Transversalidad retro: Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde coincidieron ayer en el vuelo de Buenos Aires a Bogotá. La casualidad hizo que hubiera un fotógrafo para transmitir otra foto inquietante; la última vez que se mostraron juntos gobernaba Fernando de la Rúa.
Si Néstor Kirchner pretendió, con poco éxito, cultivar la transversalidad, Eduardo Duhalde fue un precursor en la materia. Sólo que él se inclinó siempre por eslabonarse a gente mayor, figuras casi paternas que lo puedan orientar políticamente en el manejo casi físico de una maquinaria electoral como es el PJ bonaerense. En su momento, esa imagen patriarcal la cubrió Oscar Alende, quien a los requisitos de ser anciano y no peronista sumaba el de vivir en el conurbano sur. Nada menos que en Banfield. Alende, tras ser la ilusión reformista de los años '80, terminó encabezando en dos elecciones las listas duhaldistas del PJ bonaerense.
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Fallecido «Don Oscar», el bonaerense anduvo huérfano por un tiempo. Manuel Quindimil y Antonio Cafiero nunca alcanzaron la estatura del fundador del PI en su imaginación: es lógico, al ser peronistas buscan sacar ventaja en la interna y eso enturbia un vínculo que Duhalde quiere desprovisto de cualquier interés subalterno.
Con el cambio de milenio, en 2000, «Negro» recuperó la brújula poniéndose bajo la advocación de Raúl Alfonsín. Es cierto que el pacto de Olivos los enfrentó y que el caudillo radical explicó más de una vez que selló ese acuerdo porque «si el menemismo es una banda, igual que hay que evitar al duhaldismo, que es una organización» (en el sentido que se le daba a esta palabra en Chicago durante los años '20). Sin embargo, la paulatina adhesión de Duhalde a un difuso «modelo productivo» y su prédica devaluacionista acercaron al derrotado de 1999 con el ex mandatario radical hasta hacerlos soñar juntos con la caída de Fernando de la Rúa (para ser justos, antes imaginaron un gobierno de De la Rúa intervenido por el duhaldismo en la Jefatura de Gabinete). El peronista, llegado al poder, pagó aquella afinidad abriendo la nómina del empleo público a legiones de alfonsinistas. «Don Raúl», convertido en sustituto de «Don Oscar», predicaba mientras tanto que «este gobierno es la última posibilidad que le queda a la democracia». La gestión radical de De la Rúa no mereció nunca ese argumento de sus labios.
Como la política se construye con reciprocidades, ahora Alfonsín se aproxima a Duhalde y sueña con servirle de apoyo externo en su interna contra Kirchner. El ex presidente, que envió infinitos mensajes al gobierno para que le descongelen el cerco de indiferencia al que lo habían sometido, se mantuvo respetuoso de los mandatos oficiales, como tantos otros dirigentes, hasta que Juan Carlos Blumberg llenó las plazas.Ahora él también se le anima a Kirchner, como si hubiera recibido un guiño de Duhalde. Evidencias, dos importantes: el viejo caudillo radical publicó su primera nota crítica respecto del gobierno censurando la postura frente a Chile durante la crisis energética (debe reconocerse que en este punto Alfonsín defiende una política central de su gestión, que tuvo en el acercamiento a Santiago una pieza fundamental de estabilización regional).
La otra forma de mostrar los dientes fue la foto que se hizo sacar con Duhalde, a quien «por casualidad» encontró arriba de un avión. Fue en un vuelo a Bogotá, adonde el ex mandatario del PJ viaja como secretario general del Mercosur, para entrevistar aAlvaro Uribe; también visitará Caracas y se verá con Hugo Chávez. Más tarde, se reunirá con Romano Prodi en Bruselas. ¿Volverá en algún momento? ¿Mantendrá el teléfono conectado? ¿O se ausentará para que los suyos puedan hacer picardías y Kirchner advierta cuánto lo necesita a la hora de frenarlos? NiAlfonsín, que iba a Santa Marta, pudo resolver esas incógnitas. Ni explicar el azar de que ayer Alfonsín publicase una nota mortificante crítica a la política energética de cara a Chile del gobierno nacional.
Al jefe del PJ bonaerense suelen «pescarlo» por azar en todo tipo de vehículo. Duhalde también dijo que el retrato junto a Daniel Scioli (otro que comenzó a animársele al Presidente) y el resto de la disidencia peronista, esta vez sobre un vagón de tren, también había sido «por casualidad». Alfonsín, que no podía subir a ese tren, subió al avión.Y si bien no habla de « transversalidad» o «tercer movimiento histórico» (esto era antes), insiste en que «hay que buscar los comunes denominadores». A los radicales hay que seguirles las pisadas del lenguaje. En el caso de Alfonsín, por ejemplo, prestar atención a cuando diga que «se necesita un gobierno de unidad nacional». Fue la música verbal con que comenzó a sonar el serrucho contra De la Rúa.Aunque a la hora de conservar el poder los peronistas, aun los duhaldistas, son más solidarios que los radicales. Al menos hasta ahora.
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