Vido, Nilda Garré y Romina Picolotti. Sólo así, afirma, le va a creer el público al Presidente que está en serio comprometido con la lucha contra la corrupción de su gobierno.
No es feliz la metáfora del profesor de equiparar la corrupción con la Esfinge de Tebas que relata Sófocles y a Edipo, que termina con ella, como el salvador de la sociedad. En realidad, Edipo logró resolver el enigma que planteaba la Esfinge a quienes se le acercaban, so pena de muerte (¿cuál es el animal que por la mañana tiene cuatro pies, dos al mediodía y tres en la tarde? es decir, el hombre), con el solo propósito de cumplir la condición de Creonte para concederle la mano de su hermana Yocasta. Cuando lo logró no mató a la Esfinge, sino que ésta, furiosa, se tiró por un despeñadero para quitarse la vida.



Dejá tu comentario