No era obligación que el veterano Esteban Tries hablase en el acto de ayer por Malvinas, pero censurarlo después de invitarlo a ser uno de los oradores en el acto de El Palomar termina siendo un agravio. Como en otros actos del gobierno, el remedio resulta peor que la enfermedad.
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Tries había sido designado orador para el acto de El Palomar por el ministerio de Defensa. No escribió el discurso pero le envió al despacho de Nilda Garré un ayuda memoria que iba a usar en su discurso. Es norma hacerlo cuando está presente el Presidente. Eran apenas una diez frases en las que sintetizaba su posición de defensa de la causa Malvinas, una reivindicación del coraje con el cual habían peleados los soldados y sus jefes. Deslizaba también una crítica a quienes hoy hacen demandas a oficiales y suboficiales por presuntas violaciones a los derechos humanos por dar orden en voz alta o imponer castigos a la indisciplina militar (que en un frente de guerra pueden llegar al fusilamiento, por ejemplo de un desertor o de un espía enemigo). «Las órdenes de, «¡Carrera march!», o «(¡Viva la Patria!)» nos salvaron más de una vez la vida en las trincheras para poder seguir peleando», decía más o menos una de esas línea del apunte de Tries.
La ministra le reclamó a través de un secretario que le enviase el discurso completo. «Lo tengo en la cabeza, pero si me mandan un escribientese lo dicto». Lo hizo, por teléfono. A las pocas horas recibió un llamado de parte de Nilda Garré que le decía que el discurso se levantaba. ¿Censura?, pregunto. Nooo, le dijeron. Es que la Presidente está muy atribulada por la crisis con el campo y quiere más bien un acto corto, sencillo, con ella sola como oradora.
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