16 de julio 2007 - 00:00

Debuta Cristina con 2 peronistas

Debuta Cristina Fernández como candidata y también Néstor Kirchner como garante, en las sombras, de los acuerdos políticos que permitieron que -a pesar de las antipatías que genera- buena parte del peronismo exprese su respaldo a la postulación de la senadora. En el lanzamiento cristinista en La Plata, esta semana, estarían dos de los gobernadores más temidos por la Casa Rosada, José Manuel de la Sota y Juan Carlos Romero. Kirchner negoció con ellos no interferir en sus provincias mientras que no participen de los movimientos opositores como el que ensayó el peronismo disidente, tentando al cordobés y al salteño, la semana pasada en San Luis. El cambio comienza con pactos secretos.

Cristina Kirchner
Cristina Kirchner
El gran público quizá no se detenga en los dos personajes que el jueves, si no hay cambios de última hora, ocuparán butacas cerca de Néstor Kirchner en el show de lanzamiento de la candidatura presidencial de Cristina Fernández, en el Teatro Argentino de La Plata.

En el tumulto es probable que José Manuel de la Sota y Juan Carlos Romero pasen inadvertidos. Pero la presencia de ese dúo de gobernadores, los dos peronistas y con vínculo accidentado con la Casa Rosada, será una marca a fuego en el debut de la senadora.

En paralelo, pero por vías distintas, el cordobés y el salteño son el espejo de los temores y necesidades de Kirchner. El patagónico pactó con los dos que no se entrometerá en sus provincias a cambio de que no participen ni alienten formaciones opositoras.

La manifestación más sólida de ese acuerdo reservado se producirá el jueves cuando, según lo que prevé la Casa Rosada, De la Sota y Romero participen del acto de lanzamiento de Cristina como parte de la comitiva de gobernadores que llegará de cada rincón del país.

Ni De la Sota ni Romero son peronistas K. Tampoco, al menos en términos públicos, se alinearon con los sectores del PJ anti K. Terminando sus mandatos y empujados por urgencias cruzadas se convirtieron en aliados eventuales de Kirchner; una especie de «pseudo» kirchneristas.Los movimientos del cordobés y el salteño fueron, en las últimas semanas, seguidos de cerca tanto por la Casa Rosada como por los cofrades que hace diez días se reunieron, invitados por Alberto Rodríguez Saá, en Potrero de los Funes, San Luis.

A pesar de que el gobierno insiste en subestimar aquella tertulia -con el argumento de que un proyecto que encabece Carlos Menem no tiene destino- hubo gestiones para evitar (o al menos prevenirse sobre) un posible guiño de De la Sota y Romero a ese PJ díscolo. Nunca ocurrió.

Un dato inocultable: por peso propio y por poder territorial, en el kirchnerismo ven al cordobés y al salteño como jugadores de riesgo. Es más: hay quienes atribuyen a De la Sota el rol de jefe de la oposición durante el eventual gobierno de Cristina.

Como parte del pacto, la Casa Rosada facilitó el trámite para que «Pichi» Campana se convierta en vice de Juan Schiareti. Sin el brillo electoral de antes, Campana aporta el plus para derrotar a Luis Juez. Mientras De la Sota hace y deshace las boletas del oficialismo.

  • Sin respaldo

    En Salta, en tanto, Juan Manuel Urtubey se quedó sin el respaldo político y de recursos que le habían prometido en Balcarce 50. El diputado, que se arriesgó a enfrentar al romerista Walter Wayar, fue la carta del kirchnerismo para negociar con Romero.

    Lo ocurrido con De la Sota y Romero puede leerse, además, como un anticipo del rol que Kirchner se reserva para sus tiempos de ex presidente: ser el enlace con el peronismo liberando a su esposa de esos indiscretosprocesos engorrosos que sostienen la convivencia.

    Algo más: Kirchner es el garante de los pactos con Romero y De la Sota. Lo es también de la promesa de contención que días atrás le susurró a Felipe Solá. El bonaerense navegaba a la deriva hasta que el Presidente le ofreció un destino que no quiere confesar.

    Quizá habría que mirar, además, a un actor poco visible: el gobernador pampeano, Carlos Verna, fulminó en internas al multirreelecto Rubén Marín a pesar de lo cual respetó el compromiso que les hizo a los Kirchner en 2003 de no pelear por su reelección.

    En el pasado cercano, Verna compartió Congreso -no son gratos los recuerdos mutuos- con la actual candidata presidencial. Aunque ganador en la disputa local, Verna -a quien esperan el jueves en La Platapasa ahora a encabezar un registro: es la primera víctima de Cristina.

    ¿La única? Por algún motivo, en círculos muy cercanos a Kirchner, se comenta con insistencia que en Santa Cruz, el actual gobernador Daniel Peralta, será el candidato del oficialismo en octubre. Se da una explicación: «Kirchner quiere que Alicia siga como ministra».

    Hasta ahora, los voceros se limitaban a augurar la continuidadde Alberto Fernández y Carlos Zannini. Más arriesgados, algunos sugerían una rotación entre Fernández y el canciller Jorge Taiana. A esa lista, intencionalmente corta, habría que sumar a Alicia.

    Traducción: los acuerdos de cumplimiento futuro, y en algún punto condicionantes, los define el presidente Kirchner a pagar en el mandato de su esposa, gestión en la que el Presidente quiere, también, que continúe la política social que encarna su hermana Alicia.

    Ajena, el jueves, Cristina delegará el roce con gobernadores e intendentes a su esposo que, como en el acto de lanzamiento de 2005, ocupará un sitio de honor entre el público pero no subirá al escenario: estará sentado junto a ministros, gobernadores y alcaldes.

    Es sólo un ejercicio de ensayo: es posible que al mirar fotos del lanzamiento se decodifiquen los modos de la posible presidencia cristinista.
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