Quiere que se la aprueben hoy. Fuerte oposición de Elisa Carrió. En Senado tiene media aprobación ya desde el año pasado con presión. Busca que impidan que acreedores de su alta deuda tomen el diario. "La Nación", endeudada, apoya. Provocará discriminación a quienes le prestaron dinero desde el exterior. El diario se mantuvo neutro en la elección por necesitar tanto apoyo.
La Cámara de Diputados quedó ayer al borde de una fractura cuando la presión del Grupo «Clarín» y el diario «La Nación» consiguieron que se incluyera en la agenda de la sesión prevista para hoy el polémico proyecto de protección a los «bienes culturales», una ley que no tiene otro objeto que el de salvar a los grupos de medios endeudados de una toma de control por parte de sus acreedores en caso de incumplimiento de pagos, como ya es el caso del Grupo «Clarín» y «La Nación».
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El proyecto debería tratarse en la sesión de hoy de Diputados en tercer lugar dentro de la agenda de trabajo, que incluye: ayuda a Santa Fe, ley de acceso a la información, bienes culturales, suspensión de ejecuciones hipotecarias, rescate de cuasi monedas y plan de promoción para el GNC. Pero todo este esquema puede caerse si estalla el escándalo en el recinto.
La norma que proponen los monopolios de prensa prohíbe que una empresa extrajera posea mas de 30% de un medio nacional, ni que tampoco cedan el control sobre los contenidos de su producción. No existe esta limitación en ninguna otra área de la economía.
• Amenaza de Carrió
Pero la votación no será pacífica y el debate puede hacer caer la sesión. Elisa Carrió salió ayer casi a los gritos de la reunión de Labor Parlamentaria cuando se propuso el tratamiento de la norma. Amenazó con denunciar las presiones en el recinto. Lo mismo sucedió con algunos diputados justicialistas, casi todos menemistas, y provinciales -a los que llamaron personalmente los lobbystas de cada uno de esos medios gráficos para pedirles el voto-y anoche debatían la cuestión los radicales.
Pocas veces como ayer se vio una presión tan fuerte sobre los diputados desde los monopolios de prensa. Ni siquiera había sido tan evidente cuando se debatió la frustrada ley de radiodifusión. Hasta uno de los máximos directivos del diario «La Nación» llamó personalmente a algunos diputados preguntándoles: «¿Nos van a acompañar en esto?», como si se tratara de otro legislador más o el coordinador de una bancada. Pero lo más curioso, y que despertó mayor bronca en algunos bloques es que los representantes de los grupos de prensa parecían saber más del armado de la sesión de hoy que los propios diputados: «El tratamiento ya está acordado con Camaño, el proyecto va en segundo lugar en la orden del día, ¿queremos saber si ustedes están de acuerdo?», le dijeron a un grupo de legisladores. Después de cortar el comentario fue obvio: «Estos tipos saben más de lo que pasa acá adentro que nosotros. Esto ni siquiera es un apriete elegante», decían.
La marca sobre los diputados fue cuerpo a cuerpo. Los llamados por teléfono fueron acompañados de visitas de los lobbystas en el despacho de cada diputado. El apuro en sacar la ley ahora -ya fue votada en el Senado a mediados del año pasado y no avanzó en Diputados por resistencia- tiene su explicación: los medios saben que después de la segunda vuelta será mas difícil apretar al nuevo gobierno para sacar esta ley que establece un privilegio para la prensa que no goza ningún otro sector empresario. Es decir, prohibición total para que un medio en default o mora deba ceder el control de sus acciones a sus acreedores -lo que sería plena vigencia de la Ley de Quiebras y aplicación del cram down-.
Este tipo de protección, disfrazada bajo el mentiroso título de «preservación de patrimonios culturales», permitiría que los medios que se endeudaron en miles de millones de dólares en el exterior no fueran tocados por sus acreedores bajo ningún concepto.
Allí entrarían diarios, revistas, radiodifusión de todo tipo, productoras de contenidos audiovisuales y digitales, Internet y hasta empresas de difusión en la vía pública.
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