5 de marzo 2008 - 00:00

Confesiones en la carpa vip

Escenas en el palco: el fotógrafo presidencial Víctor Buggé separa a Cristina de Kirchner de un activista camionero quequería hacerle llegar a la Presidente una inquietud. Hugo Moyano (der.) mira de reojo a Néstor Kirchner en el momentoen que dominó el escenario.
Escenas en el palco: el fotógrafo presidencial Víctor Buggé separa a Cristina de Kirchner de un activista camionero que quería hacerle llegar a la Presidente una inquietud. Hugo Moyano (der.) mira de reojo a Néstor Kirchner en el momento en que dominó el escenario.
«Es el hecho más importante desde que asumí... fue impresionante, Hugo; muy compacto y ordenado.»

Sorprendida, casi excesiva, Cristina de Kirchner no paraba de hablar maravillas de lo que había visto: 25 mil -según los organizadores, la cifra fue de 40 mil-camioneros, ordenados casi como colegiales, cantando en un coro masivo el Himno Nacional.

Con algo de envidia, cuando el camionero le pasó el informe de que había «35 mil en la cancha y 5 mil afuera», la Presidente se reprochó: «¡Ufff!... en la Plaza del Congreso había 5 mil» comparó, confesional, respecto de la movilización para la Asamblea Legislativa.

  • Living coqueto

  • Había recorrido, junto a Moyano, la pasarela frente al escenario posando con los camioneros para luego recluirse en la carpa montada para los invitados vip. Coqueto, el camionero mandó a armar una especie de living con sillones y un sofá de tres cuerpos. Todo color hueso.

    Allí, casi a solas, esperaron a Kirchner -al que Moyano llamó «vicepresidente», pero rápido se corrigió como ex presidente-, atrapado en la marea de abrazos y besos. En esos minutos, la Presidente elogió la organización del acto y lo calificó como el hecho más importante, en términos políticos, desde que asumió el 10 de diciembre.

    «Me salió barato: un palo», dijo más tarde Moyano cuando relató los pormenores de su charla con la Presidente, agua mediante, al amparo de la lluvia y del calor húmedo: el vip, obvio, tenía aire acondicionado además de un modesto servicio de lunch: sanguchitos de miga.

    Allí anduvo Kirchner luego a los abrazos con los múltiples hijos y nietos del camionero. No apareció Liliana, ni el hijo mayor del jefe de la CGT; sí estuvieron Hugo junior, Pablito y Facundito, entre los que se dedican al gremialismo y/o a la canción.

    En ese aparte, Moyano definió su propio cuadro de honor: sólo José Luis Lingieri, Abel Frutos y Omar Viviani tuvieron acceso a la carpa vip mientras estaban los Kirchner. Ni «Momo»

    Venegas, el jefe de las 62, pudo entrar a ese efímero círculo áulico.

    La cerrazón del camionero revela, en realidad, lo contrario: al megaacto de Deportivo Español, que impactó a propios y extraños, no fue ninguno de los sindicalistas pesados que están por fuera de la estructura de la CGT moyanista. Ni siquiera aquellos no enemigos.

  • Presencias y ausencias

    También, hacia la cosmogonía kirchnerista, las presencias y las ausencias dijeron mucho: el eje Planificación, con Julio De Vido, Ricardo Jaime y Guillermo Moreno, estuvo presente, al igual que el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y el ubicuo Oscar Parrilli.

    Faltaron, sin embargo, los ministros políticos: ni Alberto Fernández -a quien Moyano responsabiliza de todos los embates en su contra-ni Florencio Randazzo. Con Aníbal Fernández acordó el operativo de seguridad para evitar incidentes.

    Hace tiempo, Moyano le confiesa a su entorno que teme que le «armen un quilombo». Ayer no fue la excepción: pidió extremas medidas de seguridad y control absoluto sobre los que ingresaban al estadio. El mismo temor explica que se mueva con su corte de custodios.
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