7 de marzo 2008 - 00:00

¿Contubernio con el macrismo?

MauricioMacri y AlbertoFernández.
Mauricio Macri y Alberto Fernández.
Hoy, casi como una avant première, ocupará espacio periodístico el quincho gastronómico -frugal para colmo, los dos se cuidan exageradamente- de Alberto Fernández y Mauricio Macri, ambos devotos de las ensaladas. Se sabe que son enemigos, cruzaron armas en más de una ocasión, pero desde que llegó el ingeniero boquense a la Capital, razones de Estado aliviaron esas controversias. Nudo del encuentro: el pase de la Policía Federal al dominio porteño, con o sin ayuda económica del gobierno, o la creación de una fuerza alternativa por parte de Macri (quien, para resolver cuestiones de seguridad, se concentró obsesivamente en esta iniciativa). Como si fuera Yalta, culminarán con una foto para los diarios. Aunque, en apariencia, el reparto del mundo comenzó antes. Al menos, es lo que se habla: 

  • El macrismo pudo avanzar en la Legislatura casi sin tropiezos, sorpresa que conmueve a toda la tropa del PRO (imaginaba batallas interminables), la que ahora establece amables tertulias con los representantes. De pensar en no poder gobernar por trabas de la Casa Rosada, terminan preguntándose por qué tienen problemas para gobernar si nadie los acosa.

  • Macri, como sus antecesores Telerman e Ibarra, miró para otro lado -por decirlo de alguna manera- en la cuestión expansiva del juego en el hipódromo de Palermo, en la ampliación contractual que Néstor Kirchner le cedió, antes de retirarse a Puerto Madero, a la empresa de su amigo Cristóbal López. No fue, por parte del PRO, el silencio de los inocentes.

  • También parecen coincidir ambos gobiernos en un enredo común con el monopolio "Clarín" (es pública la fraternidad kirchnerista reflejada, por lo menos, en la tapa de los domingos; nadie podrá negar el cuidado de Macri, a su vez, con quienes evitaron maltratarlo en Boca). Hay investigaciones en el nuevo Gobierno porteño que, al parecer, han sido archivadas: seguramente porque carecían de entidad, no porque involucraran a ex funcionarios vinculados a ese grupo económico, el cual, por otra parte, esta semana presentó en la Bolsa un balance insólito de su controlada Papel Prensa, en el que disfraza su abrumadora mayoría accionaria bajo el manto de su (también controlada) Cimeco, que agrupa a sus diarios del interior. La empresa decidió no capitalizar parte de sus utilidades porque -según dijeron en un comunicado bursátil- no valía la pena hacerlo por lo pequeño del monto. El gobierno, que tiene parte del capital y cuyo director-representante es el propio jefe de Gabinete, Alberto Fernández, accedió sin chistar tanto a los números presentados como a la resolución de la mayoría. Parte, obviamente, de un acuerdo explícito con el grupo Noble-Magnetto.

  • A su vez, la mezcla de intereses de una empresa que gana licitaciones kirchneristas como si fuera santacruceña, de los primos de Macri (de la cual, reiteradamente, "no tengo nada que ver" suele decir él), ha generado al menos una corriente de simpatía entre los que parecían enemigos en la política. Tanto que hasta vale la última confrontación pública de un delegado de Macri (Diego Santilli) con el ex intendente Aníbal Ibarra, cobijado por el kirchnerismo y en particular por el jefe de gabinete Fernández. Vale esta muestra de que la insolidaridad política se paga. Fue el miércoles cuando Diego Santilli, presidente de la Legislatura macrista, cuerpeó la denuncia de Aníbal Ibarra -la primera fuerte que hace desde que lo voltearon de la intendencia-sobre amiguismo en contratos. Se cruzaron Santilli e Ibarra por TV. El ex jefe de gobierno dijo que la obra del Maldonado (dos megatúneles) que costará u$s 200 millones la había adjudicado Telerman a una empresa extranjera a la que nunca le autorizaron a empezar la obra. Esa empresa, cuando ganó las elecciones Macri en junio pasado, se asoció a Iecsa, firma del grupo Macri administrada por la rama Calcaterra y que con eso había logrado destrabar el expediente. "No discuto cosas personales", dijo pálidamente Santilli.

    Tampoco defendió a Macri cuando Ibarra se rió de que el nuevo gobierno había mandado a la Legislatura a pedir plata para esa obra cuando ya tenía un crédito acordado por el BID que habían gestionado ,juntos, Ibarra con el propio Santilli. Fue éste quien trastabilló:

    - Aníbal, pero no lo votamos.

    - Pero pidieron dinero cuando ya estaba el crédito, replicó Ibarra. No tenían idea de lo que mandaban, Diego.

    Final de una historia que acompaña a la creación de otra policía, o un apéndice de la Federal, anticipo de otras historias en las que los roles no parecen demasiado claros.
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