Cristina hizo jurar a ministros pero dijo que no hará gabinete
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Emocionada, la presidente Cristina de Kirchner luego de la jura, flanqueada por sus ministros.
El acto de asunción de ministros y secretarios comenzó a las 18:00 en punto, exactamente una hora después de lo previsto, cuando Cristina de Kirchner ingresó en el Salón Blanco con su banda presidencial adornando el vestido claro de puntillas con que desarrolló toda la jornada.
Frente a la ex senadora, se sentó su familia, salvo Néstor Kirchner que se ubicó a su izquierda, acompañando al vicepresidente Julio Cobos. Entre los tres se generó el camino de saludos protocolares que los funcionarios asumidos debían recorrer luego de la jura. Todos respetaron la regla, y las diferencias aparecieron sólo al analizar las efusividades, emociones y frialdades del momento.
Así, por lejos, el momento más sensible, fue cuando Cristina de Kirchner debió tomar juramento a Alicia Kirchner. A sólo mencionar el nombre de su cuñada, se fue notando cómo la voz de la Presidente se quebraba, carraspeaba y comenzaba a flaquear, mientras la ministra directamente lloraba al escuchar la leyenda protocolar de su jura para terminar en un largo abrazo después de la aceptación del cargo. «Es que recuerdan el día en que a Alicia le tiraron harina en Río Gallegos», reflexionaban varios integrantes de la platea al analizar la situación. La voz quebrada de la ex primera dama se repitió cuando asumió Ocaña.
Antes, se vio cierta emoción de la presidente en otros dos juramentos: los de Alberto Fernández y Carlos Tomada. En el primer caso, que inauguró la ronda de asunciones, se escuchó de parte del jefe de Gabinete un claro «gracias, muchas gracias por confiar». En el segundo, el ministro de Trabajo deslizó un «es un orgullo». Como contrapartida, fue notable la frialdad en el juramento de De Vido. Curiosamente no por parte de Cristina de Kirchner, sino desde el ministro de Planificación. De hecho, el beso de rigor vino de parte de la presidente mientras De Vido mantenía la mirada firme en el horizonte del Salón Blanco. Distinto fue el momento de saludar a Néstor Kirchner, con el que se fundió en un abrazo.
Martín Lousteau, el integrante más joven del gabinete, dejó en claro cómo será la imagen que acompañará su gestión, más cercana quizá al legado de Néstor Kirchner que al protocolo de su esposa. El ministro de Economía dio el «sí juro» con el saco abierto que dejaba escapar una rebelde corbata azul armada sin el botón superior de la camisa desabrochado. «Gracias Martín, muchas gracias», fue el saludo presidencial.
Para encontrar algún furcio importante o equivocación en la redacción de las frases oficiales de toma de juramento hubo que esperar al último funcionario. La Presidente tuvo algunos problemas para mencionar el muy largo cargo de Granero, y el «sí juro» del funcionario vino antes de terminar las frases de rigor, lo que obligó a repetir la ceremonia. «Es la ley de Murphy, algo tenía que fallar», se explicó con humor la jefa de Estado, lo que habilitó la aclaración aduladora de Granero «en algo tiene que fallar, presidente».
Sólo un grupo VIP de invitados, entre familiares directos, funcionarios, invitados especiales y empresarios cercanos, fueron habilitados a seguir el evento desde el Salón Blanco.




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