En tiempos de ventarrón ético, Luis D'Elía entró en zona de turbulencias. Deberá explicar en las próximas horas ante la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires si incurrió en cobros indebidos al aceptar que el gobierno de Hugo Chávez le pagase los gastos para participar en Venezuela de la campaña oficialista por el referéndum de revocatoria de mandato. Algunos creen, además, que tal vez alguna «banelco» contribuye con otras ayudas desde el lago Maracaibo.
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El jefe piquetero más cercano al gobierno relató a este diario cómo el «comandante» (como lo llama a Chávez este legislador por La Matanza) le había cedido el primer lugar en el uso del micrófono en el acto de lanzamiento de esa campaña en el teatro Teresa Carreño, el más importante de ese país. Todo un mérito: nadie ignora el amor de Chávez por el micrófono.
Ayer reveló en un diálogo con «Radio 10» que los gastos para esa participación corrieron por cuenta del gobierno venezolano -pasaje y estadía-, dato que repercutió rápido en Caracas, tanto que fue sumado a los argumentos de campaña por los opositores de Chávez.
En Venezuela, el costo lo pagará el oficialismo pero en la Argentina el socio del gobierno en patria piquetera entra en la lista de los viajeros frecuentes pero con problemas. ¿Acaso uno de los reproches que se le hicieron al nuevo embajador en España, Carlos Bettini, no fue haber aceptado pasajes de una empresa? (y eso que en ese momento no era funcionario? ¿No recordó D'Elía que un comprovinciano -y correligionario porque los dos son peronistas- como Alieto Guadagni debió peregrinar por tribunales explicando que no fue delito viajar a cuenta de una empresa italiana, que era proveedora, justamente, de la administración provincial de Antonio Cafiero que él integraba?
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