18 de agosto 2006 - 00:00

Del golpe contra K a un asado de stud

¿Qué fue de la vida del golpe de Estado anunciado por el diputado kirchnerista Edgardo Depetri? ¿Cómo siguen las negociaciones entre los sectores del peronismo que se preparaban para desestabilizar al gobierno de Néstor Kirchner? Estas inquietudes encierran cierta comicidad. Pero hace apenas tres semanas, mientras el Presidente se encontraba con todo su gobierno en la cumbre del Mercosur, en Córdoba, tuvieron en vilo al gabinete. Ahora, con el paso de los días, lo que parecía un drama viró a comedia. ¿Cómo no iba a ser así, habiendo sindicalistas de por medio?

Sucede que la imaginación conspirativa del gobierno se activó por obra de José Luis Lingieri, el secretario adjunto de la CGT. Lingieri es servicial con Kirchner, a cuyo entorno puja por entrar con informaciones y pequeños datos sobre su propio sector, el sindicalismo. Tuvo ya sus réditos, el Presidente puso en sus manos Aguas Argentinas (ahora AySa) que conduce Carlos Ben, un hombre ligado a su gremio. Lingieri es un experto en el tema. Los franceses de Suez lo llamaban «Monsieur Chlore».

En una tertulia que se desarrollaba durante la cumbre, Lingieri hizo encender todas las alarmas. Informó que en ese mismo momento se desarrollaba en un rincón de la zona norte, más precisamente en un stud de la Villa Hípica, un asado del que participaban Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Roberto Lavagna, el turfman Jorge Triaca y los sindicalistas Andrés Rodríguez, Luis Barrionuevo, Oscar Mangone y Vicente Mastroccola. Las ramificaciones llegaban también al macrismo y a las Fuerzas Armadas, sobre todo por la amistad de un general que, tratándose de estos conjurados, no podían ser de otra arma que de Caballería. Para el imaginario K, casi una cumbre de los villanos de Ciudad Gótica (territorio en el cual el único amigo de Batman que se mueve como local es el inconmensurable Julio De Vido).

El informe de Lingieri, como es lógico, no sólo alertó a Kirchner. También a Moyano, a quien «Señor Cloro» se empeña en entornar aún a costa de quienes lo llevaron a su puesto actual (entre otros, Andrés Rodríguez). Por eso comenzaron los llamados para pedir explicaciones. Por suerte el Presidente no decidió en este caso enviar a uno de sus colaboradores a disolver el encuentro, como ocurrió con aquella comida multitudinaria del Regimiento de Patricios sobre la que cayó la intervención de José Pampuro (quien encontró entre los « conspiradores» más amigos que los que tenía en el gobierno). ¿A quién debería haber enviado Kirchner para este otro «fragote»? Tal vez a Cristóbal López, dijo un chistoso (a propósito, este empresario K acaba de incorporar al jockey más cotizado de Sudamérica: Jorge Roberto, «Robertinho»).

Más allá de las bromas, comenzaron los llamados para reunir información sobre lo que se había tramado en el lugar. Al cabo de tres días, cuando ya se habían ventilado declaraciones y publicado en varios diarios la inminencia de un complot, los hechos resultaron muy distintos al relato de Lingieri.

Del listado de ese informante sólo figuraron en el asado Menem, Barrionuevo y Triaca.

Apenas hubo un llamado del «Centauro» Rodríguez para saludar a Menem. Tanta divergencia entre realidad y fantasía obligó a los funcionarios del gobierno y a los propios sindicalistas de Moyano a indagar las fuentes informativas de Lingieri. «Sucede que hablé con Rafael y se debe haber equivocado...», se excusó, con una sonrisa avergonzada. En el circuito del gobierno, «Rafael» son Bielsa o Follonier. Por eso nadie entendió de qué hablaba el Señor Cloro. El se había comunicado con el guardaespaldas de Menem de toda la vida, de quien se hizo amigo durante los años en que Lingieri formaba parte del entorno del riojano, con la misma pasión que pone ahora en integrarse al de los santacruceños. «¿Así que Lingieri sigue hablando con Menem y sus amigos?», dicen le preguntó Kirchner a Moyano cuando el camionero rindió la cuenta final sobre la versión del «golpe». Ahora el hombre de Obras Sanitarias comenzó a hacer esfuerzos para que el secretario general de la CGT le renueve la fe. Había que verlo en la última reunión del consejo directivo, cuando amenazó «a los que ahora vienen a poner problemas pero que yo recuerdo muy bien cómo desfilaban en mis tiempos por la ANSSAL y cuánto se llevaba cada uno». Tal vez Moyano no le haya pedido tanto por un simple error informativo.

C.P.

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