20 de abril 2004 - 00:00

Dolor por el fallecimiento de Horacio Rodríguez Larreta

Murió ayer, a los 69 años, como si realmente fuera el titular del Fondo Nacional de las Artes. En rigor, era Horacio Rodríguez Larreta por sí mismo, y ese último cargo, casi un gesto de Alfonso Prat-Gay y Pedro Lacoste, que le encomendaron la representación del Banco Central en ese organismo, no cambiaba su vida ni su historia. Obvio hijo de una familiamás que acomodada (también un Leloir), caminó en puntas de pie -lo que significa, casi sin cosechar ni un enemigo, una suerte de milagro en la Argentina-por la economía, la política y hasta el fútbol (fue presidente de Racing Club). Tentado por Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio, integrado al equipo de su amigo Oscar Camilión, Rodríguez Larreta fue uno de los jóvenes prominentes a los cuales el desarrollismo les concedió responsabilidades (tuvo que ver con la conferencia de Punta del Este en la que habló Ernesto Guevara, a quien luego él trajo a la Argentina para entrevistarse con Frondizi). No volvería a la función pública hasta que Camilión acompañó a Carlos Menem en Defensa y, por supuesto, no fue citado por ningún juez.

También le dedicaba tiempo a participaciones empresarias ( actuaba en la Unión Industrial) o periodísticas (representaba a «The Economist»), mientras al final de su vida agregó mellizos a sus tres hijos anteriores, ya notorios por otra parte. Curioso el sino: también él perdió a su padre cuando apenas tenía un año.

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