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De la Sota recorre en estos días el laberinto del peronismo componiendo la compleja maquinaria con la que oponerse a Carlos Menem y desafiar a la fortuna. Un primer problema que se le presenta es el de la candidatura a vicepresidente. El sábado se entrevistó casi en secreto con Julio Miranda, en Carlos Paz. Miranda es el gobernador de Tucumán, una especie de coordinador de los dirigentes del NOA, que propuso al cordobés a Juan Carlos Romero como candidato a vice. El tucumano viene demostrando que es casi tan ansioso como un periodista (y eso que es sindicalista, de la escuela de Diego Ibáñez, a quien representaba entre los petroleros privados): ya espantó a «Lole» Reutemann pidiéndole un lugar en la fórmula a través de los diarios. Está a punto de hacer lo mismo con De la Sota. Lo más curioso es que también mortifica a Romero, de gira por Europa, quien todavía no dio de baja su sueño presidencial.
En contra de estas posibilidades, pensadas para componer una ecuación del interior, circula la teoría que Felipe Solá le sugirió al cordobés: que se haga secundar por un porteño, tipo Gustavo Béliz. «El conurbano vota como los vecinos de Buenos Aires», razona Solá. «¿Por qué Béliz y no Daniel Scioli?», se preguntó De la Sota, sin que nadie objetara al secretario de Turismo.
Lo que se considera casi descartado es que el cordobés se incline por un bonaerense. En enero, cuando se hablaba de elecciones en marzo, había escogido a Julio Alak. El intendente de La Plata acredita un capital importante: aproximarlo no significaría contaminarse con la marcha del gobierno nacional. Alak cayó siempre antipático en la casa de los Duhalde, más por imposición de «Chiche» que del propio «jefe de hogar», por usar la terminología oficial. Pero ayer perdió parte de ese brillo: acaso suponiendo que De la Sota podría convocarlo, el Presidente le impuso su olor invitándolo a una reunión en la Casa Rosada. Dicen que hablaron del estadio platense pero todo el mundo sabe que Duhalde sólo habla de la pelea contra Menem en estos días.
Es cierto que De la Sota pretende aparecer como la expresión de un consenso interno del PJ y no como el delegado del duhaldismo en la pelea contra Menem. Pero esa aspiración tiene un límite: ¿hará Duhalde que se juegue todo el aparato provincial en su favor? Y una pregunta más inquietante: ¿podría Duhalde hacerlo aunque quisiera? Es evidente que el deterioro de la autoridad presidencial llega hasta su feudo. No sólo Alberto Ballestrini (intendente de La Matanza) se aproximó a Adolfo Rodríguez Saá, enemigo declarado de los Duhalde (los mortifica diciendo que «son el pacto de Olivos» cuando en ese acuerdo el actual Presidente, vestido de jugador de paddle en lo de Dante Caputo, cree haber perdido un mandato). También Raúl Othacehé, intendente de Merlo, advierte ya desde ahora que el PJ de la provincia no votará unificado en favor de De la Sota, aunque el cordobés corra con los colores de los Duhalde (o tal vez por ello).
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