29 de abril 2002 - 00:00

Dificultades para conseguir gente en los puestos decisivos

Roberto Lavagna se tomará toda la semana para definir los cargos y las personas que lo acompañarán en el Ministerio de Economía. Sin embargo, ya se perfila un estilo de trabajo. Lavagna se rodeó en estos días de colaboradores directos y de confianza, como Alberto Paz, Ricardo Delgado y Enrique Devoto. Con estos tres economistas consultó los puntos más importantes de su plan económico. Sin embargo, no es seguro que los tres formen parte de su equipo. El problema es que están vinculados a Ecolatina, la consultora que Lavagna fundó en 1975 y que seguirá trabajando durante la gestión de su creador, con lo cual alguno de los economistas volverá a la entidad privada.

Hay un cuarto colaborador que trabajó en las últimas 48 horas codo a codo con Lavagna: Alberto Coto
(ex director del Banco Provincia y actualmente diputado del PJ por la provincia de Buenos Aires). Sin embargo, y a diferencia de los tres economistas, Coto es «operador político» y por ahora no tiene un puesto diseñado dentro de Economía.

Fuera de los cuatro colaboradores, ayer circularon otros nombres potenciales, ninguno con cargo seguro. Alejandro Mayoral recibió, no de Lavagna, el ofrecimiento para el puesto de secretario de Financiamiento que hoy ocupa Lisandro Barry. Para este cargo el nuevo ministro busca alguien con inmejorables contactos con el sistema financiero, ya que sabe que este frente (quizás el más conflictivo de todos los que deberá enfrentar) no es su fuerte.

Otros candidatos para el equipo de Lavagna son Miguel Cuervo y Carlos Leyba (todos fueron funcionarios de Alieto Guadagni en la Secretaría de Industria), además del retorno del economista radical Roberto Frenkel, viejo conocido de Lavagna de los días en que preparó el plan austral.

•Coincidencia

El jueves, los colaboradores de Jorge Remes Lenicov presentaron su renuncia y por ahora ninguna fue aceptada, con lo cual todos los hombres del ex ministro continuarán ejerciendo sus cargos. Entre los que seguirían, por lo menos en el corto plazo, figuran Juan Carlos Pesoa (si no sigue siendo secretario de Hacienda, igualmente se le ofrecerá continuar con las negociaciones con las provincias), Alberto Abad (continuaría manejando la AFIP) y Alieto Guadagni seguirá en Energía.

Todos los economistas y colaboradores que estuvieron cerca del actual ministro de Economía en los últimos años, fundamentalmente dentro de la consultora Ecolatina y en trabajos independientes pero siempre dentro del sector privado, aseguran que trabajar con Lavagna «es complicado pero no imposible».
Coinciden en el diagnóstico también quienes estuvieron cerca suyo durante sus días de embajador argentino ante la Unión Europea (UE). Si repitiera el ritmo diario laboral que vino desempeñando en las dos funciones, la privada y la pública, estaríamos ante un cuadro intermedio entre Domingo Cavallo y Roque Fernández. Lavagna, definitivamente, no es un «workaholic» compulsivo como era el último ministro de Economía de Fernando de la Rúa.

Según aclaró a este diario uno de los economistas que más cerca de Lavagna trabajó en los últimos años, no se trata de una persona que invada la vida privada de sus colaboradores. No llama a horas insanas. No trata mal a los que lo rodean o a los que no piensan como él cuando la situación apremia y los resultados no se ven. Sin embargo, tampoco tiene un método de trabajo similar al de Roque Fernández, que impuso a su gestión la obligación de trabajar con horarios regulares y la ventaja para los funcionarios de aquellos días de contar con los fines de semana, salvo cuando la situación apremiaba.

Si repitiera el ritmo de actividad de Ecolatina y la embajada de Bruselas, los colaboradores de Lavagna trabajarían con máxima presión y con un jefe poco demostrativo de los afectos. Deberían presentar avances periódicos y metas concretas, fundamentalmente numéricas, para mostrarle a su jefe eficacia en la gestión. Tendrán que ser además escuetos en sus informes periódicos, salvo que específicamente el ministro pida un «paper». Lavagna es abierto a las opiniones de sus colaboradores. «Prefiero que se equivoquen intentando ideas nuevas, a que se recluyan en la teoría escrita», dijo una vez a un economista que trabajó en Ecolatina en la entrevista de ingreso. Sin embargo, pide que haya mucha solidez en la defensa de las ideas y que se lo convenza de la necesidad de una medida o de una opinión pública, lo que generalmente es difícil de conseguir. En ámbitos universitarios es considerado un profesor «difícil» en el momento de rendir exámenes, sobre todo orales. Generalmente delega trabajos y permite la creatividad. Sin embargo, en el momento de hacer públicos los informes o tomar decisiones, es él personalmente el que revisa, relee y pregunta los costados grises.

•Decisiones famosas

Es capaz de tomar decisiones imprevisibles y extremas sin vuelta atrás. Hay dos que son famosas. Al abandonar en 1987 el gobierno de Raúl Alfonsín, denunció públicamente el «festival de bonos», en lo que fue un de los portazos más ruidosos de ese gobierno radical. Más adelante en el tiempo, en diciembre del '99, esperó dos horas sentado en el Hotel Panamericano que Carlos Chacho Alvarez (el político que lo llevó a las huestes aliancistas) lo recibiera. Cuando consideró que el tiempo transcurrido era demasiado, y mientras docenas de potenciales funcionarios aguardaban en fila, abandonó el hotel, tomó un taxi en la puerta, volvió a la sede de Ecolatina en el centro porteño y nunca más volvió a integrar equipos chachistas.

Si algo no se le puede reprochar a Lavagna es experiencia de participación en gobiernos en crisis.
De perfil eminentemente industrialista y productivista (lo que conquistó definitivamente a Eduardo Duhalde), tiene afiliación peronista y debutó en la función pública como secretario de Coordinación y director de Ingresos en el gobierno justicialista de Isabel Martínez de Perón con José Ber Gelbard como ministro. En el '75 abrió Ecolatina y participó en el directorio de la metalúrgica La Cantábrica. Con el regreso de la democracia, tuvo su experiencia más importante y recordada en la función pública, cuando desde el '85 y hasta el '87 ocupó la Secretaría de Industria. Además del plan austral (con Frenkel y Adolfo Canitrot), fue el principal impulsor y negociador del Mercosur durante su creación, en este caso junto con Beatriz Nofal.

Luego de denunciar el festival de bonos, volvió a Ecolatina. Continuó en la actividad privada hasta que en abril de 2000 asumió como embajador ante la Unión Europea. En el medio participó acompañando a José Octavio Bordón en la campaña presidencial del '95 y luego comenzó a trabajar con Chacho Alvarez en la formación de la Alianza.

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