23 de diciembre 2001 - 00:00

DISCURSO DE RODRÍGUEZ SAÁ ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA (23/12/2001)

Señor Presidente,
Honorable Asamblea Legislativa


Vengo a cumplir el mandato constitucional que acaba de otorgarme esta Honorable Asamblea Legislativa para desempeñar la función de Presidente de la Nación Argentina, lo que haré con la misma responsabilidad, dedicación y entrega con la que hasta ayer lo hice cuando me tocó conducir los destinos de la Provincia en que nací.

Esto, en uno de los contextos más difíciles y dramáticos, pero también más profundos y transformadores que le ha tocado vivir a nuestra Argentina.

Contexto que se patentizó en la noche del martes pasado donde comenzó lo que me animo a calificar como uno de los más grandes movimientos populares de nuestra historia, cuando los hombres y mujeres de este país salieron a la calle a manifestar que no soportaban más el caos, el hambre, la desocupación, la marginalidad, la inseguridad, la exclusión social, la indecisión, la situación dolorosa por la que estamos atravesando -que la jerarquía de esta Honorable Asamblea- me exime de una descripción más detallada de la misma.

La Argentina se vio enfrentada con su mejor rostro, pero también con su peor cara.

El mejor rostro, en el legítimo ejercicio del derecho de expresarse para poner fin a todo un período de opresión y postración que ya no soportaba más y a decirle NO a toda una generación que se empeñó en pensar y actuar a espaldas de los intereses y necesidades del pueblo.

La peor cara, en las manifestaciones del vandalismo, el saqueo irracional y las muertes absolutamente innecesarias.

Todo esto no podemos ocultarlo y todos debemos reflexionar sobre lo que sucedió esa noche... porque será a través de esa mirada y de ese análisis que encontraremos los caminos, los procedimientos y los instrumentos que nos llevarán a dejar atrás para siempre esa situación que nuestro pueblo y nuestros hijos no merecían.

Todo fue el producto de la conducción de una generación que aspiramos que termine para que desde hoy, entre todos, empecemos a crear y transitar una nueva República, a remover los obstáculos de la injusticia social y del atraso.

De inmediato, nos abocaremos a eliminar todos los conflictos y situaciones de injusticia que hayan tenido origen en estos hechos.

La observación de estos trágicos días nos obliga a que en las próximas horas estemos proponiendo al Honorable Congreso de la Nación una ley para indemnizar a todos aquellos que fueron víctimas de la protesta popular.

Pero también quiero dejar en claro que estoy de acuerdo con quienes supieron mostrar el rostro de lo mejor de la Argentina, la expresión popular que luchó por sus derechos.

Dejo en claro que repudio los saqueos y desmanes como así también las violaciones de los derechos individuales.

En esas jornadas vimos algo que no pudimos nunca imaginar los hombres y mujeres que integramos esta democracia que tanto dolor y sangre costó a los argentinos antes de 1983, nada más y nada menos que el símbolo de la lucha por su recuperación, me refiero a las Madres de Plaza de Mayo reprimidas, inexplicablemente, por las fuerzas de la democracia.

No puedo dejar de rendir un homenaje a los muertos en estas jornadas..., sangre innecesariamente derramada... ¡Señores legisladores!... Qué necesidad había de estas muertes..., del dolor de estas familias que perdieron a sus seres queridos por nuestra desidia, nuestra ceguera y tal vez hasta nuestra irresponsabilidad...

Estas pérdidas irreparables son la bisagra que hará posible una nueva Argentina..., con un nuevo estilo de gobernar..., un gobierno para treinta y siete millones de argentinos que creyeron que en cada uno de nosotros encontrarían una persona que trabajará para ellos..., para su presente y el futuro de sus hijos...
Esta debe ser, desde hoy, nuestra visión..., el cristal con el que deberemos enfocar cada uno de nuestras decisiones, nunca más un gobierno para beneficio de los que gobiernan.

Nuestros paradigmas son y serán la libertad, la igualdad, la transparencia, el verdadero respeto de los derechos humanos, la austeridad... Espero que ésta sea la última declamación sobre estos puntos y que ahora los concretemos porque los argentinos ya sabemos perfectamente de qué se trata, no permitamos más explicaciones... Sí, en cambio, ansían que se concreten..., que sea realidad en el día de todos y cada uno de nosotros.

