Conducir el bloque peronista de la Cámara de Diputados nunca fue una tarea fácil. La ecuación política de esa bancada es siempre la misma y se repite en otras fuerzas: a mayor acumulación de poder, más conflictos internos y más dificultad para acordar. Esa constante se potencia cuando se acercan tiempos electorales o encrucijadas políticas.
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Esa sensación es la que hoy recorre al kirchnerismo de Diputados y las causas son muchas. Parece, al menos, que se hizo una pausa en esa máquina de votar leyes en que se convierte el peronismo -sucedió en casi todas sus épocas- cuando está en tren de consolidar su poder como mayoría.
Mientras en lo económico el gobierno muestra un frente calmo, la política se complica en el Congreso. Las alternativas de las internas en las provincias ya comenzaron a amenazar la calma que el Frente para la Victoria exhibía en Diputados, con una mayoría absoluta -en alianza con el otro kirchnerismo, el bloque Peronista Federal- que aleja cualquier peligro.
Falta de entusiasmo
El panorama hoy está marcado, entonces, por una falta de entusiasmo, de incentivos y de contención entre los diputados oficialistas que contrasta con la euforia que reinaba sólo hace seis meses.
El primer dato que complica hoy la calma de los diputados oficialistas es la falta de definiciones en las internas provinciales. Al adelantarse un año los tiempos electorales, también lo hicieron la impaciencia y las dudas que caracterizan esos procesos y paralizan a los bloques del Congreso.
Cuanto más se demora la definición en las candidaturas, más crece la interna en la bancada. El problema es que falta un año para los comicios.
En ese esquema el propio Agustín Rossi está involucrado hoy en esas pujas provinciales al seguir en carrera para la gobernación, al punto de lanzarse oficialmente esta semana con un acto en Rosario. Esa falta de definición de Kirchner sobre el futuro del peronismo en Santa Fe es otro de los elementos desestabilizantes.
A la cabeza de las complicaciones que cambian el humor de los hombres dirigidos por el santafesino Rossi, están los roces por la «concertación» de Néstor Kirchner con los gobernadores e intendentes radicales. Muchos peronistas no saben cómo se acomodarán en las provincias hoy gobernadas por la UCR aliada al gobierno cuando se cierren las listas. Hasta Miguel Pichetto, paradigma de la lealtad en la conducción del Senado, ya hizo escuchar su protesta por haber peleado por años contra Miguel Saiz en Río Negro y ahora ver al gobernador como privilegiado del Presidente.
Premio
En esa categoría los mendocinos se llevan el premio. Julio Cobos, cabeza del radicalismo K, le está provocando más problemas a Kirchner hoy en Diputados que los tironeos de los propios peronistas.
En las últimas semanas se sumaron otras tensiones que, desde afuera, impactan en la tranquilidad del bloque. La desaparición de Jorge López se convirtió en una obsesión de los bonaerenses, que ven el costo político del hecho como una amenaza que no pueden controlar: «El gobierno es claro en el mensaje y dio muestras claras de que está haciendo lo imposible por buscar a López. Pero hay una realidad: no aparece. Esto lo pagan ya tanto Solá como el gobierno», se decía el jueves pasado en la mesa de conducción.
El gobierno, mientras tanto, prefiere estar ajeno a las discusiones dentro de la bancada y de todo el Congreso en general. En ese mar de indefiniciones prefieren, inclusive, que ciertas comisiones, como la de Transporte, no se reúnan para evitar incómodos planteos de la oposición en torno de los subsidios que distribuye Ricardo Jaime.
Esa contención del oficialismo a la presión del radicalismo, el ARI o el PRO, en algunos casos falla ante lo irremediable de la realidad. Hace una semana en la Comisión de Justicia, que preside la entrerriana Rosario Romero, la oposición exigió la presencia de Alberto Iribarne, ministro de Justicia, y del subsecretario de Asuntos Penitenciarios, Federico Horacio Ramos. El momento era clave: presos en huelga de hambre en la provincia de Buenos Aires, un fallo de la Corte Suprema provincial en marcha para declarar inconstitucional un artículo del Código Penal y bajar así la presión y la amenaza de motines en puerta.
Romero, del Frente para la Victoria, no pudo hacer otra cosa que llamar al ministerio. La respuesta que obtuvo fue peor que el planteo de la oposición: los funcionarios estaban en el exterior. La oposición ganó así otra pequeña batalla.
Esos errores de estrategia, que demuestran el estrés con que se está moviendo la bancada, se pudieron ver en el recinto de sesiones la semana pasada. Carlos Snopek, presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, había puesto en tratamiento en su comisión una ley que declaraba la emergencia agropecuaria en todo el país por las sequías que amenazan al campo. En medio de ese tratamiento, « alguien» llamó desde el Poder Ejecutivo, e inmediatamente se le bajó la categoría a la de resolución.
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