17 de marzo 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Guillermo Moreno
Guillermo Moreno
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Le toma prestado el columnista al profesor Grondona el método de leer política a través de taxonomías y clasificaciones. Morales Solá busca explicar la semana que pasó por la existencia de dos pisos en el gobierno. Uno, con vidriera a calle, en donde se exhiben dos Fernández, Cristina y Alberto. Este cree que Luciano Miguens es lo más sensato en el sector agrícola. Ella comparte ese juicio, pero tampoco puede hacer nada por acercar una fórmula que mitigue los efectos del paro del campo contra las medidas fiscales para el sector. En esa vidriera tiene un lugar, en la parte de las ofertas, Martín Lousteau. Este sería, en el léxico de Morales Solá, el «mundo».

Pero abajo está el « submundo», que es lo que hace -según esta percepción- funcionar al «mundo». En ese submundo caminan en círculo, como fieras amenazantes, Guillermo Moreno, Rudy Ulloa, Ricardo Echegaray (director de Aduana, peleado con su jefe en la AFIP, Alberto Abad), Ricardo Jaime.

Mirar a los gobiernos como estatuas bifrontes es un viejo ardid argumental, que busca hacer convivir en el mismo discurso el apoyo y la crítica. Se usó mucho antes con el gobierno militar 1976-1983, en el cual Jorge Videla era la paloma; y Eduardo Massera, el halcón. Hubo quienes angelizaban a Raúl Alfonsín pero demonizaban a su entorno de la Coordinadora. Más ingenioso era Domingo Cavallo durante el menemismo, que hablaba en charlas públicas fuera del país del Menem bueno y el Menem malo. El «bueno» era el que lo sostenía a él como ministro; el «malo» era el Menem que toleraba carpas de allegados de virtud resbaladiza.

Eso es válido para el momentoen que ocurren los hechos, pero cuando esos gobierno se fueron, acabaron las divisiones entre buenos y malos. Visto en perspectiva, mundo y submundo del gobierno kirchnerista son la misma cosa, por más que los observadores se empeñen en querer rescatar sólo a algunos de sus personeros.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Frente al mismo panorama del gobierno peleado con el campo y los petroleros -tópico de todos los análisis políticos del domingo- este columnista cree ver a un gobierno « políticamente poderoso». No da ninguna razón para tamaña descripción de un gobierno que se mueve casi exclusivamente por impulso de sus debilidades. A menos que el analista se crea las zalemas y alcahueterías del peronismo ante Néstor Kirchner, a quien le han sacado más plata de la que jamás soñaron con otro presidente.

También Guillermo Moreno es la bestia negra en este comentario. Van der Kooy lo descalifica como nadie; lo llama «una carga pública» e imagina que el gobierno «vive ahora de una construcción imaginaria alrededor del secretario de Comercio».

Aporta otro dato que debería tenerse en cuenta para entender por qué el gobierno mantiene a Moreno en el gabinete: porque castiga a los sectores con los cuales los Kirchner entienden que enfrentarse les reditúa ante su público.

Moreno fustiga a empresarios y productores que no le van a responder porque sabe el gobierno que el mundo de los negocios y el dinero se acomoda al mundo de la política como el agua al cauce de un río. Por eso los empresarios y productores no reaccionan, admiten los insultos del secretario golpeador. Cuando llaman a un paro, como es el caso de algunas entidades agropecuarias, es un extremo en realidad raro y que se aparta de la norma aplicada por el empresariado para entenderse con el gobierno.

Si todo lo que se dice de Moreno fuera en realidad agraviante u ominoso para los empresarios, no se los vería en cabildeos y fotografías reuniéndose casi todos los días en la Casa de Gobierno, haciendo de claque en los actos del Salón Blanco, el Salón Sur, la Sala de Situación y el despacho presidencial. Nunca se los vio con tanta frecuencia en esa sede del gobierno, como nunca se quejaron de tantos maltratos. O están haciendo negocios como nunca, o ese maltrato es una leyenda exagerada que en el fondo no les molesta tanto.

Eso no convierte al gobierno en bueno, porque explicar las medidas por los precios internacionales es superficial ya que sólo en la Argentina hay inflación alta, y es eso lo que mueve al gobierno a meter la mano en el bolsillo ajeno.

Interesante el dato que pone el columnista en boca de Néstor Kirchner cuando lo defiende a Moreno: «Mire, en un gran equipo que tuvo River, el mediocampo lo formaban López, Alonso y Merlo. López y Alonso jugaban porque Merlo hacía el trabajo sucio. Peleaba cada pelota».

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


El profesor hurga en su biblioteca buscando antecedentes para los aumentos de retenciones a la soja y el girasol dictadas por el gobierno. Encuentra nada menos que en Carlos Marx la descripción de un sistema «asiático» de producción. La Argentina sería un país en donde los mandarines o funcionarios que centralizan el poder explotan a toda la sociedad porque se apropian de la plusvalía para pagar sus excesos en el gasto público. Todo esto le parece a Grondona horroroso porque cree que la voracidad del Estado va a terminar dejando al país sin carne, ni soja, ni impuestos. O sea, que se viene un terrible final.

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