27 de julio 2005 - 00:00

Cristina, prolija y para la televisión

La candidata a senadora del Frente para la Victoria bonaerense, Cristina Fernández, saludando a sus seguidores desde el escenario levantado anoche en Berazategui.
La candidata a senadora del Frente para la Victoria bonaerense, Cristina Fernández, saludando a sus seguidores desde el escenario levantado anoche en Berazategui.
«Evita viviera, ¿de qué lado estaría?», imaginó Cristina Fernández y, tras una pausa, descargó una ráfaga a discreción para con un revisionismo de barricada imaginar que si no la hubiese fulminado un cáncer, Eva Perón caminaría hoy junto a su esposo, Néstor Kirchner.

Remedando a «esa mujer», la primera dama dividió ayer el cosmos bonaerense en «blanco y negro» y noveló el presente para, sin liturgia ni iconografía peronista -no hubo ni una cosa ni la otra-intentar «punguearle» al duhaldismo la imagen y la memoria de Evita.

«¿De qué lado estaría?»,
repitió; y anudó, como respuesta, un rosario de preguntas: «¿Criticando que usted se pelea con el FMI o apoyándolo para que siga defendiendo a los argentinos? ¿Con las Madres de Plaza de Mayo o con los que dicen que no hay que mirar el pasado?».

Fue el broche de un discurso que, como indicaba la ocasión --se cumplieron 53 años de la muerta de Evita-, giró en torno a la figura de la «abanderada de los humildes», un botín más electoral que ideológico por el que pulsean kirchneristas y duhaldistas.

Pero no hubo azotes. De aquella categorización de « capomafia», Cristina mutó y ayer apenas, elípticamente, se refirió a los Duhalde haciendo blanco -sin citarla-a Chiche, a quien la Casa Rosada no le perdona ( entre otras cosas) aquella ocurrencia de «dejar el pasado a la Justicia y la historia».

• Trajín

Ayer, sobre el atardecer, Cristina trajinó el conurbano marginal, de calles de tierra, en su debut como la candidata de fajina que aún no logra ser. Terminó -luego de fracasar con otros destinos-en un club vecinal, La Unión, en los bordes del Berazategui semirrural.

De un primer vistazo, nada distinguió el show de la primera dama de los clásicos mitines del PJ bonaerense. Caravanas de colectivos, pancartas y tumulto, postales típicas del duhaldismo, se mezclaron con la puesta en escena sofisticada que imprimen los K. Todo eso lo ocultó prolijamente la TV, destinataria del acto, no la militancia.

La ristra de dirigentes ubicados, en zona vip, a los costados del escenario potenciaron esa mélange: desde
Alejandro Granados hasta Mariano West -que se «kirchnerizaron» cuando el tren ya estaba en movimientocompartieron gradas con locuaces antiduhaldista como Luis D'Elía y Carlos Kunkel. Nadie se inquietó ni se dio por aludido cuando, autorreferencial, Cristina aseguró que nunca fue «cortesana del poder» ni «renuncié a mis principios».

«Vamos a construir la nueva política, vamos a cambiar la historia, a cambiar el país y a cambiar la provincia de Buenos Aires»,
diría, sobre el final, antes de que suene la «Marcha Peronista» en ritmo de fanfarria para que todos los K, viejos y recientes, suban al escenario.

Como una ironía, en ese momento, Cristina se zambulló entre la gente repartiendo besos, recibiendo cartas y apretando manos. Luego, volvió al escenario para otra ráfaga de saludos y fotografiarse con el kirchnerista local,
Mario Giacobbe, a quien promueve para combatira Juan José Mussi. Antes había dicho: «Los mismos que le critican sus mocasines, Presidente, me dicen a mí que me tengo que poner zapatillas para venir a la provincia. Basta de disfraces». Y agregó: «Somos lo que somos, con un pelo más o uno menos» en referencia a sus extensiones capilares.

Con 350 policías -100 de ellos de Infantería-controlando la periferia al club, y un filtro estricto en el ingreso, la organización logró que ninguna bandera (salvo de piqueteros de Barrios de Pie y del MTD Evita) permita, en la pulseada de celos, a ningún jefe apropiarse del acto.

Pero las multitudes tenían nombre, apellido y ADN político fácil de rastrear: la mitad del salón, donde entraban unas 3.000 personas, estalló cuando el locutor citó a
Sergio Villordo, intendente de Quilmes, y al ministro del Interior, Aníbal Fernández.

Algo más: entre las banderas argentinas asomaban las del Quilmes Club.

En tanto,
Alberto Fernández, Julio De Vido y el ministro candidato José Pampuro se mixturaron con Felipe Solá, y los candidatos del Frente para la Victoria (FpV). Enfrente, sobresalían Villordo, Julio Pereyra, Alberto Descalzo, Julio Alak y una encendida Teresa Solá.

No estuvo
Alberto Balestrini anunciado como orador a quien una gripe le asaltó la garganta. Lo reemplazó, más como «hijo del médico de Perón» que como vicecanciller, Jorge Taiana. La genealogía también benefició a Cristina Alvarez Rodríguez, sobrina nieta de Eva y candidata a diputada.

Dejá tu comentario

Te puede interesar