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La designación del secretario de Seguridad esconde mil matices políticos, tantos como las vidas de Iribarne. Algunos lo querrán entender solamente como un paso al frente del jefe de Gabinete. Y tendrán razón. Pero si alguien quiere verlo como una reivindicación de Carlos Corach (tan luego en el área de Justicia, donde más vapuleada fue su figura), también tendrá razón: Iribarne fue su segundo en Interior y, más que eso, quien lo convirtió en peronista, allá por los '60, cuando los dos secundaban a Jorge Vanossi y a Alberto Spota en las cátedras de Derecho Constitucional y Derecho Político de la UBA.
En la escuela de canto de Iribarne también aprendió la marcha Chacho Alvarez, con quien militó en el grupo Vísperas, una de las expresiones más críticas del gobierno militar que se registraron en el peronismo (a la pluma de Iribarne se le debe el pronunciamiento de este sector frente a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA en denuncia de las violaciones a los derechos humanos).
Seguramente Kirchner habrá tenido en cuenta este aspecto del currículum.
Festejaban ayer en el gobierno otros ex funcionarios del menemismo con el ascenso del secretario de Seguridad: alguien que fue señalado por haber cobrado sobresueldos en aquella administración llegaba a la máxima designación dentro de un gabinete. Desde Martín Redrado hasta Abel Fleitas Ortiz de Rozas (subordinado ahora de Iribarne en la oficina anticorrupción), que han sido mortificados en este aspecto por su pertenencia a aquella administración, dormirán más tranquilos ahora.
Si se quiere mirar esta designación -que Chacho Alvarez llamaría « polisémica»- como un guiño amistoso hacia Eduardo Duhalde, también tendrá derecho a hacerlo. Iribarne fue siempre el más fiel representante de Duhalde en el PJ Capital. Lo cultivó en los momentos de máximo enfrentamiento del bonaerense con Menem,
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