Los oradores del acto de hoy en Gualeguaychú necesariamente deben ser cuidadosos, mesurados, porque hay mucho en juego entre argentinos y uruguayos. El presidente Néstor Kirchner seguramente se encontrará frente al mayor acto de público desde que asumió su mandato hace 3 años. No se cree que pueda tratar este delicado tema con la iracundia que suele caracterizarlo frente a cámaras y micrófonos en actos pequeños en público, como los que le reúnen gente en el Salón Blanco, o en actos donde va favorecido por anuncios de fondos públicos para obras públicas.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Este público mayoritariamente entrerriano de hoy será gente amenazada hoy o condenada después a ver mermar su salud si la empresa finlandesa Botnia llega a producir un millón más de celulosa en proceso contaminante junto a las 500 aceptables y de gestión previa de la empresa ENCE. Es un público que ha cedido en su ilegalidad de cortar rutas y por tanto bloquear puentes aislando en buena parte a Uruguay. Pero exigirá acción, comprensión y compromiso acorde a votación. En esa ilegalidad de cortes de rutas no está el delirio de quienes propician imponer un marxismo que ya no existe en el mundo, ni son maniobras de los menos para imponerse a los más que conducen éste o aquel sindicato, ni son reclamos por cuestiones materiales sino por la vida, porque cada embarazada apenas lo confirme no tenga que huir rápidamente de Gualeguaychú o de Fray Bentos para no contaminar el embrión.
Hay argentinos, por caso a nivel de gobernadores, que se confundieron y creen que defender la vida de un sector de argentinos, en este caso entrerrianos, es convalidar adversarios políticos porque hay un acto de por medio. Que ellos mismos duden, no concurriendo, justifica un acto para crear conciencia nacional. Hasta el ex presidente Raúl Alfonsín, pese a haber sido ofendido con dureza recientemente y la tradicional blandura de los políticos radicales con el avance de los años, se pronunció duro por la vida amenazada en Entre Ríos (ver pág. 5) desde un emprendimiento industrial contaminante de los uruguayos.
Posibles incidentes
Hay algunos -demasiados- argentinos que se han pronunciado en este conflicto más pensando en sus propiedades en Punta del Este que en la vida de 250.000 personas que rodearán este emprendimiento imposible.
Si se lo mira desde lo personal la persistencia de la empresa finlandesa Botnia allí puede generar gravísimos incidentes como disparos en el río (ya hubo denuncias), volver al corte de rutas, que posiblemente en Uruguay se reclamepara que paguen más impuestos a los argentinos para compensar a los uruguayos las pérdidas que sobrevendrían de una nueva interrupción del tránsito, que haya argentinos que pidan que se le corte el suministro de gas a Uruguay. Mucho más.
Consecuencias
Es más grave de lo que muchos imaginan este conflicto que aún está en un comienzo si se prolonga en el tiempo. El gobierno de Finlandia quiere agregar una planta de cloro (40% de propiedad estatal) para comprometer más a Uruguay. Botnia acelera las obras en busca de un hecho consumado su instalación. El Tribunal de La Haya no tendrá otra alternativa que condenar a Uruguay porque es notoria la violación del acuerdo libremente suscripto por ambos países sobre el río Uruguay. Puede quedar Uruguay en rebeldía internacional si no acata. Puede costar a ambos países y más a la Argentina sin haber provocado el conflicto un resarcimiento a Botnia, o financiar su traslado lejos de ENCE o salvaguardar de pérdidas de bienestar a Uruguay si Botnia se va.
Por tanto hay tensión por los discursos de hoy pero el presidente Kirchner tiene que resguardar derechos nacionales inclaudicables. La Argentina cuando en 1984 perdió el arbitraje internacional por tres islas en el Canal de Beagle se molestó, pero acató y con esas tres islas Chile logró la salida también al Atlántico que no tenía. El presidente Tabaré Vázquez al insistir en no aceptar un arbitraje de 3 o 5 expertos internacionales prácticamente confiesa la contaminación futura derivada sobre territorio argentino y, más aún, quedaría en evidencia frente a ciudadanos uruguayos de la zona de las papeleras de tal acechanza. Complica las razones de cualquier gobierno no aceptar tribunales internacionales.
Tampoco a Néstor Kirchner -como a ningún presidente de antes o del futuro- se le puede pedir desde Uruguay o de cualquier intermediario externo que no reaccione en defensa de un sector de pobladores argentinos que sienten una amenaza sobre su vida.
Pero hay que insistir en que el Presidente lo diga con mesura. La honorabilidad de Uruguay como nación nunca puede quedar mellada por argentinos más allá de la picardía de una empresa finlandesa capaz de jugar con la salud humana y despreciando a los países de menor desarrollo en Latinoamérica colocándoles industrias contaminantes.
Dejá tu comentario