Apareció a metros de la Gral. Paz, zona bonaerense, un automóvil acribillado con 3 cadáveres de hombres, uno decapitado. En Tigre mataron a un padre de 2 balazos, estaba junto a su hijo de 3 años para sólo robarle un stereo. Apareció el cuerpo de una mujer boliviana también decapitada en Escobar. Al joven secuestrado Diego Peralta, de 17 años, lo mataron hace 10 a 14 días, cuando el padre hizo pública la denuncia. Tenía 7 tajos, pero murió ahogado porque lo arrojaron vivo a una laguna en la tosquera. Sacaron a la Policía Bonaerense del caso. El segundo del ministro de Seguridad, Marcelo Sain, del Frepaso, dijo sorpresivamente que todo es un complot pero «no policial sino político, surgido de la interna del PJ bonaerense». Se desataron imputaciones entre el gobierno provincial y el nacional, que estudia intervenir o poner el estado de sitio en territorio del gobernador Felipe Solá. El justicialismo bonaerense duhaldista lanza una fuerte réplica contra Sain, el ex Frepaso y el ministro «Juampi» Cafiero, donde les imputa su propia responsabilidad en el carácter de zona siniestra en que se ha convertido el Gran Buenos Aires. Duhalde estaría enojado con Solá y exigiría que saque a Cafiero (h) y a Sain. A su vez, el gobierno bonaerense cree que hay «una mano oculta» de Carlos Ruckauf y del ministro nacional de Justicia y Seguridad, «Juanjo» Alvarez, para quitarle la posibilidad de buscar su reelección a Felipe Solá. Aparte de las graves imputaciones políticas, la población del conurbano está aterrorizada. De 80 llamados a radios, 52 pidieron la pena de muerte, porque la gente fundamentalmente cree que hay un desborde total de la delincuencia. Carlos Menem propuso también analizar la pena de muerte a los criminales y declaró que «parecemos un país sometido a arresto domiciliario por los criminales», en relación con el temor de la gente a salir a la calle. Ricardo López Murphy dijo que «hay que modificar la legislación procesal y penal». José de la Sota y Aníbal Ibarra arremetieron contra la Policía, al igual que la izquierda. Nadie se acuerda en cambio, de que en toda la provincia de Buenos Aires existe un solo instituto de internación de menores delincuentes; los demás son abiertos, y que por falta de cárceles los delincuentes deben apiñarse en comisarías.
El gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, es observado con preocupación por Eduardo Duhalde, por las consecuencias que podría acarrear el asesinato del adolescente Diego Peralta.
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Por más que todo parece dirigido contra Cafiero, hay datos que empezaron a sobresaltar al gobernador. Con premura y sin avisar a nadie, la Legislatura bonaerense decidió anteanoche intervenir en el tema de seguridad y creó una comisión para investigar tres crímenes (claro, al día siguiente debían incorporar algunos más hasta con decapitados). Esta preocupación legislativa fue acompañada por distintas voces que reclamaron la dimisión de Cafiero. Sin embargo, éste ya parecía una hoja al viento en la crisis a pesar de que anoche el propio Solá lo confirmaba en su puesto. A la misma hora, la mayor parte del PJ bonaerense -en estado de agitación- se reunía en la sede junto al café Tortoni y propiciaba una durísima declaración.
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