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Es que, a pesar de que la consorte presidencial atribuyó a los titulares de diarios argentinos la voluntad de su gobierno por saldar de un solo saque (sea por la vía esotérica de los chinos o por el remate de reservas propias) la deuda con el FMI, es obvio que esa iniciativa partió desde el corazón del gobierno. No es una discusión bizantina: se explicó, con marcado acento nacionalista, que el propósito era desentenderse de la tutela del organismo, al cual Néstor Kirchner ha criticado en cuanta oportunidad encuentra, imaginar un sistema económico propio sin controles ni límites. Sea por la imposibilidad técnica de pagar o por una atinada reflexión sobre sus consecuencias, ahora la senadora (y su gobierno) despliega otra estrategia (ver nota vinculada). No es casualidad cualquier semejanza con el Duhalde del pasado.
Más que esos detalles interesaban otros factores -los que motivaron quizá los cambios en la actitud del matrimonio presidencial- en un viaje que algunos quisieron imaginar como un paralelo con el que hizo antes de finalizar los 50 Eva Perón a España. Aunque, entonces, la Argentina era fuerte económicamente, generosa con una España empobrecida, y ahora la situación se presenta al revés. El interrogante, para muchos, es saber si hubo influencias en Madrid para modificar el inicial mensaje del gobierno.
Dos conjeturas sobre esa posible presunción: una, española y socialista; otra, argentina y heterodoxa. Para ponerles nombres y apellidos: Felipe González y Domingo Felipe Cavallo. Nadie ignora -y no sólo por haberse escuchado en tertulias- que González mantiene reservas sobre la actitud de gobierno tan contrario a los Estados Unidos. Algo de eso expresó ante los argentinos, además. En cuanto al propio equipo argentino, en esta semana -que puede ser clave en ciertos aspectos económicos para el país-, González advirtió sobre los inconvenientes de litigar o romper (aun pagando) con los organismos internacionales. Explicó, con su mejor castellano, las ventajas de pertenecer a un club al que adhiere la mayor parte de los estados del mundo y, que, en todo caso, las objeciones se deben plantear dentro de la asamblea, no desde afuera. También, claro, señaló las dificultades que podría enfrentar una nación -como algunas africanas- que, alejada del FMI, se convierta en una suerte de satélite de la Tierra. Y nadie quiere vivir en la Luna.
En otras conversaciones con el ex jefe de Estado español -quien manifestó algún grado de preocupación con el panorama político y social de Bolivia, cuestión que inquieta a más de un europeo y norteamericano-, también se abordó el componente accionario de las principales compañías conocidas como españolas y dominantes de la economía de ese país: hubo reconocimiento de que en la mayoría de ellas hay componentes decisivos de fondos norteamericanos, al extremo de que si éstos actuaran en conjunto o bajo una orden, podrían controlar las empresas. No fueron datos que la delegación argentina pasó por alto.
Si trascendieron algunos entresijos de estas charlas, lo que nadie sabe aún si también hubo algún oído atento a Domingo Cavallo, otro Felipe. Es que el ex ministro de Economía también estaba en Madrid, coincidió con la presencia de la esposa del Presidente y con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien no sólo trabajó en otra época bajo su mando sino que también fue diputado por su partido. Y no fue casual esa coincidencia: es cierto que Cavallo había llegado con anterioridad a Madrid -tiene algunos contratos como asesor en España-, pero había cumplido su tarea 48 horas antes de la llegada de la misión Cristina. Sea por voluntad de descanso, o por otras razones, decidió quedarse en la ciudad hasta anoche.
Allí, al margen de charlas y entrevistas, Cavallo admitió ante varios que «Kirchner era su amigo» y que, además, «como gobernador había sido quien más lo había colaborado en su gestión en Economía». Sobre la propia senadora Fernández de Kirchner, en rigor, todavía tuvo expresiones aún más fraternales (lo que, según versiones, es compartido por ella, más allá de ciertas discrepancias). Nadie indagó ni pudo saber si la esposa del Presidente se reunió con Cavallo en Madrid -hecho que al ex ministro no le hubiera disgustado-, si lo ha hecho inclusive en otras oportunidades (Nueva York), lo que es evidente es que en el caso de que hubiera ocurrido, la visión de Cavallo sobre cierta realidad española y el FMI (al margen de sus críticas al organismo) serían coincidentes con la última declaración de la esposa presidencial: «¿A qué pagar 15 mil millones de dólares en una sola vez y en un único pago al FMI?».
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