25 de enero 2001 - 00:00

De la Rúa y Colombo cortejaron a Alvarez

Carlos Chacho Alvarez compartió anoche una comida con Fernando de la Rúa, en la tarea de seducción que lleva a cabo el gobierno, que incluye hasta hacerle creer al jefe del Frepaso que las medidas que se van instrumentando se deben a sus consejos. El ágape se realizó en una casa quinta que Chrystian Colombo tiene en San Isidro. Al mismo se sumó, por la necesidad de simetría del encuentro político, el alter ego de Chacho, Darío Alessandro. La inundación que sufrió ayer la Capital Federal casi frustra la reunión. Por un momento se creyó que no podrían llegar. Entre bocado y bocado se pasó revista a la agenda de gobierno de un año electoral. La unificación de los planes sociales en una sola agencia y las reformas política, tributaria y del Estado fueron repasadas y explicadas por el dueño de casa. Sobre el final, De la Rúa propuso dar continuidad a reuniones como la de anoche, "para quitarles espectacularidad".

El gobierno llevó anoche a comer a Carlos Chacho Alvarez, en la tarea de seducción que incluye hacerle creer que las medidas que se van instrumentando se deben a sus consejos. Alvarez terminó el día compartiendo la mesa con Fernando de la Rúa. Para ello acordaron hacerlo en terreno neutral, eligiendo en la ocasión una casa quinta que Chrystian Colombo tiene en San Isidro. El Presidente y el jefe de Gabinete, junto a Chacho y Darío Alessandro, se repartieron simétricamente por mitades la representación de la Alianza en el gobierno entre la UCR y el Frepaso.
Casi se termina frustrando el ágape, porque no faltó quien dudara de la posibilidad de llegar a San Isidro con la inundación que provocó anoche en la Capital Federal la caída de 90 milímetros de lluvia en apenas una hora.
Alvarez pidió, y obtuvo, privacidad absoluta respecto del encuentro, escaldado y fastidiado con Federico Storani porque, al llegar a la reunión que mantuvieron ambos ayer en el estudio del ministro, se encontró con fotógrafos y movileros. Casi insólito, en un producto político mediático como ha sido el ex vicepresidente.

De entrada se dedicaron a mirar y elogiar los cuadros colgados, debidos a la paleta de la esposa de Colombo. Hasta se dieron tiempo para juguetear y aguantar las monerías de Alan, el hijo de 5 años del jefe de Gabinete. Todo muy doméstico y familiar. La idea del encuentro -en realidad un esfuerzo más para tratar de juntar los pedazos de la Alianza (reconstruirla), triunfante en octubre del '99- fue reunir a De la Rúa con Alvarez, para repasar juntos la agenda de un año electoral que promete ser muy movido. Es la tercera vez que se encuentran con el jefe frepasista desde que renunció a la vicepresidencia.

La comida transcurrió en paz. De la Rúa juró no hacer reproches, después de todo el propó-sito declarado es terminar conviviendo políticamente, más allá de las diferencias. Una agenda en la que tuvieron particular relieve las propuestas hechas por Alvarez, como la de unificar en una sola dependencia -agencia social la llaman, como las que existen en EE.UU.- todos los planes sociales hoy dispersos en varios ministerios, lo que podría llevar a la desaparición de la cartera que comanda Graciela Fernández Meijide, otro producto frepasista de los medios de comunicación, que además ha manifestado en los últimos tiempos algunas disidencias con Alvarez.

Las reformas del Estado, la tributaria, la política, fueron desfilando por la mesa mientras se comía, mientras que De la Rúa, pero especial-mente Colombo, explicaba en qué etapa del trá-mite se encontraban. Fue cuando el Presidente propuso darles a reuniones como la de anoche mayor asiduidad. «Es para restarles espectacularidad y expectación», aseguran que dijo De la Rúa, que se dedicó a escuchar buena parte de la noche.

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