11 de diciembre 2007 - 00:00

Discurso de Cristina eligió mismos enemigos de su esposo

Traspaso de mando en elCongreso. La presidenteCristina de Kirchner juramientras el saliente NéstorKirchner, su vice JulioCobos y el ahora gobernadorde la provincia deBuenos Aires, DanielScioli, la observan condetenimiento.
Traspaso de mando en el Congreso. La presidente Cristina de Kirchner jura mientras el saliente Néstor Kirchner, su vice Julio Cobos y el ahora gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, la observan con detenimiento.
Cristina de Kirchner eligió ayer en el Congreso improvisar un discurso con enemigos dialécticos idénticos a los escogidos por su esposo, Néstor Kirchner, en sus cuatro años de gobierno. El Fondo Monetario Internacional, la década del 90, la política exterior de Estados Unidos, los empresarios, los jueces y la prensa fueron los principales destinatarios de las críticas de la nueva presidente ante la Asamblea Legislativa.

En su discurso, que comenzóa las 15.22 y terminó a las 16.07, la ex primera dama sacó a relucir todas su facetas de mujer política. Primero, antes de empezar a pronunciar palabra alguna, lo retó a su esposo porque quería ponerle la banda presidencial y entregarle el bastón de mando sin firmar primero el libro de actas del gobierno: «No, no, tenemos que firmar acá», fue el reto de la Presidente para su esposo, mientras le señalaba con el dedo el lugar donde debía pararse al lado de ella. «¡Nunca pude aprender el protocolo!», fue la confesión del ex presidente, que desató las carcajadas de Hugo Chávez, Michelle Bachelet, Luiz Inácio Lula da Silva y hasta Tabaré Vázquez en el recinto de la Cámara de Diputados.

A la hora de arrancar con su discurso, que esta vez no fue repartido ni entre los invitados ni entre la prensa acreditada en el Congreso, la jefa de Estado redondeó las cifras de su triunfo electoral del pasado 28 de octubre cuando obtuvo 44,9% de los votos en relación con el padrón electoral. «La fórmula del oficialismo obtuvo más de 45% de los votos emitidos válidamente», destacó la ex senadora santacruceña y bonaerense. Y también dejó mal parado a su marido al recordar que la ventaja de 22,25% que ella le sacó al binomio Elisa Carrió-Rubén Giustiniani «son casi los mismos 22,23% de los votos que usted, Presidente, obtuvo en 2003, cuando tenía más desocupados que votos».

Obviando su condición de esposa de Néstor Kirchner, don que le valió la candidatura presidencial del oficialismo,la primera mandataria defendió su triunfo electoral: «Nunca creí en los triunfos personales e individuales. Yo creo en los proyectos colectivos, y la sociedad ratificó el 28 de octubre una construcción social y política diferente. Usted -refiriéndose a su marido-nunca fue posmoderno. Usted es un presidente de la modernidad y yo también».

  • Ataque

  • Apenas transcurridos cinco minutos de su discurso, Cristina de Kirchner sacó a relucir todo lo aprendido en los cuatro años que escuchó las diatribas de su esposo. «Pertenecí durante doce años al Parlamento y recuerdo sancionando en la madrugada el ajuste permanente que pedía el FMI en los 90. De ahí pasamos a aplaudir el default», bramó la ex primera dama. «Fue desde la política donde se comenzó a gobernar sin déficit fiscal, con un proceso de desendeudamiento, se canceló la deuda con el FMI y se impuso un modelo de acumulación con autonomía razonable», agregó la nueva presidente.

    Atacó también genéricamente a los jueces, al igual que al resto de sus enemigos discursivos, al recordar que «falta volver a sentir a la Justicia como un poder reparador y equilibrador para entender en virtud de qué leyes se producen determinadas decisiones judiciales».

    El éxtasis de la confrontación discursiva se alcanzó cuando la Presidente se refirió tácitamente al pacto social y advirtió: «No he venido a ser presidenta de la República para convertirme en gendarme de la rentabilidad de los empresarios. Que se olviden. Tampoco (...) para ser parte de alguna interna sindical o política». Pero también tuvo tiempo para atender a Uruguay y a su presidente, Tabaré Vázquez, en una veladavenganza de lo ocurrido durante la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado en Chile, cuando Montevideo autorizó el funcionamiento de la pastera Botnia en las narices de Kirchner y del rey Juan Carlos de España. «Quiero agradecer la presencia del presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez. Quiero decirle con toda sinceridad que no va a tener de esta presidenta ni un solo gesto que profundice las diferencias que tenemos. Pero también, con la misma sinceridad, quiero decirle que esta situación que hoy atravesamos no nos es imputable... Resituar el conflictorequiere también un ejercicio de sinceridad por parte de todos», reclamó la Presidente.

  • Distanciamiento

    Además, y nuevamente sin nombrar a Estados Unidos ni a su presidente, George W. Bush, se distanció de la política exterior de Washington y reafirmó el lazo del país con América latina. «Quiero fijar nuestra posición en cuanto a la construcción del multilateralismo. Un mundo unilateral es un mundo más inseguro y más injusto. Nosotros sufrimos dos ataques en 1992 y 1994. La lucha contra el terrorismo no nos debe llevar a justificar la violación a los derechos humanos», se quejó.

    Para cerrar su discurso, sin anuncios concretos sobre su plan de gobierno, se puso a la defensiva aludiendo a su condición de mujer: «También sé que, tal vez, me cueste más por ser mujer, pero creo tener el ejemplo y la fuerza no sólo de Eva, que no pudo tal vez, sino de otras mujeres con pañuelos blancos en su cabeza, como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo», fue la evocación presidencial que dejó a la oradora al borde de las lágrimas y desató el aplauso generalizado del recinto.
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