Somos perfectamente concientes que hoy alumbra una nueva República..., hoy comienza la transformación de nuestro querido país..., a partir de hoy ya nada será igual.
Gobierna, desde hoy, otra generación.

•Emergencia social

Lo social es el más grave problema de la Argentina.

Es el desafío que nos presenta el mundo globalizado de nuestro tiempo.

El capitalismo, tal cual se nos presenta hoy, no puede dar respuestas al desempleo, la marginación, la exclusión, la pobreza...

Desde estas jornadas, los argentinos exigen un cambio, exigen una respuesta y exigen que el centro de preocupación del Gobierno sea la cuestión social.

Hoy venimos a aceptar este desafío.

Es cierto que cada argentino tiene derecho a un trabajo digno y queremos concretarlo.

Esta madrugada comenzamos a instrumentar el plan social para crear un millón de oportunidades de trabajo... Debemos esforzarnos y pido ayuda para que esto se concrete en el más breve tiempo posible de manera que dentro de un mes estemos pensando en ampliar este plan para acercarnos al sueño de hacer cierto que cada argentino tenga su fuente de trabajo.

Esto es posible pero sin corruptelas..., que el esfuerzo del Estado y del Gobierno llegue a la gente y que entendamos que la oportunidad debe ser, en primer lugar, para el grupo familiar. Donde haya una familia sin empleo ésta será la prioridad.

Convocamos a la sociedad civil, a la Iglesia, a las ONG, a los sindicatos, a las organizaciones sociales, a las municipalidades y a los gobiernos provinciales a unir esfuerzos y controles.

Solamente con el esfuerzo sincero y responsable podremos evitar la corruptela.

Vamos a consultar, reflexionar y decidir, en las próximas horas acerca de restablecer el derecho constitucional según el cual cada trabajador tiene derecho a acceder a un salario mínimo, vital y móvil.

•Plan Alimentario

No se puede concebir que, en un país con todas las posibilidades de producción de alimentos, el pueblo esté sometido al hambre, la marginación y la pobreza.

Sin dudar, vamos a implementar de inmediato, un plan de emergencia alimentaria para contener a todos los excluidos, marginados y postergados.

Lo haremos en estrecha coordinación con cada una de las jurisdicciones provinciales.

Esto implica la reconstrucción de la red solidaria que jamás debimos permitir que se destruya.

•Austeridad

Remitiremos, a la brevedad, a este Congreso de la Nación, una ley para concretar la decisión de disminuir los salarios de los funcionarios, en actividad, del Poder Ejecutivo Nacional y sus entidades autárquicas y descentralizadas de manera tal que nadie (repito, nadie) pueda ganar más que el Presidente de la Nación cuya remuneración, por todo concepto, será fijada en $3.000.

Se congelarán todas las vacantes de la administración pública nacional, de la planta permanente, contratados, transitorios y con cualquier tipo de subterfugio para contratar personal; impidiendo toda nueva incorporación de personal.

Se dispondrá la inmediata venta de la totalidad del parque automotor asignado a los funcionarios públicos del Poder Ejecutivo Nacional y de todos los entes autárquicos y descentralizados.

Y en la emergencia gravísima que vive el país, también pondremos en venta y nos animaremos a hacerlo, el parque aeronáutico de la Presidencia de la Nación.

Invitamos a las provincias y municipios a adherirse a todas estas disposiciones.

Los ministerios de Educación, de Salud y de Acción Social, serán reemplazados por "Areas de Coordinación" en estrecha vinculación con las jurisdicciones provinciales.

El Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa serán fusionados.

Ningún trabajador de la administración pública nacional perderá su empleo... Digo ningún "trabajador"..., excluyo de este concepto a los aprovechados..., a los que, con lenguaje permisivo, llamamos "gasto político".

•Deuda externa

No siento que sea justo definir a la llamada deuda externa argentina como el endeudamiento contraído por el Estado argentino frente a acreedores extranjeros que merezcan definir nuestra posición con la frase "Debemos honrar los compromisos asumidos".

