T ras su polémica propuesta de nueva revisión de las concesiones de servicios públicos y del eventual reemplazo de empresas extranjeras por grupos de capital nacional al frente de las privatizadas que den un mal servicio, Néstor Kirchner dio otro indicio sobre lo que sería su plan económico. Al hablar ante unos 50 sindicalistas de segunda línea invitados ayer a la Casa de la Provincia de Santa Cruz, dijo que piensa lanzar un plan de obra pública generalizado, con la participación de los mismos grupos económicos nacionales y los propios sindicatos en la elección y realización de las obras.
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La sorpresa vino cuando analizó sobre la fuente de financiamiento de este plan de infraestructura, más ambicioso que el fallido sistema que pensó Nicolás Gallo en los mejores días de la Alianza. Según Kirchner, el dinero para estas obras provendría de la emisión monetaria; que según la visión del candidato no generaría inflación sino que serviría para garantizar la reactivación económica. Kirchner habló de la posibilidad de emitir más allá de las reservas para financiar la obra pública y sus proyectos de refundar un Banco Nacional de Desarrollo (BANADE), «sin miedos». Para que no queden dudas completó su tesis asegurando que « durante la década del '90 se nos dijo que no se puede emitir más allá de la relación que se tiene que tener con las reservas, sino hay hiperinflación; yo digo que tenemos que salir de este concepto ortodoxo porque la emisión, si va de la mano del crecimiento genera el consumo y el mejoramiento del poder adquisitivo». Al hablar sobre el destino que tendría este dinero fresco dijo que «nada mejor que una fuerte obra pública para que se incorpore a los trabajadores».
Sabiendo que esta idea generará quizá más críticas que la propuesta de renacionalizar los ferrocarriles, Kirchner atacó a los «cultores del neoliberalismo» y a las «brujas del pasado» que lo acusan de «estatizador y nostálgico-». Los sindicalistas llegaron hasta la Casa de Santa Cruz -edificio pagado por el Estado para ser usado sin vergüenza en actividades privadas de proselitismo del señor Kirchner- de la mano del jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof.
Embajadores de varios sindicatos nacionales pero de menos talla, casi unos «gorditos», reclamaron a Kirchner sumarse a la consigna lanzada el miércoles por el candidato de ir mutando empresas internacionales por otras de capital nacional en el caso que desde el Estado se decida dar por terminadas algunas de las concesiones a los servicios públicos. Los representantes gremiales reclamaron que se los tenga en cuenta para hacerse cargo de algunas eventuales concesiones caídas en un futuro, de manera natural o provocada, como los ferrocarriles, peajes, aeropuertos y la generación y distribución de energía «de igual a igual con los grandes grupos nacionales», según confesó a este diario uno de los sindicalistas participantes de la reunión.
En otro capítulo de lo que fue la explicación de su eventual plan económico, Kirchner habló de los pasos a seguir en una reforma tributaria. En un concepto muy similar al que impulsó en su momento José Luis Machinea al comienzo de la gestión de la Alianza, y que fue bautizado históricamente con el nombre de «impuestazo». El patagónico dijo que en su mente tiene pensada «una reforma tributaria» basada en la creación de «un fuerte Impuesto a las Ganancias» que persiga «a los grandes grupos económicos», que según su análisis fiscal general existe una evasión «de más de 40.000 millones de pesos anuales».
Dijo que con esto se logrará recaudar unos 6.600 millones de pesos mensuales ya al comienzo de su gestión, «que se asignarán inmediatamente a la obra pública». Para la foto, Kirchner embistió finalmente luego contra los ministros de Economía de los últimos años y prometió que si no se hace lo que él considera es la salida a la recesión, lo que aparecería será un escenario «similar al de Bolivia de la semana pasada». La despedida fue sobre la política exterior: «No al ALCA».
Entre otros, congregados por los gremios más cercanos al gobierno de Eduardo Duhalde y llevados hasta la Casa de Santa Cruz por el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, escucharon y lanzaron sus propuestas el aeronáutico Ricardo Cirielli; de la Asociación Argentina de Trabajadores de las Comunicaciones, Héctor Capaccioli; de empleados del PAMI, Adolfo Conde; de Marina Mercante, Raúl Herrera; el metalúrgico Luis Alberto García Ortiz y el pastelero Luis Hlebowicz, entre otros. También estuvieron representantes de los gremios del calzado, construcción, tabaco, cuero, aceitero, petróleo, personal legislativo y docente.
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