7 de diciembre 2001 - 00:00

Concertación: firman Alfonsín, Menem, provincias y empresarios

Carlos Menem le brindó a Fernando de la Rúa lo más que podía darle. Le escuchó las cuitas y se dijo dispuesto a reunirse cuando el Presidente se lo pida. Fue en la noche alta del miércoles, cuando De la Rúa lamía heridas con un fax del comunicado del FMI en una mano, rodeado por Chrystian Colombo, Nicolás Gallo y Rafael Pascual, y con la amenaza de que llegase a Olivos, cerca de la medianoche, el propio Domingo Cavallo.

Pidió una ronda de llamados que empezó con el riojano que estaba en la sobremesa en su departamento de La Lucila.

De la Rúa
le leyó el comunicado, le explicó que no venía el tramo prometido por el Fondo para diciembre. «Pero seguimos hablando; no se han interrumpido las conversaciones con el Fondo, como dicen por ahí», se explayó el Presidente.

Menem se dio por enterado y recibió una vaga invitación. «Si es necesario, vamos a llamar a la dirigencia política de todo el país.»

Menem: «Cuando me necesiten, voy», cerró la charla.

Cuando quedó a solas, completó el riojano: «Pero cualquier reunión, que sea en público; no estoy para reuniones secretas».

Con más crudeza, el riojano completó ayer su diagnóstico: «Si se caen, que se caigan solos; no los empujemos, pero tampoco aparezcamos cogobernando. Y, si nos llaman, vamos como partido», deslizó en la sede del partido ayer ante pocos que escuchaban.

Con este broche y una promesa de que la cumbre de los gobernadores «federales» que coordina nada menos que su segundo en comando (
Ramón Puerta) será pacífica y para ayudar, el gobierno confía en que le mostrará al mundo el retablo de un acuerdo político. Hoy visitarán la Casa de Gobierno, entre otros, Raúl Alfonsín, Carlos Ruckauf y, si le aseguran el marco adecuado, el propio Menem.

No logró ayer, en cambio, que
Puerta se acercase a la Casa de Gobierno, pese a la serie de telefonazos que fatigaron los oídos del misionero para tratar de seducirlo. El futuro presidente del Senado recibió el primer llamado también en la noche del miércoles. Le propinaron la lectura y comentario del comunicado del FMI con este agregado de De la Rúa: «Acá dice que en la Argentina hay problemas políticos».

Puerta: ¿Qué quiere decir eso?

De la Rúa: ¿Qué se yo? A lo mejor, que nunca podemos discutir entre nosotros.

Puerta
ofreció su presencia en cualquier acuerdo, pero ayer se resistió a aparecer por el despacho de Colombo, quien lo llamó por lo menos diez veces a lo largo de la jornada. Con Eduardo Camaño (que será el presidente de la otra cámara, Diputados, desde el lunes), Puerta se complotó para no regalar fotos equívocas. Esperan que primero muevan en el nivel Menem, Ruckauf, Duhalde (esta semana, en un spa de Córdoba, raramente sin Chiche González) y que termine la cumbre de Puerto Iguazú.

Sabe
Puerta, además, que el lunes 10 de diciembre es el gran día: se cumplen 18 años de la democracia, habrá algaradas de todo tipo, nuevas autoridades legislativas y también estará de vuelta Domingo Cavallo de los Estados Unidos con algo en la mano.

Los ejes del acuerdo político que quiere mostrar el gobierno entre hoy y el lunes fueron tema recurrente de las principales reuniones de ayer en gobierno:

* Las tensiones estallaron durante la reunión de gabinete en la cual
Cavallo expuso, en contrapunto temperamental con Colombo, la necesidad de buscar un nuevo acuerdo con el FMI. «Acá han opinado los auditores del Fondo, que son gente ya sabe cómo. No entienden mucho y opinan bueno o malo.Ahora tengo que ir yo, como gobernador (algunos comentarios en el fondo, que el ministro responde)...; sí, gobernador. Como ministro de Economía, soy gobernador del FMI, y tengo que escuchar a las autoridades qué es lo que quieren.»

*
El monólogo en que se resolvió la reunión de gabinete (reservada a los ministros, con excepción de Jorge de la Rúa, retenido en un congreso en Santiago de Chile) incluyó el objetivo del viaje: «Si al Fondo no le gustó lo que hacemos, que nos digan qué quieren, porque acá venimos de un canje interno exitoso y ahora les toca a ellos». ¿Cómo?, y explica: «El Fondo es acreedor nuestro y quiero ver si va a entrar o no en el canje externo y por qué nos está apretando restándonos los fondos justo ahora, que vamos a discutir con ellos como acreedores».

* En ese momento, comenzó el cruce ríspido con Colombo. El jefe de Gabinete le reprochó, sin mirarlo, dirigiéndose directamente hacia De la Rúa, que con ese ánimo sólo termina peleándose. «No es así, Presidente, soy el mejor negociador, siempre traigo lo que voy a buscar.»


* Colombo: «No es así, con espíritu no se logran las cosas».


*Cavallo: «No es cierto, no es cierto».


El Presidente los calló con un ademán, levantó la reunión y ordenó que nadie comentase el incidente: «Una anécdota de pelea puede arruinar el trabajo de una reunión, y ésta ha sido una buena reunión», mandó el Presidente. Se encerró a solas con Cavallo y, al rato, llamó a Gallo, Colombo y Mestre, a quienes les ordenó que completasen la agenda de llamados a punteros de todos los partidos.


*
Antes de que Giavarini se retirase, De la Rúa aprovechó su presencia para mantener un largo diálogo por teléfono con Fernando Henrique Cardoso: «Espero que esto que nos pasa no tenga consecuencias para ustedes; es lo que siempre me preocupa más», le dijo a su colega del Brasil después de leerle -como a tantos a lo largo del día-el fax ya casi borrado del comunicado del Fondo. De ahí, el Presidente pidió un retiro para echar un sueñito. Tenía por la noche una cena del Foro Empresarial Mercosur-Unión Europea y quería estar fresco.

*Temprano, escuchó las misas letanías sobre el comunicado del FMI Carlos Reutemann. Tardó poco en responder a la invitación de Colombo y tuvo su recompensa. Vio el enojo de De la Rúa por la demora en ejecutar la orden por decreto de que se les envíen los bonos LECOP a las provincias. Los gobernadores empezarán a recibirlos el lunes.


*
Más tarde, estuvo José Manuel de la Sota, a quien recibió el propio De la Rúa junto con Adalberto Rodríguez Giavarini, Colombo y Rafael Pascual. Giavarini venía adormilado después de pasarse noche y madrugada telefoneando a cancilleres de países miembros del board del FMI pidiendo ayuda para el desembolso retenido. El cordobés trajo la queja colectiva de los gobernadores por el desplome de la recaudación por la caída de la actividad económica en la última semana. «Nadie paga nada, y además, tengo que venderle el banco a alguien», se lamentó. «Es difícil que una provincia escape al destino de todos», le respondieron. «Por eso, esperamos que nos den una mano.»

*Colombo concentró la exposición ante De la Sota en un solo objetivo: el acuerdo en torno al nuevo presupuesto. Clarito, le ordenó: «El peronismo tiene que acordar un programa realista y con los recortes que nos piden del Fondo en un nuevo presupuesto. Y que sea para 2002 y 2003. Con eso, nos salvamos», dramatizó el jefe de Gabinete antes de despedir al gobernador.

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