Despedida con tono crítico ayer de tres senadores
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En el estrado del acto de despedida ayer de senadores que
ejercieron la presidencia del país, Ramón Puerta (Misiones),
Eduardo Menem (La Rioja), Daniel Scioli (vicepresidente)
y Mario Losada.
Losada remató por otro lado con una buena frase: «No interesa tanto cómo nos aplauden cuando llegamos al Congreso, sino cuánto nos respetan cuando nos vamos». Varios la anotaron, pero uno de los presentes, el ex senador radical José María García Arecha, le hizo la arqueología a la frase: «Es otra versión de lo que nos enseñó Ricardo Balbín: 'El primer día en que ocupen un cargo, piensen ya en cómo van a salir». El propio Balbín perfeccionó la máxima: nunca ocupó un cargo ejecutivo en su vida (fue diputado y, en su juventud, fiscal de la sangrienta intervención Borsania Mendoza, que todos los radicales prefieren olvidar).
El único que fue con barra fue Eduardo Menem, jaleado por el sindicato de los empleados legislativos (coorganizador del acto junto con Scioli) como autor del estatuto que les da el privilegio de ser los únicos empleados públicos con seguro total de estabilidad (así lo describió el cacique sindical Norberto Di Prospero, que cerró el acto).
El senador riojano, que batido récords por su permanencia de 22 años en la cámara, recordó su participación en sanciones ya legendarias como el Tratado del Beagle, la ley de divorcio vincular, de patria potestad compartida y del defensor del pueblo. Defendió también su participación en la reforma constitucional de 1994, a la que caracterizó de «garantista, pluralista y abierta a los derechos humanos». Remató con otra buena frase tomada de Gandhi: «No hay camino a la democracia, porque la democracia es el camino».
El sindicalista Di Próspero recordó que hubo resistencias en el oficialismo a este homenaje, pero que ellos insistieron en hacer porque le debían a Eduardo Menem el agradecimiento gremial. Era un secreto a voces que incluir a Puerta y a Losada, idea de Scioli, frenó las presiones que venían de Casa de Gobierno para levantarlo.
Para algunos debió incluirse a Antonio Cafiero, pero nunca alcanzó el rango institucional de los otros tres.
Capítulo aparte (porque es una guerra aparte y que no ha terminado) es el rédito para Scioli. Todos los discursos resaltaron el ánimo de concordia que significaba ese homenaje como extraño al estilo imperante en política hoy. El vicepresidente había abierto la «sesión» citando a Cicerón sobre la obligación de los pueblos de agradecer a quienes sirven a la República.
El repaso de los presentes es un dato para retener, porque el arco incluyó, entre otros, al vicepresidente 1º del Senado, Marcelo López Arias, los senadores Carlos Reutemann, Ada Maza, Pedro Salvatori, Antonio Cafiero, Guillermo Jenefes, Ricardo Gómez, Rubén Marín, el senador y ex presidente Adolfo Rodríguez Saá, los diputados electos Francisco de Narváez, Luis Patti, los diputados Adrián Menem y Alejandra Oviedo. También estaban Zulemita Menem, la vicepresidenta segunda del Senado, la radical Miriam Curletti, los ex senadores Raúl Baglini, José María García Arecha, Antonio Berhongaray, Alberto Tell, Héctor Maya. Se mostraron el ex titular de la Corte Julio Nazareno, el escritor Jorge Asís, los ex diputados José Canata (hoy subsecretario administrativo de la cámara), Julio César Aráoz, José Bielicki, Marcelo Bassani, el senador saliente Carlos Prades, el ex concejal Humberto Bonanata, la senadora Luz Sapag, la ex senadora Alicia Saadi, el ex ministro Adalberto Rodríguez Giavarini, el embajador Fernando Petrella, Gacela Simán Menem, Julio Márbiz, Jorge Castro, Adolfo Gass, Pascual Albanese, Adrián Menem, Hugo Franco, Enrique Nosiglia, Oscar Lamberto y seguían nombres. Tantos que para algunos es ya masa crítica para una nueva etapa que nace también en esta vereda, y también sobre el almácigo de los que se van. Por lo menos, del Senado.




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