10 de diciembre 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Ricardo Jaime
Ricardo Jaime
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Parece atascado desde hace varias semanas el columnista en marcar el rol achicado que tendrán en el nuevo gabinete los secretarios Ricardo Jaime (Transporte) y Guillermo Moreno (Comercio), a quienes considera un pasivo ilevantable de la presidencia Kirchner. Cree Morales Solá que si horada el cerebro de la nueva presidencia con reiteradas advertencias podrá alumbrar el despido.

Imagina a los funcionarios estrella del gobierno que termina, a quienes Néstor Kirchner les debe proezas de su administración -tanto que su esposa-sucesora los ha confirmado-, con menos poder y sin la línea directa que han tenido hasta ahora.

Aunque se conviniese en que son dos personajes espantosos, ¿no habría quizás que pensar que los Kirchner los consideran los mejores funcionarios del gabinete, a quienes les deben mantener las relaciones subsidiadas con Hugo Moyano (Jaime) y conservar a los empresarios encerrados en acuerdos para bajar, aunque fuera en la imaginación -no en el bolsillo-, los precios?

De la galería de los monstruos kirchneristas, Morales Solá se ocupa también de «atender» a Moyano y a Hugo Chávez. El primero, concluye, es un violento a quien Cristina de Kirchner debe temerle porque no tiene frenos a la hora de reclamar y se mueve al borde la violencia. Es cierto, como que esa violencia nunca la ejerció contra el gobierno Kirchner, a quien ha servido poniendo funcionarios y conteniendo las demandas de otros gremios de quienes se mueve como el patrón.

Lo mismo cabe pensar sobre Chávez, a quien el columnista imagina más lejos de Cristina que de Néstor Kirchner, pese a que el extravagante bolivariano se dijo, más de una vez, primer cristinista.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
« Clarín».


La columna reproduce un diálogo casi de despedida con el presidente que se va y su jefe de Gabinete, registrado esta vez a la luz del sol en el comedor del hotel Panamericano. Nada nuevo, aunque todo testimonio textual -y los aporta Van der Kooy-, aunque sea anecdótico, merece ser leído. Aquí lo principal que le sacó el columnista a Néstor Kirchner:

Sobre la billetera que usa, de plástico, como los micreros: «La tengo desde hace muchísimos años».

Sobre Cristina de Kirchner: «Ella va a ejercer un liderazgo indiscutible. El tiempo histórico la ayuda porque lo peor de la crisis ya pasó. Va a construir un liderazgo sobre calidades políticas que yo no tengo. Esas calidades encajan con las nuevas demandas de la sociedad. Las demandas serán distintas, más sofisticadas tal vez que los años anteriores. Cristina está muy bien preparada para eso».

Sobre su rol como ex presidente: «Olvídensede mí por un tiempo largo. Saldré de la escena pública. Me dedicaré a pensar cómo armar la fuerza política que quiero. Y daré algunas conferencias en el exterior. Esta semana hablé con el presidente del BID y me hizo varias propuestas».

Sobre el peronismo: «Estará donde está el poder. Si hay gente que entiende de poder en el peronismo son los intendentes bonaerenses. Y el poder será de Cristina».

Sobre la no reelección: «Era la única jugada posible. La mejor dentrode la anormalidad política que todavía persiste en la Argentina. Cuando lo planeamos con Cristina sabíamos que la maniobra nos podía costar algunos puntos en las elecciones. Es posible que yo hubiera sacado más de 45% de los votos. Pero habría sido felicidad para un día. Cristina tiene delante un espacio y expectativas diferentes».

Sobre la relación con ella: «Cristina y yo formamos una pareja que trabaja de lo mismo, que habla de las mismas cosas y que usa una lógica parecida. No existe ninguna posibilidad de competencia. Ella tuvo mucha incidencia en mi gobierno, pero nunca salió de un segundo plano. Ahora ocurrirá lo mismo, pero el segundo plano será mío».

Sobre Daniel Scioli: «Hay que dejarlo trabajar tranquilo, sin intromisiones. Cada uno tiene el derecho de armar el gabinete que quiera, como lo tuve yo. El tiempo indica si uno debe luego hacer correcciones o no. En ese sentido, durante los años de la vicepresidencia, Daniel fue vivo e inteligente. Se despidió del Senado con un homenaje a Mirtha Legrand. Y le fue bárbaro. Tiene su propia lógica para desarrollar la política».

Sobre Julio De Vido: «De Vido es un querido amigo y un muy buen ministro. Pero nunca lo apoyaría para un cargo electivo. El lo sabe. Por su temperamento».

Sobre la derrota de Hugo Chávez: « Cristina me lo había anticipado. Me había dicho que le iba a suceder lo mismo que a Cafiero en Buenos Aires. Plantear opciones tan extremas (la reelección indefinida) y menear el tema del valor social de la propiedad suelen causar miedo. Me dijo que debido al traspié iba a seguir siendo peronista y bolivariano. Le respondí que me alegraba, porque la palabra socialista que tanto acostumbra utilizar suena fuera de época. El peronismo no está fuera de época».

Sobre su ex ministra de Economía: «Me decepcionó Felisa Miceli. Una mañana llegué a la oficina y lo encontré a Oscar (Parrilli) enrojecido y tartamudeando. 'La bolsita, la bolsita', repetía cuando le pregunté si había alguna novedad. No sabía de qué me hablaba. Resulta que era la famosa bolsita».

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


Vale la entrega de ayer como testimonio de una versión acomodada del pasado a las conveniencias ideológicas del presente. La hipótesis del columnista-asesor es que la estabilidad del sistema democrático ha dependido desde 1983 del tratamiento que cada gobierno les dio a las atrocidades cometidas durante la represión clandestina del terrorismo.

Para este analista nada han importado los deslizamientos de la economía ni las pujas de poder y de intereses que se libraron en los últimos 25 años en la Argentina. Con algo de narcicismo considera Verbitsky que el hecho más importante en esta marcha fue la publicación de su libro con las confesiones del ex marino Adolfo Scilingo, que desencadenaron los procesos de la justicia global en España y en otros países.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


En otro ejercicio de taxonomía política, el profesor examina parecidos y diferencias entre Néstor Kirchner y Hugo Chávez. A los dos los presenta como arrastrados por un afán de poder ilimitado y con deseos de perpetuarse de manera vitalicia en el gobierno de sus países. Chávez, sin embargo, es atropellado y se rodea de alcahuetes que no le cuentan las malas noticias, como por ejemplo, que su derrota en el referendo del domingo pasado era inevitable.

Kirchner, en cambio, le parece más astuto y hasta moderado en esas ansias de poder, tanto que no descarta en su estrategia que alguna vez deba dejarlo. Imagina Grondona, sin embargo, que existiría un sector salvaje del kirchnerismo que se animaría, en ese caso, a dar un golpe de Estado que no tendría freno alguno por el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas, incapaces de enfrentar, en esa quimera, a piqueteros armados con dinero enviado por Chávez. Un despliegue de imaginación.

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