Cristina sedujo a los industriales

Política

Defensa del desarrollo industrial, límites a los desbordes gremiales y el llamado a un acuerdo entre Estado, empresarios y dirigentes sindicales fueron ejes del discurso que pronunció la presidente Cristina de Kirchner al cierre de la 16ª. Conferencia Industrial, conceptos que fueron aplaudidos por los dirigentes fabriles.

Tras señalar que "la puja por la distribución del ingreso no es un concepto económico; es un concepto que hace a la condición humana", le estableció límites a la contienda al señalar que "lo que hay que darle a esa puja y a esa conflictividad, es racionalidad institucional y legal y encausarla en el marco de las leyes y la Constitución, sobre todo, en un Gobierno que ha hecho del Ministerio de Trabajo el lugar donde los trabajadores deben y pueden sentirse debidamente representados".

La exposición presidencial, en este sentido, fue interpretada como una respuesta perfecta a planteos realizados previamente por el titular de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez. El dirigente fabril había dicho en su discurso de cierre, que los industriales aceptan los "legítimos reclamos sindicales que se ajusten a derecho" pero le responden "no a bloqueos, piquetes y ocupación de plantas".

Entre los industriales presentes se comentó que esta posición de la Presidente a favor de la paz social debe valorarse como una correcta lectura de lo que demanda la sociedad, hoy sensibilizada por los hechos de violencia. Cabe recordar la muerte de Mariano Ferreyra en manos de dirigentes sindicales ferroviarios. "No por nada - comentó uno de los empresarios presentes - (Hugo) Moyano tiene una alta imagen negativa".

Como es habitual, la primera mandataria preparó su discurso tomando en cuenta no sólo la información económica (que volcó a lo largo de su extenso discurso de algo menos de una hora), sino también tomó puntillosa nota de cada uno de los planteos industriales y a lo largo de su alocución fue contestándolos.

Hacia media mañana, corrió un rumor entre los principales dirigentes de la UIA, que sostenía que Cristina, molesta por una frase del discurso del jueves del empresario Freddy Nicholson, podía llegar a suspender su visita. En esa oportunidad, Nicholson sostuvo que "la excesiva intervención estatal ahoga la economía".

La Presidenta se refirió a este concepto que, según dijo "alguien quiso deformar y distorsionar". Al respecto contó que "yo me tomé el trabajo, como siempre... pedí el discurso de Freddy que fue el mismo discurso que dio en Banco Nación,... y dijo también una cosa que comparto y suscribo plenamente: que es muy importante el tamaño del Producto Bruto Interno de un país, pero que es necesario que ese país le de oportunidades a todos los que viven en él, porque no vale tener un gran PBI si no somos capaces de generar oportunidades de trabajo, de conocimientos, de educación para todos sus habitantes".

Cristina tranquilizó al auditorio cuando enfatizó que "ya nadie piensa en un Estado empresario; el management y la propiedad son esencialmente privados, pero tenemos que tener un Estado que oriente, que dirija hacia dónde vamos, qué modelo queremos, dónde vamos a poner los recursos".

El titular del Grupo Techint, Paolo Rocca, fue la voz más dura a hora de plantear los requerimientos de la agenda industrial. Rocca pidió reglas de juego claras y estables, es decir previsibilidad.

La respuesta de la Presidenta fue una posición decididamente a favor del desarrollo fabril y con un planteo de largo plazo. En este sentido, recordó su primer discurso ante la Asamblea Legislativa cuando dijo "que me encantaría vivir en un país donde el sector agrícola-ganadero fuera subsidiado por el sector industrial" y explicó que "en realidad ese sería el modelo de los países desarrollados que durante décadas y siglos acumularon en la industria y luego subsidian al sector primario que generar menos valor agregado, genera menos puestos de trabajo y por lo tanto genera menos consumidores".

Cristina buscó reforzar la idea de que su gobierno cuenta con políticas de largo plazo y una visión estratégica global, coloquialmente les recomendó a los hombres de negocios que "es necesario que todos incorporen una gerencia en innovación tecnológica. Créanme que la verdadera rentabilidad y generación de riqueza la van a tener por ese lado en lo que viene del siglo XXI."

• Cambio de humor

El discurso de la Presidente tuvo la capacidad de cambiar el ánimo de los industriales. Las exposiciones de algunos dirigentes empresarios que la antecedieron llevaron a que muchos industriales esperaran una respuesta dura, casi un reto, por parte de la primera mandataria. Sin embargo, Cristina Fernández los sorprendió alineándose con muchos de los más caros reclamos empresarios. Fue particularmente seductora cuando les aseguró que "vamos a seguir con una política que defienda el trabajo y la producción nacional, como hacen todos en todas partes, donde nos hablan y denostan y dicen cosas contra el proteccionismo, pero luego uno ve las medidas arancelarias, para arancelarias", frase que arrancó el aplauso espontáneo de los empresarios.

Otro de los reclamos recurrentes de los sectores empresarios fue la falta de diálogo con el Gobierno. Incluso, Héctor Méndez culminó su discurso señalando que "no habrá destino digno para todos los argentinos si quienes tenemos responsabilidades, como dirigentes, no podemos tolerarnos, respetarnos, confiarnos ni aceptarnos entre todos".

Cristina, más allá de pronunciarse enfáticamente a favor de un acuerdo entre empresarios, sindicalistas y Estado para lograr consensos, se prestó al diálogo informal durante el almuerzo que mantuvo con los empresarios.

Las autoridades de la UIA, como es habitual en estos encuentros, dispusieron que las principales autoridades del Poder Ejecutivo estuvieran en la cabecera de la mesa junto con la cúpula de la central industrial. Llamó la atención que el titular de la CGT no estuviera cerca de la primera mandataria, sino en uno de los extremos de la mesa. La situación motivó comentarios de algunos industriales presentes que reflexionaron que "ella tal vez sea la única capaz de ponerle límites" al dirigente camionero.

Al principio se mantuvo el protocolo, pero ante la inquietud de empresarios que quisieron darle a la Presidenta sus respetos por el fallecimiento de Néstor Kirchner, se formó espontáneamente una fila en el medio del salón de, mesa por medio, hacer llegar las condolencias. Fue la primera mandataria la que dio la instrucción de permitir que se le acercaran provocando un contacto directo no sólo de ella sino también de sus ministros con los empresarios.

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