Política

Crisis de distribución

A la luz de la crisis política global que atravesamos, la disputa intelectual por culpar al capitalismo no es nueva. Tampoco envejecerá, sobre todo en los países que realmente lo son y están en mejores condiciones económicosociales para elucubraciones, un análisis más profundo nos permitirá concluir que en eso reside la gran hipocresía mundial, admitir que no toda la culpa es del capitalismo.

Debemos partir de la premisa correcta y esa no es otra que la escasa producción de bienes y servicios que mueven una economía y eso no es culpa del capitalismo “voraz que se quiere quedar con todas las ganancias”. Si tal fuera el objetivo, primero necesitaría producir y luego tener las ganancias y no es lo que está sucediendo.

En este lado del mundo Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay son ejemplos de eso, siendo de derecha, de izquierda, de centro, socialdemócrata o de lo que se le quiera llamar, pero siempre siendo superficialmente capitalista, cada uno de estos estados nacionales se beneficia cuando los precios de los productos que exportan están en alza y se derrumban cuando están a la baja. Y no es culpa de Mr. John Capitalist Doe, que desde su escritorio y con su notebook define qué precios poner en cada situación, “para quedarse con las ganancias”.

En realidad atravesamos una crisis de producción, crisis de incentivos para producir agravada por los incentivos a evadir impuestos. Crisis provocada por confundir qué parte del sistema debe pagar impuestos, debate siempre arropado de un buen relato con frases altisonantes y verdades de Perogrullo, del estilo “quienes más tienen, más deben pagar”. Sin embargo, la racionalidad señala que se debe cobrar en forma prioritaria impuestos sobre el flujo y no sobre el stock, ya que si se achica la torta sobra la cual se tributa, el sistema en forma inevitable deviene en una crisis. El Estado debe planificar sus gastos sobre bases solidas de largo plazo y no sobre bases excepcionales con precios transitoriamente elevados. No hacerlo también provoca crisis recurrentes en nuestra región. No proteger la estabilidad de la moneda y ampliar derechos en épocas de bonanza sin evaluar si son financiables en el largo plazo, son errores que nunca más se deben volver a cometer

Si se quiere comparar indicadores mundiales no hay más que investigar la web. Los estados de Indiana, Colorado, Maryland, Minnesota o Tennessee, en los Estados Unidos, tienen cada uno de ellos un PBI similar al de Argentina con un promedio de 6 millones de habitantes cada Estado. El PBI per cápita en cada uno de ellos supera en más de diez veces el PBI per cápita en Argentina. Si tomamos como ejemplo Minesota, (se observa un comportamiento similar en todos ellos) el PBI privado es el 90.2% del total mientras que en Argentina es el 77%. Además debemos señalar que la comparación no es homogénea porque que el INDEC muestra PBI público lo que se cobra en impuestos, mientras que en EE.UU. se mide como gobiernos, es decir todo lo que eso implica. Esto hace que la diferencia sea aún mayor. Este dato ya muestra gran parte del problema que vivimos.

Es muy evidente que no estaría alcanzando el PBI privado a financiar los gastos que genera el PBI público. Analizando el caso argentino, es solo mediático y poco serio decir que bajando dos asesores de aquí o allá se corrige el gasto público que tiene más del 50% de su presupuesto en jubilaciones y asignaciones sociales. La soluciòn se alcanza iniciando un camino de largo plazo, poniéndose como norte que el PBI público sea cada vez menos porcentaje del PBI total y acordando en el corto como se financia esa transición. No hay que bajar jubilaciones, hay que cobrar más impuestos sobre la base de una mayor producción, no de aumentarlos. Disminuir el enorme porcentaje la economía informal debería ayudar. No se explica por qué no se persigue en forma consistente y persistente tal objetivo . Tal vez porque muchos piensan que está bien que los impuestos los paguen otros.

Es muy difícil para cualquier gobierno barajar y dar de nuevo, sobre todo teniendo en cuenta que cuando se escribe el primer borrador, hay que dejar todo porque hay elecciones. Iniciar el camino es lo disruptivo Eso deberían ser los cimientos de un acuerdo de todas las fuerzas políticas democráticas. Agrandar la torta es bienestar y poner la máquina a funcionar es un deber insoslayable de la dirigencia nacional. Vamos yendo de una vez. Es posible

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