ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

1 de junio 2006 - 00:00

Desde ayer la UBA tiene vicerrector

ver más
El ex decano de Veterinaria Aníbal Franco, flamante vicerrector de la UBA, se retira ayer de la sala donde segundos antes, en una sesión cuestionada, había sido electo por el Consejo Superior (arriba). Militantes de izquierda, que controlan la FUBA, coparon primero el recinto de sesiones del Consejo Superior, obligando a sesionar a puertas cerradas. Luego, entraron por la fuerza al otro salón (abajo).
Entre el tumulto y los gritos, en una sesión polémica el Consejo Superior de la UBA designó ayer con mayoría ajustada a Aníbal Franco, ex decano de Veterinaria, como vicerrector para que -de no prosperar las impugnaciones- pilotee la normalización de la Universidad porteña.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Franco, de origen peronista pero aliado del radical Atilio Alterini, fue votado por 18 de los 28 consejeros superiores, durante una reunión de emergencia desarrollada a puertas cerradas y en un salón vecino al histórico recinto de sesiones del rectorado.

Fue luego de un tironeo agotador entre la cúpula de la UBA y las agrupaciones de izquierda que comenzó temprano, a las 9, cuando Alberto Boveris, rector interino, abrió el encuentro que minutos después se abortaría por la irrupción de dirigentes estudiantiles.

Desde entonces hasta las 13.30 cuando, de manera intempestiva se proclamó a Franco como vicerrector, todo fue tensión en la sede del rectorado. En una sala custodiada estaban reunidos los consejeros; el recinto, en tanto, permanecía copado por los estudiantes.

Cuando, a las 13.35 y con varios de los consejeros alejados de la mesa de debate, se votó la postulación de Franco, se produjo el pico tórrido: advertidos desde adentro por teléfono sobre la votación, los estudiantes entraron a la sala y hubo gritos y forcejeos.

En el entrevero, los encargados de seguridad del rectorado alzaron en andas a Boveris y lo sacaron del salón que habían invadido los militantes. Sólo de ese modo, se pudo avanzar con una votación cuatro veces -tres asambleas; un Consejo Superior- impedida.

El imán de todos los reproches fue José Luis Giusti, consejero por Graduados, ex dirigente de Franja Morada, y operador del sector ligado a Alterini, que se trenzó enardecido en una discusión con María Damasseno y Juan Pablo Rodríguez, copresidentes de la FUBA.

No hubo golpes, pero más sutil alguien arrojó agua con gas-pimienta.

Un motivo puntual motivó a la izquierda contra Giusti: el ex Franja Morada actuó ayer como el más inquieto promotor de que a las apuradas y casi en secreto se designe a Franco como vicerrector. Incluso, puertas adentro, había protagonizado un cruce con Boveris, el rector interino.

- Tenemos que votar pase lo que pase -intimó Giusti.

- No: en estas condiciones no se puede seguir -intentó frenar la embestida Boveris, que se mostraba partidario de postergar la sesión.

- Se vota ahora... -insistió, ya de pie y con un alarido, el graduado.

Como toda respuesta, el rector interino le arrojó una lapicera al ex dirigente de Franja y se retiró bruscamente de la mesa. Regresó, más calmo, minutos después y reanudó una ronda de negociación que, más tarde, se convertiría en una sesión casi clandestina.

Dos sectores reaccionaron de inmediato. Por un lado, la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), que protagonizó los incidentes, consideró ilegal e ilegítima la votación de Franco. Por el otro, un grupo de ocho consejeros cuestionaron la elección.

  • Equilibrio

    En paralelo al planteo de los estudiantes de izquierda, le siguió luego el de un bloque integrado por seis decanos -Alfredo Buzzi, Jaime Sorín, Hugo Trinchero, Jorge Aliaga, Federico Schuster, Lorenzo Basso-, una graduada -Flavia Bonomoy una profesora, Felicita Elías.

    La votación, dijeron estos ocho consejeros, «fue intempestiva» y «le hace mucho daño a la UBA». Con esa postura, este grupo que se autodefine «progresista» buscó el equilibrio entre la maniobra polémica de la cúpula de la UBA y la reacción violenta de la FUBA.

    A su vez, desde la tríada de izquierda que controla la FUBA, se anunció que se va a impugnar legalmente la sesión. «Fue secreta y, como tal, debería haber sido aprobada por dos tercios de los consejeros. Eso nunca ocurrió», dijo Santiago Higa, delegado estudiantil.

    De todos modos, a media tarde, Boveris y el recién electo Franco defendieron ante la prensa la votación que consideraron legal y legítima aunque, según admitió el rector interino, un «poco caótica».

    Franco, poco antes de asumir, enfocó la agenda inminente: dijo que intentará vía diálogo normalizar la UBA y poner en funcionamiento el aspecto administrativo. La elección del nuevo rector no figura, por lo pronto, entre las prioridades de la nueva conducción.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias