5 de junio 2002 - 00:00

Desventuras del senador Moreau

El senador populista Leopoldo Moreau -que junto con Raúl Alfonsín y algunos seguidores en disminución continúan en el apoyo al presidente Duhalde- experimentó el lunes a la noche otra etapa de lo que se niega a admitir: la izquierda no lo acepta. Concurrió al programa «Detrás de las noticias», de Jorge Lanata, y soportó varios embates fuertes.

Moreau nunca ha enfrentado una elección directa general en urnas como candidato y sobrelleva su prolongada vida política surgiendo de listas sábana, donde logra ubicarse por juegos internos del radicalismo en los cuales él domina una fuerte porción del distrito bonaerense gracias al clientismo. Se sustenta en gran cantidad de nombramientos en sectores públicos como ANSeS y PAMI, considerándoselo uno de los mayores depredadores de los presupuestos de esos organismos, junto con otro sólo internista de la UCR, como Federico Storani.

Moreau se opone -es obvio- a la iniciativa del interesante y sólido diputado justicialista independiente por Tucumán Ricardo Falú, que ha presentado un proyecto para que todos los parlamentarios -titulares y suplentes- renuncien y den paso a que una futura elección presidencial se haga con el necesario surgimiento de un nuevo Congreso Nacional.

También es sindicado Moreau como el que introdujo en la mente de Eduardo Duhalde una reforma constitucional para adoptar en la Argentina el «régimen parlamentario» a la manera de algunos países europeos (Inglaterra, Italia, Francia, los municipios de ese continente), pese a que ninguna nación latinoamericana lo posee. El «parlamentarismo» no es aconsejado salvo en países de gran desarrollo mientras que el «régimen presidencialista» se estimó siempre como el más adecuado para países que necesitan gran poder de decisión para salir de su subdesarrollo.

• Debilidad

El actual sistema vigente en el país, con un presidente no electo sino designado por el Congreso, como es Duhalde, es una muestra cabal de la debilidad que significaría para recuperar a la Argentina un régimen parlamentarista.

Pero puede comprenderse que Duhalde -que también a costa del erario ha montado un fuerte «aparato político bonaerense»- coincida con Moreau que sabe que por el rechazo que provoca en la gente no tiene otra chance política que usar su clientismo y tratar de influir sobre el país desde un Congreso que domine y supedite al que fuera primer ministro. El pensar en lo mejor para el país no está en la mira de este tipo de políticos frente al riesgo de perder su actuación si la gente puede individualizar a quien vota, al suprimirse las «listas sábana».

Por eso Moreau también se sustenta en que «una elección nacional ahora sería un desastre». En realidad, lo que lo atormenta es la desubicación de su sector del radicalismo, el populista, con notorios fracasos y en retirada, cuando los partidarios moderados se pueden ir con Ricardo López Murphy (se desafilió de la UCR) y otros, con tendencia de izquierda, se irían con Elisa Carrió que en realidad, con cierto carisma del que Moreau carece, se ubica en lo que este diputado hubiera deseado cosechar para sí.

• Desubicación

Pero se equivocó feo el radical -síntoma de esa desubicación actual y desconcierto- pretendiendo hablar mal de la Carrió en un programa de la izquierda vernácula y con un Lanata que apoya a la diputada.

«¿Por qué les temen a las urnas?»
, le lanzó de sopetón el animador televisivo que está en otra porfía utópica: cree que Elisa Carrió puede aprovechar el descontento actual de los argentinos y erigirse en presidente de la Nación. Una especie de «Lula femenina» recreada desde Brasil para la Argentina. En el juego de encuestas falsas -casi todas pagas frente a la lejanía de las urnas- la izquierda supone que Carrió ganaría, como supuso en el pasado que lo haría por sí solo Carlos Chacho Alvarez, Graciela Fernández Meijide o antes Oscar Alende. Siempre aparece una figura izquierdosa, con algún carisma, en la tradición política argentina. No ganan pero perduran. Suelen llegar cerca -caso de Chacho Alvarez como vicepresidente electo- pero uniéndose con figuras no dispuestas, como era el sector de Fernando de la Rúa, a ejecutar luego las absurdas políticas de izquierda. La Alianza que contenía a Chacho Alvarez terminó en un desastre de gestión que precipitó -aunque venía de mucho antes- el estallido económico, financiero y social de la Argentina. Lilita Carrió significaría lo mismo o peor porque tiene viveza pero más conflictos mentales y menos inteligencia y equipos que el «chachismo». Jamás en la historia política la izquierda o un populismo han logrado la superación para un país en crisis. Bastaría recordar, en 1946, la «unión democrática» que vinculó a comunistas, socialismos varios, radicales y hasta conservadores contra el surgente Juan Perón. Obvio, fracasaron. Si hubieran ganado, no podrían haber gobernado como la última «Alianza» (Alvarez, De la Rúa, Alfonsín) o la actual (Duhalde, Alfonsín, Moreau como «Alianza II»).

«Yo estaba afuera y por eso no voté ni di quórum», dijo Moreau explicando su pirueta de mantenerse en el exterior para no perderse a Duhalde como paraguas si votaba en contra ni sumarse a la correcta derogación de la ley de «subversión económica», si tenía que hacerlo a favor.

Pese a la ola que se quiere formar es impensable que el pueblo argentino, votando, se inmole y perpetúe su drama actual tras una Carrió antinorteamericana que no quiso ni concurrir a ese país -fue invitada- a defender sus ideas. ¿Con qué ayuda creerá que puede presidir una nación que está en default, depende de la ayuda externa, no tiene sistema financiero, 25% de desocupación más la ocultada por decreto encareciendo despidos y una deuda pública superior ya a los 150.000 millones de dólares? Es la eterna fantasía de algunos políticos criollos de izquierda.

• Ataque

Pero Moreau la atacó: «El ARI (de Elisa Carrio) votó junto al menemismo y, si no lo hubiera hecho, no había debate en el Senado para derogar la ley de 'subversión económica'». Buscó congraciarse con el conductor del programa y también lanzó: «Mariano Grondona redactó el comunicado 150 que dio origen a la dictadura del general Onganía (Juan Carlos)».

Se olvidó de decir que aquella dictadura de Onganía -inútil, como todas las de los militares en el pasado- no fue sangrienta como sí sucedió con el Proceso. Y en éste, el mismo Moreau ahora crítico fue ascendido y privilegiado por los militares que intervinieron el diario «La Opinión». El pasó a ser jefe. Los anteriores jefes con Jacobo Timerman fueron decapitados por esos militares.

La izquierda lo sabe pero Moreau insiste en que le den cabida a él o, por lo menos, no le alienten a su rival y aspiradora de votos Elisa Carrió. Parece poco serio el intento y equivocado el lugar para el accionar de este senador, como tan nítidamente se observó en televisión.

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