Cristina cree que aplacó crisis del kirchnerismo
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En la previa del 1 de mayo, la CGT marcha contra el Gobierno con reclamos por cierre de fábricas
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La CGT anticipó que analiza una medida "mucho más fuerte" después de la marcha del 1° de mayo
Carlos Reutemann
Ambos son hoy el centro de un enojo presidencial que desplazó ya a un segundo plano al que tenía Cristina de Kirchner con los productores agropecuarios. «Se zafaron porque creyeron que Cristina se caía. Sobredimensionaron la crisis del campo», le confiaron ayer a este diario.
Distinto es el caso del cordobés Juan Schiaretti, a quien el kirchnerismo le perdona todo lo dicho durante el paro agrario. «Schiaretti tuvo que lidiar en la elección con un apoyo a medias del gobierno que terminó abandonándolo, con el voto a favor de Lavagna y con el coqueteo de Luis Juez con el kirchnerismo. ¿A quién se le puede ocurrir que no escuchara al campo que le salvó la gobernación?». Ese argumento esgrimido en el gobierno le sirvió para ganarse la absolución presidencial, que ayer le daba en persona Cristina de Kirchner al recibirlo en la Casa de Gobierno.
La Iglesia, aunque parezca extraño, sumó también para calmar los ánimos en la Rosada. Los dirigentes del agro recibieron el llamado del gobierno a dialogar cuando estaban camino a la Basílica de Luján para una misa que presidió el obispo Agustín Radrizani, el vicepresidente del Episcopado y hombre conocido como proclive al diálogo. La orden para que oficiara la misa para los hombres del campo le llegó desde Jorge Bergoglio, suficiente argumento para que en el gobierno aceptaran que el cardenal no estaba complicando la existencia.
Durante el paro del agro, Bergoglio habló de clima de crispación, de la necesidad de volver al diálogo, de terminar con la confrontación. Pero nunca llegó al enfrentamiento con el gobierno. Otra victoria que se adjudica Cristina de Kirchner: «Ese es un triunfo de Cristina que Néstor no podría haber logrado», sostienen en el gobierno.
El buen humor del kirchnerismoesta semana inundó tambiénal Congreso. Todos los pronósticos anunciaban una explosión dentro del bloque del Frente para la Victoria en Diputados. Muchos de ellos se pasaron el fin de semana pasado en sus provincias casi encerrados en sus casas por temor a represalias por parte de los agropecuarios.
Finalmente no sucedió. El bloque oficialista se reunió el miércoles antes de la sesión. No hubo quejas ni catarsis a puertas cerradas. Por ahora, todos se encolumnan, quizás ante el temor de que Das Neves o Reutemann puedan protagonizaruna profesía autocumplida. Cuando bajaron al recinto soportaron los embates de la oposición que hizo llover pedidos de informes sobre la distribución de fondos entre Nación y provincias y el comportamiento de Martín Lousteau frente a las medidas del agro. Pero todos fueron derivados a comisiones y nada pudieron hacer los opositores en las bancas. Para el peronismo eso es un triunfo que viven con la misma pasión con que atacan en los pasillos del Congreso a la prensa, tal como ordenó la Casa Rosada.
Pero hay algunos interrogantes que incomodan al oficialismo. Muchos kirchneristas presumen que si la Presidente aparece hoy sentándose frente a la dirigencia del agro es que existe alguna solución en marcha. En todo país civilizado, cuando una cuestión se somete públicamente al jefe de Estado es porque está arreglada.
Seguramente se reconocerán problemas ante los dirigentes del campo y cada uno de ellos será derivado a una comisión específica para hablar de carne, leche y granos. El problema es si sólo el buen humor imperante en el gobierno impulsó a creer que de esa forma se podrá seguir con el diálogo.



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