Cristina logró aliados en el rubro artístico

Política

Pablo Echarri, Nancy Dupláa, Nora Cárpena, Jorge Marrale, Pepe Soriano, Lito Cruz, Soledad Silveyra y China Zorrilla fueron protagonistas de la farándula local en el desfile ayer por pasillos y salones de la Casa de Gobierno. ¿Llevaron su reclamo gremial por los problemas que ha enfrentando la ficción en la televisión en los últimos días? No, tampoco parecía apropiado. En todo caso, sólo participaron de la luz sobre una faceta hasta ahora oculta -o por lo menos no publicada en los currículum oficiales- de la flamante presidente, una vocación por el promovido rubro de los artistas. Algo semejante a lo que ocurrió con el menemismo.

Antes de tomar juramento a sus ministros, Cristina se instaló en el despacho presidencial, probó el sillón y se depositó allí para recibir a los íntimos: marido, hijos, hermana y madre. Luego, y en fila, algunos amigos.

Pero ella cambió, casi estaba por tomar un papel y un lápiz de su escritorio para pedirles un autógrafo a los que siguieron: la actriz Nancy Dupláa, con quien compartió abrazo de militante. Igual que el marido, el galán Pablo Echarri, quien de «lindo» pasó a estrella de los derechos humanos por una serie exitosa llamada «Montecristo». Milagro de la tele. ¿Cuál será el mérito de estos actores para invitarlos en día tan particular y brindarles tamaña recepción? Ni siquiera se habían definido oficialmente kirchneristas.

  • Dureza

    Al grupo se unieron, en sucesivas tandas, Nora Cárpena, Jorge Marrale, Pepe Soriano, Soledad Silveyra, China Zorrilla -a quien quizá por alcurnia o por edad se la dejó utilizar el sillón presidencial-, Mercedes Sosa, Gustavo Santaolalla, el cantante de Kapanga, su par de Arbol, Alejandro Lerner, Patricia Sosa, la dupla Coco Silly-Daniel Aráoz -quienes desde que trabajan en «Canal 7» aparecen en cuanto show organice el gobierno-, y el escritor Osvaldo Bayer. Con ellos, el director de la agencia «Télam», Martín Granovsky.

    Cristina abandonó por unos minutos a sus amigos famosos para ir a tomar juramento a sus ministros. Después, cruzó el Patio de las Palmeras y por una escalera especialmente preparada para la ocasión -roja, como la alfombra de los premios Oscar- ingresó al escenario para el recital montado en Plaza de Mayo. Llegó a contonearse, la excitación del momento provocaba lógico entusiasmo, y cuando los nuevos amigos cantaban «Himno de mi corazón», ella se sumó y hasta se atrevió a tararear la letra. Algún crítico podía enlazar esta visión con la de «Cantando por un sueño». Demasiada dureza con quien, como Mauricio Macri cuando ganó la Ciudad, se soltó por una vocación hasta ahora sólo contenida por el espejo.
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