10 de marzo 2005 - 00:00

Crisis SW mostró de nuevo la "dualidad" de Kirchner

Néstor Kirchner hizo más evidente en los últimos meses su dualidad frente a temas clave, como el rol del Estado o el escándalo de Southern Winds. Se ve a un Presidente que critica y rechaza todo recuerdo de la década del '90 y al mismo tiempo repite algunos de esos vicios que detesta. Lo analiza Ernesto Tenembaum -que en algún párrafo le falta algo de claridad al definir conductas de Kirchner- en la revista «Veintitrés» remarcando que esa dualidad se manifestó también cuando el Presidente descabezó a la Fuerza Aérea, pero no aplicó sanción alguna a funcionarios que también «supieron» y no informaron a tiempo. Veamos:

Quizá como pocas veces durante su mandato, estas últimas semanas se expresaron con claridad las diferentes caras del presidente Néstor Kirchner: el que odia la década del noventa y el que repite casi compulsivamente sus peores vicios; el que cree que el Estado debe cumplir un rol creciente en la actividad económica y el que hace lo posible para que el discurso privatista se reinstale con fuerza; el que sienta principios de organización social básicos y el que los viola llamativamente. Kirchner se refirió al escándalo de Southern Winds y dijo que es un ejemplo de cómo se debe luchar contra la corrupción.

La versión es demasiado autocomplaciente. En realidad, ya hay bastantes organismos oficiales que reconocieron haber tenido información sobre el caso de narcotráfico desde hacía meses. Y ninguno informó al Presidente, o el Presidente también sabía y decidió que el comodoro Beltrame siguiera al mando de la seguridad de Ezeiza. El jefe de la Aduana, Ricardo-Echegaray; el ministro del Interior, Aníbal Fernández; el jefe de la AFIP, Alberto Abad, además de la Fuerza Aérea, tenían información precisa desde diciembre pasado. El secretario de Transporte, Ricardo Jaime, cada vez más preocupado por la evolución de la causa judicial, tenía intimidad cotidiana con la empresa desde donde se traficó -y no sabía nada o no lo transmitió-, y los dos jefes de la SIDE estaban también en babia o no hicieron lo que correspondía. Si hay algo claro es que el gobierno no actuó «sin medias tintas». A unos les aplicó todo el rigor; y a otros, ninguno.

El mensaje anticorrupción del Congreso se complementa, de esta manera, con señales equívocas, que serán leídas así por todos los vivillos que ocupan la estructura política y saben diferenciar como nadie las palabras de los hechos.

¿Cuál Kirchner miente y cuál dice la verdad?

El escándalo de Southern Winds ofreció la mejor arma para quienes se oponen al crecimiento del Estado. Es una minirreproducción de todo el proceso que llevó al fervor privatista de la década del noventa. En aquel entonces, las privatizaciones corruptas, deficitarias y descontroladas reemplazaron a empresas estatales corruptas, deficitarias y descontroladas. Los noventa no nacieron de un repollo, sino del hartazgo de millones de argentinos que pagaban sobornos cada vez que necesitaban reparar el teléfono... para descubrir que un par de semanas después debían pagar un nuevo soborno. Esas empresas eran una fiesta para los proveedores del Estado y muchos sindicatos. Y fueron arrasadas.

La diputada nacional Laura Musa, del ARI, reveló que la empresa era manejada por un ente tripartito conducido por el secretario de Transporte y que, cuando se produjo la sociedad entre el Estado y los Maggio, prácticamente no existía, tenía patrimonio negativo. El Presidente explicó que el subsidio estatal que percibía SW era apenas un subsidio de desempleo encubierto para los trabajadores que habían quedado desocupados por la quiebra de otras líneas aéreas.

Rápidamente, se demostró que la ayuda estatal, como mínimo, triplicaba los salarios de esos empleados. El jefe de Gabinete reconoció el interés personal de Ricardo Jaime en el funcionamiento de la aerolínea. Es decir: se estatizó una línea aérea deficitaria de manera vergonzante, se le dio algunas ventajas y, encima, nadie controló su funcionamiento, a punto tal que parte de su gerencia se dedicaba a traficar droga.

Por suerte, el recuerdo de los noventa está demasiado en carne viva como para que la gente los escuche, pero, de repente, pareció que Ricardo López Murphy recuperaba el sentido común cuando dijo que, si el Estado no puede administrar ni una pequeña compañía aérea, mejor que se quede ahí donde está.

El Presidente cree en un ordenamiento diferente de la economía, pero algunas acciones les regalan armas a sus enemigos.

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