ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

18 de septiembre 2011 - 12:49

Derechos humanos traicionados

ver más
Por Robert Cox

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

En una columna publicada este domingo en el Buenos Aires Herald, Robert Cox criticó a Hebe de Bonafini y dijo que con sus actos pone en riesgo todo lo avanzado en materia de Derechos Humanos. Sugirió que debería renunciar.


A principios de la década de 1980, me crucé con una delegación de las Madres de Plaza de Mayo en Managua, Nicaragua, mientras esperaba para verme con un funcionario del gobierno. De casualidad, también estaba presente Patricia Derian, quien había dirigido la política de derechos humanos del presidente Jimmy Carter. Me sorprendió que las Madres habían decidido viajar al exterior y desempeñar un rol político en Centroamérica, y lo dije. Me pareció que estaban a la vanguardia del movimiento de derechos humanos que se gestaba en la Argentina, trabajando con líderes tales como Emilio Mignone y el recientemente laureado Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. Derian no estaba de acuerdo conmigo, y ahora creo que ella y las Madres tenían razón. La causa de los derechos humanos es universal, y no puede ser separada de la política.   

Pero hay que proteger los derechos humanos de la contaminación de la política, y así fue cómo, en mi opinión, la causa de los derechos humanos en la Argentina se descarrió por obra de una persona en particular.   

Recuerdo haber leído con asombro seguido de espanto la declaración de Hebe de Bonafini una década atrás, cuando se regocijaba luego de la muerte de 3.000 personas en los ataques terroristas del 11 de septiembre contra los Estados Unidos. En aquel momento, yo estaba viviendo en los Estados Unidos y me enteré aún más tarde de que se podía compilar una antología entera de citas suyas en las que expresaba su maliciosa perversidad desde mucho antes del 11 de septiembre, declaraciones que por supuesto continúan hasta el día de hoy con su descripción de los miembros del Congreso como "ratas y víboras".   

Es posible que la haya conocido a Hebe de Bonafini antes de irme de la Argentina a fines de diciembre de 1979 con el fin de proteger a mi esposa e hijos luego de graves amenazas de muerte y un intento de secuestro. Tengo un pergamino que expresa el agradecimiento de las Madres, en el que figura su firma. En aquellos días, las Madres de Plaza de Mayo no estaban divididas. Sus dirigentes eran mujeres admirables de un coraje impresionante que tenían una preocupación primordial. Querían encontrar a sus hijos desaparecidos que habían sido secuestrados, perdidos en aquel inmenso infierno compuesto por centenares de prisiones y cámaras de tortura. Bonafini no estaba entre las Madres que yo conocía en esa época.   

Surgió como figura reconocible cuando la vi sentada en la primera fila de un estudio de televisión en Washington, escuchando a un panel en el que yo participaba para discutir sobre los derechos humanos. Estaba sentada al lado de Héctor Timerman, a quien había llegado a conocer y admirar a partir de su valiente campaña para salvar a su padre, el reconocido periodista Jacobo Timerman, de convertirse en uno de "los desaparecidos". En los momentos finales del programa, el conductor, Bill Moyers, le preguntó al público si había preguntas. Timerman y Bonafini demostraron estar magníficamente a la altura de la ocasión. Ambos me sorprendieron porque denunciaron con toda franqueza la dictadura militar. A Bonafini le preguntaron sobre sus dos hijos, quienes estaban entre los desaparecidos. Fue directa y honesta al contestar. Eran militantes que luchaban contra la dictadura, dijo ella. Me vino a la mente la figura épica de La Pasionaria, como le decían a Dolores Ibárruri, la dirigente republicana española.   

Hoy en día, lamento reconocer que Bonafini me recuerda al personaje de Madame Defarge en "Historia de dos ciudades", la novela de Dickens sobre la Revolución Francesa. En mi opinión, le ha hecho un daño enorme a la causa de los derechos humanos en la Argentina y ha manchado el liderazgo ejemplar de este país a nivel internacional. La Argentina es representada en el exterior por campeones de los derechos humanos tan destacados como Luis Moreno Ocampo, fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, y Juan E. Méndez, actualmente el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Tortura y ex Asesor Especial de la ONU para la Prevención del Genocidio.   

Moreno Ocampo demostró su capacidad como asesor de Julio Strassera en el procesamiento de los comandantes militares que gobernaron el país durante la dictadura, en un juicio que hizo historia. Méndez fue un preso político en la Argentina que más tarde se dedicó a defender a otros presos políticos y forjar una carrera contra los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad a nivel mundial. Es el autor de un libro lanzado la semana pasada en los Estados Unidos, aptamente titulado "Taking a Stand: The evolution of human rights" ("Tomando posición: La evolución de los derechos humanos").   

Bonafini, quien creo ha sido tal vez corrompida por el poder que llegó a acumular, debería dar un paso al costado para permitir que las dos organizaciones se unan. Que las Madres de Plaza de Mayo sean lo que supieron ser en el pasado, un ejemplo intachable para todos aquellos que creen en los derechos humanos, la decencia humana y la dignidad humana.   

El prestigio de las Madres se restauraría estableciendo su independencia del gobierno. Puedo escribir con toda seguridad que la decisión de ambos gobiernos Kirchner de poner fin a la impunidad y llevar a juicio a los responsables de las masivas violaciones a los derechos humanos les ha ganado un lugar glorioso en la historia. Sería una lástima, y hasta una tragedia, si ese logro tuviera un final deshonroso.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias