Cristina de Kirchner debe ser el centro de la atención entre el 9 y el 10 de diciembre, y ningún otro evento debería torcer las luces que deben adornar la toma de mando de la futura presidente. Por esto, además de las cuestiones locales, dos posibles focos de conflicto internacional están siendo seguidos de cerca por el gobierno argentino para intentar que no tengan peso específico durante los actos oficiales del domingo y lunes próximos y empañen así la llegada al poder de la ex senadora.
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Se trata de los posibles problemas que genere la presencia en Buenos Aires del uruguayo Tabaré Vázquez y de las nuevas andanzas por el país de Hugo Chávez. En el primer caso, la situación de Botnia y la segura llegada de manifestantes de Entre Ríos para protestar por la pastera podrían opacar los primeros movimientos de Cristina en el poder. En cuanto a Chávez, y más allá de haber perdido en el referendo del domingo pasado, las posibilidades de conflicto se centran en posibles cruces con el colombiano Alvaro Uribe y el príncipe Felipe de Borbón, quienes ya confirmaron su presencia en los actos del próximo domingo.
«Un huevazo a Tabaré y se pudrió el acto», reflexionaba ayer, con cierto tremendismo, ante este diario un alto representante del gobierno sobre lo que podría pasar con el uruguayo durante los actos del domingo y el lunes. Sucede que ya están confirmados «escraches» de los manifestantes de Entre Ríos, que prometen seguir de cerca los pasos del oriental por Buenos Aires. Será la primera vez, desde que el caso está en discusión en La Haya, que Vázquez circule por la Argentina, con lo que la atención de los manifestantes sería impredecible. Más si se confirmara la amenaza de la presencia de militantes de Quebracho solidarizados con los vecinos de Gualeguaychú. Pero también preocupan las eventuales declaraciones poco amistosas sobre el caso Botnia del propio Vázquez y de su ministro de Relaciones Exteriores, Reynaldo Gargano.
Confianza
Por todo esto, se espera que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, se encuentre en algún momento de los actos con el secretario general de la Presidencia de Uruguay, Gonzalo Fernández, para garantizar la seguridad y la prudencia de los visitantes durante la asunción de Cristina.
La misma fuente reflexionaba sobre la situación de Chávez en su nueva visita al país, en este caso para recibir a la ex senadora como presidente. «Ningún visitante amigo tiene en mente arruinarle la fiesta a otro, y Uribe, el príncipe Felipe y Chávez son amigos. Confiemos en eso.» La frase apunta a que, pese a sus diferencias, ni el venezolano, ni el colombiano ni el heredero de la corona española tomarán los actos próximos como un escenario ideal para dirimir verbalmente sus diferencias. En el primer caso, se trata del despido del venezolano como mediador ante las FARC, y en el segundo, se temía el deseo de venganza del hijo del monarca luego del ya famoso «Por qué no te callas» de la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile.
Desde el gobierno argentino se asegura que no serían ni Uribe ni el heredero español los que podrían provocar al venezolano. Pero se reconoce también desde Buenos Aires que Chávez es en general impredecible, y que ya sus movimientos son seguidos habitualmente por un ramillete de micrófonos de todo tipo ansiosos de sus explosivas declaraciones. Más teniendo en cuenta que las del próximo domingo serán sus primeras apariciones luego de haber perdido electoralmente la posibilidad de quedarse en el poder para siempre.
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