Discurso de Cristina eligió mismos enemigos de su esposo
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Traspaso de mando en el
Congreso. La presidente
Cristina de Kirchner jura
mientras el saliente Néstor
Kirchner, su vice Julio
Cobos y el ahora gobernador
de la provincia de
Buenos Aires, Daniel
Scioli, la observan con
detenimiento.
Atacó también genéricamente a los jueces, al igual que al resto de sus enemigos discursivos, al recordar que «falta volver a sentir a la Justicia como un poder reparador y equilibrador para entender en virtud de qué leyes se producen determinadas decisiones judiciales».
El éxtasis de la confrontación discursiva se alcanzó cuando la Presidente se refirió tácitamente al pacto social y advirtió: «No he venido a ser presidenta de la República para convertirme en gendarme de la rentabilidad de los empresarios. Que se olviden. Tampoco (...) para ser parte de alguna interna sindical o política». Pero también tuvo tiempo para atender a Uruguay y a su presidente, Tabaré Vázquez, en una veladavenganza de lo ocurrido durante la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado en Chile, cuando Montevideo autorizó el funcionamiento de la pastera Botnia en las narices de Kirchner y del rey Juan Carlos de España. «Quiero agradecer la presencia del presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez. Quiero decirle con toda sinceridad que no va a tener de esta presidenta ni un solo gesto que profundice las diferencias que tenemos. Pero también, con la misma sinceridad, quiero decirle que esta situación que hoy atravesamos no nos es imputable... Resituar el conflictorequiere también un ejercicio de sinceridad por parte de todos», reclamó la Presidente.
Además, y nuevamente sin nombrar a Estados Unidos ni a su presidente, George W. Bush, se distanció de la política exterior de Washington y reafirmó el lazo del país con América latina. «Quiero fijar nuestra posición en cuanto a la construcción del multilateralismo. Un mundo unilateral es un mundo más inseguro y más injusto. Nosotros sufrimos dos ataques en 1992 y 1994. La lucha contra el terrorismo no nos debe llevar a justificar la violación a los derechos humanos», se quejó.
Para cerrar su discurso, sin anuncios concretos sobre su plan de gobierno, se puso a la defensiva aludiendo a su condición de mujer: «También sé que, tal vez, me cueste más por ser mujer, pero creo tener el ejemplo y la fuerza no sólo de Eva, que no pudo tal vez, sino de otras mujeres con pañuelos blancos en su cabeza, como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo», fue la evocación presidencial que dejó a la oradora al borde de las lágrimas y desató el aplauso generalizado del recinto.