Siento que las cosas no son así.

No podemos obviar, con toda crudeza, que algunos dicen: "La llamada deuda externa -al menos, parcialmente- es el más grande negociado económico que haya vivido la historia argentina".

Este concepto se agrava porque su tratamiento siempre se ha realizado en escenarios reducidos, en oficinas a puertas cerradas, con decisores desconocidos, a espaldas del interés general y lo que es más grave se ha priorizado el pago de la llamada deuda externa frente a la deuda que este país tiene con sus propios compatriotas.

Quiero ser muy claro: la deuda externa argentina se ha venido pagando sin cumplirse con el requisito constitucional que dice que es atributo del Congreso "...arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación...".

Vamos a tomar el toro por las astas... Vamos a hablar de la deuda externa.

En primer lugar, anuncio que el Estado argentino suspenderá el pago de la deuda externa.

Esto no significa el repudio de la deuda externa.

No significa una actitud fundamentalista.

Muy por el contrario, se trata del primer acto de gobierno, que tiene carácter racional para darle al tema de la deuda externa el tratamiento correcto.

Nuestro gobierno abre las puertas a este Congreso para tomar conocimiento de todos los expedientes y los actos administrativos que estén vinculados a la deuda externa argentina incluido este período gubernamental.

La transparencia se hace..., no se declama.

Señores, los libros estarán abiertos para ustedes.

Todos los dineros que estén previstos, en el presupuesto, para pagar la deuda externa, mientras los pagos se encuentren suspendidos serán utilizados, sin dudar y sin excepción, en los planes de creación de fuente de trabajo y de progreso social.

•Convertibilidad

En la actual crisis económico-social que vive el país, son falsas las opciones de dolarización o devaluación que presentan a la convertibilidad como el mal de la sociedad argentina.

Esto no implica desconocer las dificultades que el tipo real de cambio ha venido generando en nuestras relaciones comerciales con el exterior, hechos que serán motivo de acciones específicas.

Frente a esta asfixiante opción propondremos, en el curso de la semana que viene, la implementación de una tercera moneda a fin de inyectar liquidez al consumo popular. Esto no perjudicará a nadie y llevará beneficio a los hogares argentinos.

Una devaluación significaría disminuir el salario de los trabajadores en la misma proporción, sumado a la posibilidad cierta de un descontrolado incremento de los precios, afectando el consumo de sectores asalariados o con ingresos fijos.

Sería muy fácil establecer una devaluación.

El efecto inmediato de esa medida consistiría en la pérdida del poder adquisitivo de los asalariados acentuando más aún la crítica situación que atraviesa hoy el conjunto de los trabajadores argentinos.
Yo no estoy de acuerdo con esto, porque sería una nueva quita al bolsillo de los trabajadores.
Incentivaremos la producción y las nuevas inversiones.

Pondremos el sistema tributario al servicio de la producción y la inversión.

El país no tolera más la evasión, el contrabando y la inequidad fiscal.

La producción, la competitividad y el empleo dejarán de ser temas olvidados.

Queda abierta nuestra agenda productiva.

Señor presidente...

Honorable Asamblea Legislativa...

Pueblo argentino...

Creo en la grandeza de nuestros próceres.

Creo en nuestra bandera histórica...

Creo en los mártires de la Argentina.

Creo en el 17 de octubre del pueblo que dio a Perón la oportunidad de dignificar a los argentinos...

Creo en la resistencia peronista...

Creo en la lucha de las Madres de Plaza de Mayo.

Creo que nuestros trabajadores y nuestros productores devolverán con su esfuerzo la grandeza a la Argentina...

Creo en la libertad y en la justicia...

Creo en el principio de la racionalidad...

Creo, firmemente, en la legalidad.

Creo que es posible una Argentina sin pobres... sin desocupados... sin hambre y sin miseria...

Creo en la justicia social.

Como siempre lo hago toda vez que me ha tocado afrontar las responsabilidades que el Pueblo me delegó, pido protección de Dios y del milagroso Cristo de la Quebrada para que me ayude e ilumine en los difíciles días que me esperan en este período.

Muchas gracias, y a trabajar.

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