El discurso de Rafael Bielsa se cuidó de dirigirse personalmente, en estilo que ya instaló Cristina Fernández en el acto de lanzamiento en La Plata, al Presidente. «Presidente Kirchner, a las cosas», remató orteguianamente la pieza del canciller, acuñada con préstamos de casi toda la biblioteca: de Eladia Blázquez («Argentina también es Milstein, Leloir, Saavedra Lamas, Hussay y Pérez Esquivel») a Homero Manzi («Dela Rúa, 20 de diciembre, paredón y después»), pasando por Jorge Asís («Bastade democracia taciturna») y José Narosky («Notener gloria no es lo mismo que no tener trayectoria»).
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Ataviado como un actor de unipersonal (traje y remera negra) se cuidó de atacar a todos sus adversarios: los «esperpentos que tuvieron su cuarto de hora» (¿Menem, Cavallo?, de quienes fue funcionario, así como de De la Rúa), Elisa Carrió (se burló de sus muletillas: «¿Mesigue, digo?»), Mauricio Macri («aquel que opina que el dinero todo lo puede») y quienes lo acusan de no conocer la ciudad a la que quiere representar («¡Bastade hablar de diluvios y de letrinas públicas!»).
Aquí unos párrafos de muestra de la prosa del candidato:
• «Estamos aquí para formar parte de la reconstrucción de una Argentina digna, lejos de los esperpentos que tuvieron su cuarto de hora, un cuarto de hora que pareció durar siglos. Formar parte de la reconstrucción de una Argentina inclusiva, en la que el trabajo decente vuelva a ser el modo por excelencia del ascenso social.»
• «Aunque el esfuerzo que falta sea mayor que el que hemos hecho, las cosas pueden ir mejor. Aunque nos acechen palos en las ruedas, las cosas pueden ir mejor. Aunque los logros por alcanzar sean mayores que los obtenidos, las cosas puede ir mejor. El presidente Kirchner lo sabe. Cuanto más puro es el sacrificio más veloz es el progreso.»
• «Vengo del mundo. Es mentira lo de una Argentina aislada. Leo los mismo diarios que leen los que lo dicen, pero por suerte hablo con los mismos interlocutores. Los diarios no anuncian a una Argentina condenada al aislamiento. Los interlocutores de ellos sí, porque han dejado de cobrar las tajadas a cambio de las cuales decían que la Argentina estaba integrada.» . «¿La Argentina integrada era la de la Embajada de Israel y de la AMIA, la del Swiftgate y el Yomagate, la de la venta de armas a Ecuador y Croacia, la que necesitaba hacer trabajar a la Cancillería dos años para poder ponerle un ponchito de vicuña a Isabel II, la reina de Gran Bretaña.»
• «¿Qué contrato moral, me pregunto, puede contener una cláusula que obligue al que lo firme a alegrarse si los peronistas se matan los unos a los otros, como se alegró Carrió?»
• «La Argentina pagó demasiado caro que dejaran de humear las chimeneas de las fábricas para que pudieran humear los habanos en las oficinas desde donde se manda dinero argentino a los paraísos fiscales.»
• «No queremos un capitalismo periférico prolijo y profundamente excluyente. Basta de democracia taciturna: nadie vino aquí sólo a administrar saldos y retazos.»
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