13 de marzo 2008 - 00:00

Disfraza el gobierno con maquillaje crisis en la Cancillería

El cancillerJorge Taianarecibió ayer asu paruruguayoGonzaloFernández ensu despachode laCancillería
El canciller Jorge Taiana recibió ayer a su par uruguayo Gonzalo Fernández en su despacho de la Cancillería
El gobierno intentó salir ayer de la bochornosa crisis en la Cancillería -autos de contrabando, agencia paralela de viajes, un estallido de intrigas como pocas veces se ha visto antes- con la promesa de -diría Juan Perón- «trasvasamiento generacional». Trató el gobierno de tapar la renuncia del ujier predilecto de los Kirchner, Marcelo Pujó, y del vicecanciller Roberto García Moritán, con el anuncio de una jubilación masiva de diplomáticos a los que acusan desde la Casa de Gobierno de controlar ese ministerio. Uno porque pudo no mirar el tráfico automotriz de sus colegas, el otro porque quería ir a la embajada de Londres y no se la daban y, además, era el representante de la corporación de los diplomáticos en el piso 13° -oficina de Jorge Taiana- y algo debía haber sabido de los hábitos de sus colegas.

Después de una reunión entre Taiana, Alberto Fernández y Cristina de Kirchner -y un cruce de telefonazos con Puerto Madero- el gobierno salió a confirmar el adelanto de este diario de precipitar en este mes de marzo una simulación de renovación, aprovechando la jubilación masiva de varios dinosaurio de la profesión. A ellos les achaca controlar las trenzas de diplomáticos que le impedirían al gobierno una mejor performance internacional. Como si se debiera a esos gerontes -la mayoría en su casa ya, porque siendo «full ambassadors» no tienen destino- la astracanada selvática de Néstor Kirchner en diciembre o la visita del dictador de Guinea Ecuatorial Obiang, o fueran ellos quienes convencieron a Condoleezza Rice de no visitar el país pese a estar en estas horas por el barrio. O si por ellos el país estuviera casi en guerra con el Uruguay por unas papeleras sobre cuya construcción se distrajeron dos cancilleres (Rafael Bielsa y Taiana) y un responsable de la Comisión del Río Uruguay (García Moritán) que no parecen estar controlados por los dinosaurios de la calle Esmeralda.

Esta reforma generacional, sin embargo, no se la encargan a «juniors» de la diplomacia. García Moritán será reemplazado por Alfredo Chiaradía (pasa de Comercio Internacional a Relaciones Exteriores como vicecanciller) y éste por Oscar Tangelson. Dos hombres domados además en la burocracia criolla.

El caso es un espejo de la administración Kirchner; esto de descubrir a los cuatro años de gestión que algo olía mal en la Cancillería parece una broma al público. Más cuando ese ministerio se lo confiaron los Kirchner a Taiana, que es para ellos la luz de sus ojos. Le escuchan el consejo no sólo en temas globales; también en derechos humanos y en otras cuestiones y -bien que hacen a veces- siguen su consejo a la letra. Para ellos Taiana es un emblema de luchas setentistas que este funcionario protagonizó hasta con cárcel -en los años cuando los jóvenes Kirchner ejercían la profesión de abogados- y con las cuales buscan identificarse, aunque a destiempo.

A Taiana se le desploma la estantería cuando parecía el hombre con mejores condiciones para entenderse con la clase diplomática. Lo confirman porque no imaginan los Kirchner el titular periodístico de que lo despidieron por desarreglos burocráticos y hasta agraviado por su vicecanciller, que actuó como los generales cuando no los ascienden. Hizo la plancha cuatro años en el cargo, y comenzó a hablar cuando vio que no le darían la embajada en Londres. Anoche decía a quienes le preguntaban las razones del portazo que debe asumir responsabilidades personales impostergables para sus próximos diez años de vida activa.

Lo que hiere al gobierno es que le estalla la crisis en la Cancillería por el desmanejo interno y la incapacidad política de controlar los conflictos. Le ocurrió antes en Economía, con la serie de los sobres de Miceli y los pagos a Greco. No había ministerio más controlado que ése; más que esta Cancillería que descubren los Kirchner como foco de desarreglos que van a estallar en cualquier momento en otros ministerios.

Una seña de que un poder declina es cuando se relaja el miedo y las peleas internas suben de presión sin respetar a la cúpula. Las denuncias sobre autos diplomáticos contrabandeados salieron de la misma Cancillería, así como es presumible que la información que acosa a Miceli haya salido también de Economía. Ni que decir cómo han actuado sectores del Ministerio de Infraestructura en las denuncias que se han hecho sobre la carpa de Julio De Vido. ¿Cuánto tardarán en brotar otros conflictos en otras áreas en las que conviven tribus enfrentadas pero que se han mantenido calladas a la espera de que se debilite la cúpula?

Este remate de la crisis -que seguirá ahora en Tribunales- le cierra a Cristina de Kirchner otra puerta a su sueño de dedicar la segunda presidencia familiar a un mejoramiento de las relaciones exteriores. Ese frente lo atendieron hasta ahora más Néstor Kirchner y Alberto Fernández que el canciller; revelar que la única política para el ministerio es que funcione la guillotina jubilatoria confirma que se les acabaron todas las ideas. Si alguna vez las tuvieron.

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