30 de enero 2002 - 00:00

Crónica anunciada para la muerte de la Corte Suprema

Para el gobierno, la situación de la Corte Suprema es jaque mate. Razona con sencillez: los cacerolazos futuros habrán de impedir que sesionen y se pronuncien los 9 ministros. Por lo tanto, entiende que habrá un gigantesco vacío judicial. Como ejemplo, anticipan que el próximo martes --fe-cha de la primera deliberación luego del mes de feria-habrá batahola frente al Palacio de Justicia y, eventualmente, hasta en el domicilio de los jueces. Se diría que el gobierno, ante esta situación, más que preocuparse por neutralizar las manifestaciones, parece dispuesto a alentarlas. Aunque, se supone, la eficacia policial impedirá excesos y, en todo caso, los ministros de la Corte el próximo martes sesionarán con música estrepitosa.

Aunque la mayoría de los jueces -«automática» más que nunca-ya anunció que ninguno de sus miembros dimitirá y, en consecuencia, prometen una respuesta de cuerpo, desde el gobierno se especula: ¿podrán soportar la presión popular, las manifestaciones bullangueras estacionadas en Tribunales? Más que una pregunta o una sospecha, se diría que en la administración hay convencimiento de que prosperarán los cacerolazos. Lo mismo parecen saber Leopoldo Moreau y Carlos Maestro. Sorprende cómo oficialmente y en la oposición --se conoce con precisión de servicios de inteligencia esta información de conflictos venideros.

Ya nadie habla en el gobierno de que la «ira popular» (algo así como, a la inversa, el «respaldo popular» que Eduardo Duhalde recibirá de sus contingentes bonaerenses en una plaza del sí el próximo sábado) discrimina entre los 9 jueces. Por el contrario, se estima que el reclamo aluvional (espontáneos, sindicalistas judiciales, vividores de juicios laborales y, sobre todo, «otros») no repara en distingos, supone el retiro de todos los ministros de la Corte. Casi una réplica a la decisión de cuerpo, institucional, que ya anunciaron Petracchi, Boggiano, Bossert, Nazareno, Vázquez, López, Fayt, Moliné O'Connor y Belluscio.

Hasta bromas corren sobre los futuros desenlaces. En gobierno hay quienes suponen que jamás se podrá encontrar una Corte más dócil que la actual, producto tal vez de la vulnerabilidad a la que está sometida, y que sería una tontería propiciar su reemplazo. Idea sensata que no horada la indiferencia del Ejecutivo.

Desde allí, con humor, se prefiere imaginar teleconferencias para que los 9 ministros de la Corte se reúnan desde lugares remotos o, siempre lejos de las cacerolas, en secretos refugios antinucleares adonde no llegue siquiera el ruido de la realidad.

• Inquina

Algunos parecen saber lo que va a ocurrir, casi como si lo planearan. Impresiones que derivan de la inquina que Duhalde siempre manifestó frente a un tribunal que se inclinó en favor de Carlos Menem en todos los entredichos partidarios y que liberó al ex presidente al pronunciarse negativamente sobre la asociación ilícita. Se lo impide su investidura, pero esos recuerdos pueden convertirlo en «el primer cacerolero», siguiendo las costumbres de sus hijos. Si no fuera que está en juego la estabilidad de uno de los tres poderes, que nunca fue más nítido el conflicto entre dos de ellos y que tal vez el mundo no asimile como un saneamiento la jubilación obligada de las 9 cabezas judiciales, se diría que las bromas podrían ser parte de un programa de entretenimiento televisivo. Pero, en cambio, la tv de noticias transmitirá otra historia en directo: cómo la Corte intimidada, desde la semana próxima, difícilmente sesione.

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