Mauricio
Macri toma
juramento
a Horacio
Rodríguez
Larreta
como titular
del Ministerio
de
Coordinación,
más
conocido
como
Jefatura de
Gabinete.
Mauricio Macri les dijo: «Es hora de que acabemos con la parla. Para nosotros no hay asueto, todos a trabajar», pero lo cierto es que los ministros no pudieron. El asueto a la administración pública hizo que encontraran los despachos vacíos y apenas, hasta pasado el mediodía -algunos más, otros menos-, se entregaron a conocer las instalaciones, la ubicación de las oficinas en los cuatro pisos del edificio y a verificar la cantidad de sillas y computadoras que necesitarán para sus respectivos gabinetes.
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La primera jornada, en las oficinas del Gobierno porteño, la dedicaron los equipos de los funcionarios a ordenar cajones, cambiar sillas y, en algunos casos, a la limpieza. Casi un clásico en los palacios vacíos, hasta hubo quienes denunciaron el correr de roedores por los entretechos.
Macri, aseguraron algunos allegados a la escena, fue casi el único en concluir en que su despacho estaba en buen estado y no lo quería modificar. Es que el lugar fue reciclado por Jorge Telerman no bien suplantó a Aníbal Ibarra tras su destitución, y el corto tiempo de su estada frente a la Capital Federal lo preservó del deterioro.
En cambio, la situación en el ala opuestaa la del jefe de Gobierno porteño, en el primer piso, no fue la misma. Allí también se desplegó pintura, pero la gestión Telerman no llegó a completar la obra del piso, quizá uno de los más descuidados en su momento por la gestión Ibarra.
El día lo iniciarán con la primera reunión de gabinete, a la que ha convocado Macri para las ocho de la mañana con horario fijo -de 8 a 10-, pero será un excepción, ya que reemplazará a la planificada para ayer y las posteriores. Macri impuso que el gabinete debe reunirse en pleno cada lunes en ese horario y pretende contrapesar así el estilo Néstor Kirchner, ausente de esas tenidas del conjunto de funcionarios a cargo de las áreas.
También se ha impuesto hacer conferencias de prensa o comunicaciones variadas periódicamente y quiere que cada quince días el gabinete se traslade a algún lugar de la Ciudad, algo que también hizo ya Telerman, con la idea de «acercarse a los vecinos».
El debut de los ministros estuvo además enmarcado por la escena callejera. A la habitual custodia de las entradas a las dos sedes del Gobierno porteño (la propia y el anexo Casa de la Cultura o ex edificio de La Prensa) se agregó todo el despliegue por el operativo de seguridad para la asunción de Cristina de Kirchner. Pero eso no fue nada con el retumbar del discurso de la Presidente que se amplificaba en la Plaza de Mayo y llegaba a los pisos en la jefatura porteña. A ese clima se agregaba el barullo y los cánticos de los grupos militantes que desde temprano ocupaban la plaza y ya casi al caer la tarde la estridencia del show orquestado como cierre de la jura de la Presidente.
Todo un ensayo para el nuevo gobierno, que al menos ayer pudo conocer cómo actúa el palacio municipal de caja de resonancia en cada ocasión de manifestaciones, protestas piqueteras o actos oficiales, que inclusive Macri deberá autorizar y hasta permitir los cortes de calles, como los de ayer, que obligaron a los funcionarios de su staff a caminar varias cuadras hasta reencontrarse con sus automóviles.
En la reunión de gabinete de hoy, esperan, por caso, que sea el propio Macri quien resuelva algunas cuestiones domésticas que aún los develan, como el ingreso al edificio: algunos tuvieron que explicar que eran nuevos empleados, para que los dejaran entrar.
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