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16 de agosto 2010 - 21:46

Cristina estrenó estilo autóctono en El Calafate

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La faja que estrenó Cristina de Kirchner poco tiene que ver con la que usaban los gauchos. Grandes piedras incrustadas en el cerraje le dieron un toque ostentoso, aunque demodé, a su look.
Un regreso a lo autóctono, sin dejar de lado el estilo ostentoso, fue la consigna de Cristina de Kirchner esta semana. Después de pasar por la estridencia del rojo en un tailleur poco formal, el romanticismo del rosado y la sobriedad del negro, terminó con una recreación criolla.

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Tal vez habrá sido el regreso a su tierra, El Calafate, lo que el viernes la inspiró a crear un estilo con sello nacional, ya que cada vez que vuelve a esa ciudad, se anima a algo más descontracturado. Desempolvó la falda de antílope larga hasta los pies que estrenó a principios de junio para su encuentro con su par uruguayo José Mujica, y la combinó con una blusa blanca de algodón con detalles de puntilla en el frente, y se animó a uno de los básicos de esta temporada, el chaleco. Eligió uno de gamuza, desabotonado, como proponen las marcas de adolescentes esta primavera, dándole un toque rebelde a la vestimenta.

Pero lo más llamativo del look fue la faja de cuero que exhibió en la cadera. Ese accesorio que usaban los gauchos para sostener sus amplios pantalones fue el elegido por Cristina de Kirchner para completar su outfit. Claro que el de la Presidente nada tenía que ver con ese caderín de lana gauchesco. El de Cristina de Kirchner era de cuero de carpincho con cerraje de metal con dos grandes piedras incrustadas en color cobre, de forma rectangular y una marrón oscura redonda en el centro. Un detalle excesivamente brilloso y ostentoso, como los accesorios que usaban las damas del menemismo en los noventa, que nada tiene que ver con las tendencias actuales.

Debería saber, si tanto se preocupa por vestir a la moda, que las fajas son demodé. Las nuevas colecciones proponen reemplazarlas por cinturones anchos, tejidos, trenzados, de cuero con tachas y strass. Encima, ese accesorio beneficia sólo a las más delgadas ya que usarlas a la altura de la cadera, como hizo la Presidente, resalta las curvas (que ella ya las tiene bien marcadas), y tiene el efecto de ensanchar esa parte del cuerpo.

Para completar, bijou de oro amarillo, su material preferido. Estrenó un anillo ancho, que parecía varias alianzas juntas, unidas por una perla en el centro, una joya brillosa que acaparó la mirada de los presentes. Pero sus manos no sólo llamaron la atención por esta pieza de oro. También sorprendió la renovación de sus uñas esculpidas, ahora más blanquecinas y cada vez más largas, que nada tienen que envidiarles a las infinitas de Susana Giménez. Ese largo de sus uñas es un privilegio para pocas, ya que las esculpidas requieren de un service semanal y cuidados que difícilmente puedan tener las que hacen las tareas domésticas, por ejemplo.

El peinado lució prolijo en la última semana. No como Débora Giorgi, quien pareciera haber copiado de Cristina de Kirchner la fórmula de las extensiones para darle más volumen a la cabellera, pero con menos suerte que la Presidente.

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