25 de enero 2002 - 00:00

Desanimado, Remes confesó que ya sufre un cerco internacional

Arrinconado por la caída de la recaudación y el cerco internacional que se ganó con las medidas que tomó en el último mes, el gobierno entró en las últimas horas en el camino de la imaginación. Es lo que sacaron de las palabras de Jorge Remes Lenicov y de Eduardo Duhalde el grupo de funcionarios y gobernadores peronistas que lamieron heridas hasta la madrugada de ayer en Olivos.

El grupo había llegado para escuchar el lamento de los gobernadores peronistas por la falta de fondos y negociar el auxilio -que lograron- para el pago de los sueldos del mes que viene. Salieron más impresionados que como entraron al escuchar el depresivo diagnóstico del ministro de Economía.

«El gobierno está bloqueado del resto del mundo. Hablé ya con los ministros de Economía de todos los países del G-7 y no hay que esperar nada de ellos.»

Blancos, miraban los mandatarios peronistas (ausentes sólo el riojano Angel Maza y el misionero Carlos Rovira), los ministros Rodolfo Gabrielli, José Ignacio de Mendiguren; también Oscar Lamberto y una línea de secretarios de variada intimidad con el Presidente. «Lo único con que contamos es con $ 4.000 millones del BID que promete Enrique Iglesias (algunas caras sonríen)... pero con la condición de que haya antes un arreglo con el FMI (caras serias de nuevo).»

La mesa de los gobernadores venía dividida desde la reunión previa en el Consejo Federal de Inversiones en dos sectores: uno, mayoritario, encarnado en las provincias del llamado «frente federal» que integran los distritos menos poblados. Este sector defendió como única demanda la necesidad de pagar los sueldos y contar con fondos para auxiliar a los más pobres.

El otro grupo nuclea, naturalmente, a las provincias grandes (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe) y agregó un lema cuyo vocero fue José Manuel de la Sota: «Además de ayudar a la gente y pagar los sueldos hay que reactivar la economía». De Mendiguen sonrió pero De la Sota lo frenó: «Hablo de reactivar en serio, que es apoyar sin condiciones al sector privado. En el sector privado es donde descansa la economía y el que ignore eso se equivoca».

Duhalde le pidió ideas y el cordobés apeló a viejas banderas, como bajar los impuestos
. «Acá hay que atacar la política fiscal, más allá de que haya que mejorar la recaudación. ¿Hasta cuándo vamos a esperar para hacer una drástica baja del IVA, un impuesto que no se paga ya casi?» «Cayó 32% en enero», lo mortificó Lamberto mirando una libretita.

• Freno

«Además -siguió De la Sota-, hay que pensar en serio en sacarles impuestos a las empresas, como renta presunta y a los intereses de los créditos. Son trabas a la actividad que frenan cualquier impulso de crecer, que es lo que necesitamos.»

Felipe Solá apoyó ese lema pero quiso saber algo más del plan Remes: «
¿Sin crédito puede haber actividad económica? ¿Cómo creen que puede reactivarse si hay un bloqueo financiero externo que elimina el crédito? ¿Con la ilusión de la ganancia futura? ¿Qué economía es ésa?».

Lamberto:
Está el dinero que hay en la calle.

¿Cuánto hay?, le preguntan.

Lamberto: En el colchón hay $ 15 mil millones. Agreguen a eso unos $ 11 mil millones de circulante. Es plata, ¿eh?

¿Y quién la va a mover?

Remes: Es la única salida, esperar a que vaya saliendo ese dinero. Tiempo, necesitamos tiempo.

¿Tiempo para qué?

Remes: Para que se vaya tranquilizando el dólar y podamos flotar. Si flotamos, podemos empezar a hablar con el FMI un programa de ayuda en serio.

De la Sota:
Podríamos inyectar pesos al mercado.

Remes:
Imposible. Hoy va todo al dólar. Vamos a pesificar para terminar dolarizando.

De la Sota:
¿Y si mandamos LECOP?

Remes:
También van al dólar. 2 a 1. Dos LECOP, un dólar. Tenemos que confiar en que vaya saliendo la plata que tiene la gente en el colchón, que se apacigüe el dólar. Y después flotar. Inyectar pesos es alimentar la inflación. Y la devaluación se nos va a volver en contra.

Solá:
Algo hay que hacer, De la Rúa era la agonía pero el «corralito» es la muerte.

De la Sota:
¿Saben que dentro de algunos años se van a estudiar estos meses de la historia argentina como un modelo de destrucción general de una economía? Quiso que fuera una ironía, pero no hizo sonreír a nadie.

Al escuchar «devaluación», De Mendiguren se creyó llamado al escenario y pidió la palabra para leer un largo informe que llevaba escrito sobre cómo la devaluación produce reactivación en varios sectores de la economía que dice él percibir ya en marcha. «Hay actividades que se habían radicado fuera del país y que están regresando.»

«A la luz de la modificación cambiaria y los bajos índices de inflación el corto plazo -dijo ajustando los anteojos- la industria de la carne habla de crear 6.000 puestos para exportar sin aftosa, Goodyear está analizando volver a fabricar neumáticos tomando a 300 personas en el corto plazo.»
Entusiasmado con algunas sonrisas que empezaban a brotar en la mesa que había tendido Chiche González para la cena, De Mendiguren sumó a los jugueteros, los fabricantes de motos, una cervecería, la industria automotriz que, apostó, ha mejorado su competitividad entre 7 y 9 puntos, también la minería.

De la Sota quiso agregar sus teorías fiscales, pero Lamberto le negó crédito. Recordó que la caída de la recaudación es en picada y que no se pueden dar más.

Animado por Solá, Lamberto admitió que los únicos impuestos que se cobran son aquellos que tienen agentes de retención obligada, pero que los tributos de recaudación voluntaria están por el suelo. El secretario de Hacienda aportó que una posibilidad era generalizar la bajar del IVA a las exportaciones agrícolas de que hoy goza sólo la carne (ver nota aparte). «Es un impuesto que al final hay que devolverlo, pero que se evade mucho en la cadena. A lo mejor si lo bajamos a 10,5% se evade menos y hacemos diferencia a favor porque el sector paga IVA de 21% sobre los insumos. Es la única forma de beneficiar el Tesoro con algo de la rentabilidad de 40% que le hemos aumentado al agro con la devaluación.»

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